jueves 18 de agosto de 2022
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La vida en el hospital psiquiátrico

El hospital Carrillo de Posadas tiene 27 pacientes crónicos, es decir, que residen allí desde hace 30 años en muchos casos. La familia no puede atenderlos y sus vidas son contenidas por un equipo interdisciplinario. Además, el nosocomio atiende 3.000 consultas mensuales entre guardia de agudos y consultorios externos

domingo 24 de julio de 2022 | 6:08hs.
La vida en el hospital psiquiátrico
Foto: Natalia Guerrero
Foto: Natalia Guerrero

Sentada, mira lejos, sin establecer diálogo con nadie. La mayoría de los internos está en otro pabellón.

Recostados por una pared, o en la escalera esperan la hora asignada. Alrededor de las 11 saben que está próximo el horario del almuerzo y se van acercando, como pueden, como les sale en ese momento. Algunos a paso lento, muy lento.

Pasan los minutos y ella, de unos 40 años, sigue ahí, sentada. Pareciera que no se percata del espacio ni del tiempo. De repente, se pone de rodillas, ve una puerta entreabierta y comienza  a gatear. Entró gateando a otro pabellón, a pocos metros del comedor, donde igualmente más tarde irían a buscarla para cumplir la rutina de comidas, aseo y demás. Muy importante la higiene por estos días, dado que no hace mucho hubo un operativo de eliminación de piojos.

Ella padece retraso madurativo severo, vive desde hace años en el Hospital Dr. Ramón Carrillo de Posadas, ubicado por ruta 12, un nosocomio que atiende enfermedades psiquiátricas y que en la actualidad cuenta con 27 pacientes crónicos; la mayoría reside allí desde hace 30 años.

Son personas que ingresaron con diferentes cuadros: desde brote psicótico, demencia, epilepsia, o bien dolencias propias de una edad avanzada; personas que no lograron su externación pese al esfuerzo del recurso humano que allí se desempeña.

No pudieron ser externadas aún tras los cambios impuestos en la ley de salud mental en el año 2010. No tienen adonde ir. No hay hogar para ellos. La familia, la sociedad, el sistema - la legislación lejos está de cumplirse al pie de la letra - les da la espalda. Son los olvidados.

El Territorio ingresó a las instalaciones del Carrillo para contar el anecdotario de los marginados. Vidas contenidas por un equipo interdisciplinario que se aferra al profesionalismo, al humor y a la buena energía para enfrentar la rutina laboral. Un trabajo que debe hacerse paliando la escasez de recurso material; y atendiendo, en simultáneo, la demanda en alza de los pacientes con problemas conductuales como consecuencia del consumo de drogas.

No todo es gris. Es justo decir que hay indicios en busca de estrategias para un abordaje integral de la salud mental. Misiones recientemente sumó otras dos guardias de 24 horas de salud mental, en los hospitales Samic de Eldorado y de Oberá. En tanto, no faltan en las ciudades o en los pueblos, los eternos deambulantes que ante la mirada de los otros, evidencian algún daño mental. Es el caso de Frederic Inocent, más conocido por Fedy en la Capital del Monte. Nació en Liberia y trabajó para un conocido empresario local. La muerte de su benefactor lo dejó en la calle y  sobrevive en la más absoluta indigencia, deambulando.  Otro marginado.

Los testimonios del drama obligan a revisar y debatir sobre la ley 26.657 que reafirma en concepto de que las personas con patologías mentales tienen el derecho de decidir si quieren o no internarse o someterse a un tratamiento médico. Para reflexionar sobre este punto fue convocado Sergio Grosman, miembro de la Asociación de Psiquiatras de Argentina (Apsa)

Fortaleza del recurso humano

La psicóloga Olga Acevedo, las licenciadas en Trabajo Social Estela Florentín y Mónica Romero, la psiquiatra Marta De Simón y el enfermero Julio Gómez, bajo la dirección de Mirna Corach, permitieron construir en las siguientes líneas historias de abandono pero también de vocación de servicio en el hospital Carrillo. Los relatos aquí esbozados están inspirados en casos reales; sin embargo los nombres son ficticios. En todas las historias se preserva la identidad.

Los profesionales antes mencionados representan una parte del plantel que lidia con una realidad que se vuelve invisible en la agenda pública. Este grupo además de los pacientes crónicos, muchos sin control de esfínteres y con problemas motrices, atiende 3.000 consultas mensuales entre las que se presentan por guardia de agudos, la mayoría de las veces por oficio judicial, y en consultorio externo, donde se imponen los cuadros de ansiedad y depresión pos pandemia de Covid-19.

“Algunos me dicen ‘mami’ o me llaman por mi nombre. Somos prácticamente su única familia, los bañamos, le sacamos los piojos, los escuchamos, le damos de comer y a algunos les cambiamos los pañales, contenemos sus lágrimas. Los conocemos, nos conocen, necesitan mucho amor”, comenta Norma, una enfermera que lleva 20 años prestando servicio en el Carrillo. También sabe de miedo y dolor. “Un paciente entró en brote, iba directo a lastimar a otra mujer y yo puse mi brazo en el medio, me lo dobló, me lastimó, me empujó contra un armario hasta que lo pudieron contener. Me tuvieron que operar. Cuando volví, me pedía disculpas, y bueno, yo lo perdoné, qué podía hacer, es mi trabajo”, dice Norma.

Relatos de un universo que en la vorágine no se percibe pero que existe. 

 

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