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Las tribulaciones del funcionario

domingo 10 de julio de 2022 | 6:00hs.
Las tribulaciones  del funcionario

En Matelandia todos los seres vivos debían rendir culto al dios mateico…  hasta los árboles cuando ganaban altura reclinaban sus copas a ras del piso y al igual que los arbustos pequeños, las hierbas y todo ente caminador o estático que respirara, lo honraban expresando su adhesión al destino sin chistar.

El ministro se repantigó en su sillón giratorio y se tomó la cabeza entre las manos. Tenía un arduo problema que resolver por lo que dio instrucciones a su secretaria de que no le extendiera ninguna comunicación telefónica ni hiciera ingresar al despacho a persona alguna, aun invocando turno de audiencia. Seguidamente la conminó a retirarse y ubicarse en la oficina contigua que de ser necesario la llamaría. El imperativo encendió la luz de  alarma en la mente de la asistente convenciéndola de que algo grave le estaba sucediendo al funcionario.

Cumplimentó las directivas de inmediato y antes de dirigirse a la otra oficina ordenó rápidamente el escritorio de su jefe retirando algunas carpetas y dejando otras que remitían a trámites urgentes. Al salir cerró la puerta con suavidad y se precipitó en el despacho vecino aguardando el llamado para volver a entrar; en esos momentos  - más que desconcierto por el trato desacostumbrado - tuvo la sensación de que un terremoto estaba afectando el área y que todo oscilaba por encima de su cabeza, debajo de sus pies y a los cuatro costados de su vida.

 Puesta a funcionar al punto de mayor exigencia, la mente de la secretaria trató de encontrar la causa de la preocupación de su jefe analizando distintas variables. Recordó que desde que fuera nombrado en la nueva cartera incorporada al gabinete de ministros, si bien había demostrado suficiencia para el cargo y ser poseedor de verdaderas dotes de dirigente, de a ratos parecía estar perdido en algún punto de la galaxia sin poder reencontrarse con su destino en la Tierra.

 Más allá de eso sabía mandar, ordenar, esperar, gritar de ser necesario y sortear la presencia de allegados, conocidos y vecinos enterados de su rango que venían por si las moscas; se las ingeniaba para distraer a los parientes que invocaban prerrogativas de sangre y de apellido para hacerse atender; tenía fino olfato para detectar entre sus visitantes a futuros colaboradores, posibles conquistas sentimentales  y, ya sea por necesidad o porque eran aficionados a ese deporte, a mufas potenciales proclives a serrucharle el piso o moverle la estantería al menor descuido.

Sabía acabadamente quienes eran los jefes de la política local y quienes los ayudantes de campo, lacayos y “corre, ve y dile”;  detectaba de lejos a los que venían  a darle palmaditas en la espalda y desearle éxitos en la gestión y simultáneamente, a registrar todos los detalles de las oficinas incluyendo muebles, archivos, ordenadores, cuadros expuestos en las paredes, focos led encendidos y apagados y,  especialmente, a quienes andaban merodeando los alrededores del ministerio.

En la continuidad de su discernir respecto de  los apremios de su jefe la secretaria se preguntó si algún entuerto familiar  lo estaría atormentando  (el funcionario tenía esposa e hijos pero de ese lado no parecía venir el frente de tormenta) ¿cuestión de dinero, malos negocios, inversiones improductivas? podría ser pero su nombramiento en la cartera le significaba un extraordinario buen pasar con acceso a fondos  reservados, caja chica, créditos no retornables y la propiedad de la patente de un nuevo producto de circulación masiva en el mercado. El problema parecía ser otro.

De pronto recordó. Era ella… estaba segura.

La señorita Mercadal (así se había hecho anunciar la mañana que se presentó) era una morena misteriosa, alta, delgada, de edad indefinida y distinguida por encima del término medio de los visitantes del ministerio que al parecer venía dispuesta a poner cada cosa en su sitio. Su presencia intimidaba y olía a claustro. Advertido de su presencia el ministro le había ordenado hacerla pasar inmediatamente y su permanencia en el despacho fue breve. Al salir pronunció una frase que quedó resonando en las paredes, rebotó en los vidrios y movió las lámparas que colgaban de cielorrasos y apliques:  - Tiene siete días… y se fue sin saludar.

Recordó que después de su salida el funcionario retornó a su sillón giratorio, fijó la mirada en un punto de la pared y espiritual e intelectualmente se marchó de allí y ella, (sin atreverse a averiguar adónde se había ido) salió a tomar aire al pasillo porque adentro se había acabado, el tiempo parecía detenido y el funcionario, sentado en su sillón giratorio pero al mismo tiempo viajando por las estrellas, no interactuaba con el mundo. Decidió que volvería cuando su jefe retornara a la Tierra. 

Las imágenes siguieron acudiendo a su memoria mostrándole el momento en que al regresar lo encontró suspendido en la estratósfera a pesar de que la campanilla del teléfono sonaba insistentemente, levantó el tubo y la catarata de improperios que venía del otro lado de la línea le dio de lleno en la cara, con lo que no tuvo más remedio que hacerlo bajar abruptamente al mundo: -Es  el omnipotente… le susurró al oído extendiéndole el aparato y se marchó de la oficina para no presenciar un nuevo cataclismo en la vida de su jefe. 

Hilvanaba estos recuerdos cuando el llamado resonó al otro lado de la pared -¡Marianaaa! y casi al unísono la puerta se abrió dando paso a un sujeto histérico que la conminó a trabajar inmediatamente -¡Pronto! ¡Llame a mi chofer, a mi mayordomo y a María, la ayudante de mi mujer, que se presenten de inmediato en mi despacho!; consígame un diccionario o busque uno en línea y averígüeme el significado del término que le voy a proporcionar, cuando lo tenga, disponga todo para encarar la redacción de un proyecto…  Dicho esto salió disparado como entró, dejando la puerta abierta.

Al punto la secretaria transmitió las órdenes a las personas indicadas requiriéndoles cumplimiento al momento y como no disponía de diccionarios físicos en las oficinas ministeriales recurrió a un ejemplar electrónico solicitando a su jefe le dijera cuál era el término sobre el que requeriría información - busque definiciones de DISRUPTIVO y cualquier otro dato que hable de DISROMPER  la instruyó su ansioso jefe, lo que la movió a replicar tímidamente  “Señor…  es el nombre de su cartera ministerial…” – precisamente, y sin dejar lugar a dudas ¡Haga lo que le digo!

La secretaria leyó: “Que produce una interrupción súbita de algo, una ruptura en el desarrollo de la actividad de un sector para propiciar una renovación radical, indica una ruptura brusca, hace referencia a algo que ocasiona un cambio determinante. La palabra disruptiva es de origen francés “disruptif” y del inglés “disruptive”, en ocasiones los seres humanos poseen comportamientos disruptivos para demostrar la insatisfacción o desilusión temporaria. Por lo general, incluye lloro irritante, ataques, golpes contra alguna superficie, entre otros…” -¡Es suficiente! interrumpió el ministro,  - Vamos al  proyecto de resolución ministerial, póngale el título PROCEDIMIENTO DISRUPTIVO INSTITUCIONAL

Inspirado en grado superlativo el funcionario prosiguió: “Alcance: Los once ministerios del ejecutivo, Secretaría Privada, Entidades Autárquicas y Descentralizadas, Sociedades del Estado, Consejo de Educación Privada. Organismos a adherirse: Se invita a adherir al presente resolutivo a Intendentes, Concejos Deliberantes, Consejos empresariales, Consejos de Profesionales, Varios. A continuación los considerandos fueron amontonándose en los labios del ministro, brotando de ellos ininterrumpidamente sin darle tiempo a la secretaria de esbozar una sola pregunta…

“Que el estado de inmutabilidad de los esquemas procedimentales actuales requiere un cambio drástico de metodología… Que se trata de descomponer todo, hasta sus cimientos, para volver a empezar… Que el arte culinario propio de esta tierra nos enseña cómo se descompone y como se compone la materia para hacerla afín a nuestras necesidades… Que todo lo fijo no permanece sino por el contrario, se desintegra… Que se hace necesario romper, alterar, violentar, desestructurar la práctica institucional para convertirla en una cosa nueva, informe no uniforme; desorganizada, no fija; motivadora, no patética; degradada, no almidonada; inorgánica, no estructural. Por ello:

 RESUELVO: Conminar a todos los entes mencionados en esta disposición a ejecutar el PLAN DISRUPTIVO INSTITUCIONAL, remitiendo al MINISTERIO DE LA DISRUPCIÓN, en el término de 24 horas sus respectivos organigramas funcionales, incluidos fines, fundamentos, estrategias y actividades, todo ello en función del gran acto de la disrupción a llevarse a cabo en la explanada ministerial el próximo DÍA DEL OLVIDO, al término del cual se les hará entrega de los nuevos programas institucionales.” Firmado. Consagrado Rompemás, Ministro de la Disrupción. Matelandia.  - Póngale el sello, recomendó y se repantigó en su sillón, esta vez a fumar un habano obsequiado por el presidente de la Fundación Trocito que lo había visitado recientemente.

El funcionario volvió a ser el mismo. El plazo impuesto no lo encontraría inactivo sino encabezando un gran acto político. La señorita Mercadal tendría lo suyo y Matelandia se haría famosa por haber impulsado desde sus actos de gobierno el mayor culto jamás realizado a un plato regional escasamente promocionado. Por cierto, la deidad quedaría complacida y lo premiaría con el cargo soñado en las próximas elecciones.

-Haga pasar al trío si ya llegó… instruyó a su asistente, con lo que puso en marcha el operativo del GRAN ACTO DE LA DISRUPCIÓN a realizarse el DÍA DEL OLVIDO.

 Plenamente satisfecha por la vuelta a la vida de su jefe, la secretaria cumplió la orden. 

 

Nielsen es cuentista, poetisa y compositora de música. Tiene varias publicaciones y participó en antologías.

Norma Nielsen

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