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La historia de Perecol

domingo 07 de agosto de 2022 | 6:00hs.
La historia de Perecol

Un perejil solitario, hipocondríaco y evadido del mundo domiciliado en el cantero Nº 25 del Huerto de Jacobo, enterado del Decreto Nº 6 del Gobernador comenzó a pergeñar la idea de dejar de ser una hierba frágil sin más proyección que la de contribuir al caldo de la sopa, para pasar a ser guía de individuos que, como él, se sintieran perdidos dentro de su especie y vivieran soñando con la aurora boreal en vez de recrearse en sus desesperanzados y grises amaneceres.

El joven perejil llamado Petroselinum Crispum no consideró que con esos pensamientos estaba traicionando el honor y la estirpe de la familia Apiaceae a la cual pertenecía… no era eso. El hecho de querer cambiarse el apellido obedecía a la necesidad de sentirse alguien orientado hacia las nubes y no tirado a ras del piso sin haber cargado nunca en sus mochilas ni penas que lamentar ni glorias para festejar.

Ese sentimiento de frustración lo atormentaba desde que se le ocurrió consultar el diccionario de Gobello buscando noticias de sus antepasados, encontrándose allí con definiciones que catalogaban a los de su especie como “quien colabora con cualquier grupo clandestino, sin ser completamente consciente de ello”. “Gil y otario”. “Individuo sin poder de decisión, sin mando, intervención o influencia en las resoluciones”. “Tonto”. “Sin importancia en la organización que integra”. “Novato”.

Sin poder dar crédito al texto que tenía ante sus ojos centró su atención en un apartado que aparecía como información complementaria de las definiciones precedentes y para qué se metió ahí! En los pie de página se hacía alusión a la existencia de un tango titulado “Dale perejil al loro…” Sin nada más que hurgar en el vetusto manual, abrumado en extremo y sin válvula de escape que lo libere de la presión acumulada, abandonó el diccionario Gobello para nunca más volver.

Pensando que aún podía hallar conceptos más alentadores, se sumergió en la lectura del Diccionario del Habla de los Argentinos de la Academia Argentina de Letras y allí encontró lo que encontró: “Dentro de una organización particularmente delictiva, miembro de poca importancia al que se le suelen asignar tareas riesgosas”. Tal aseveración iba acompañada de una aclaración “la poca importancia del perejil, en su acepción castellana de planta comestible, deviene porque en algún tiempo fue tan barato que el verdulero se lo daba de yapa a los buenos clientes.”

En total estado de desesperación cerró el libro, se imaginó un repollo y comenzó a planificar su desarraigo del suelo.

Habría de adoptar una nueva vida y en ese sentido el Decreto Nº 6 le venía como anillo al dedo porque era innovador, planteaba cambios hacia universos más prometedores y dejaba entrever la potestad de cada cual de decidir el qué de su existencia sin tener que estar sujeto a los cánones de la genética. Quería ser otra cosa en lugar de perejil… repollo o repolla (si le estaba permitido cambiar el género del sustantivo también podría cambiar el sustantivo) y dejar de sentirse tan infeliz como el último de los orejones de todos los tarros del mundo.

La decisión estaba tomada. Sería de la familia de los Brassicaceae, en cuanto al género… ¿repollo, repolla, col o cola? Con cautela acudió a los libros para que lo ayuden a definirse. Descubrió que repollo y col eran hermanos gemelos y que el primero era la versión masculinizada de la segunda, más rudo, más áspero, más burdo. No dudó en identificarse con esta última para encuadrarse en el decreto del gobernador y al tener que optar entre las clases de coles existentes (de flor, de hoja o de raíz) adoptó la primera por encontrarla más afín a su espíritu delicado y su apego a la estética. Sin más ni más se transformó en una coliflor.

Desde entonces Perecol anda perfumando el mundo y saborizando la sopa al mismo tiempo, aportando sustrato al caldo y presencia al plato, engalanando asaderas, ensaladeras y frascos, adornando el menú de los dioses y gasificando ambientes cerrados. Gracias al Decreto Nº 6 dejó de ser un tirado en el Huerto de Jacobo para ser el nuevo rico poseedor de una fortuna cimentada en la explotación de su conocimiento de las auroras boreales y en su condición de infalible intérprete de los decretos del gobernador.

En cuanto a su nombre de pila y al artículo que debería acompañar a ese sustantivo/a le daba lo mismo… demasiadas penurias había pasado tirado en el cantero (cuando quería asomar la cabeza se la cortaban) para enredarse en cuestiones de figuración. El perecol o la perecol (no importaba) dejaría la definición para aquellos que, asidua u ocasionalmente, degustaran sus atributos.

Norma Nielsen

Nielsen es cuentista, poetisa y compositora de música. Tiene varias publicaciones y participó en antologías.

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