miércoles 29 de junio de 2022
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El envenenador de perros

domingo 12 de junio de 2022 | 6:00hs.
El envenenador de perros

Al viejo Cipriano Núñez los vecinos del barrio Villa Blosset de Posadas, le apodaban cariñosamente “Pitanga”, ya que vivía tomando una infusión con hojas de ese arbusto para calmar sus problemas de presión arterial.

Cipriano Núñez tenía además un nombre artístico José Roberto Matera, que lo incorporó en los años que vivió en Buenos Aires donde protagonizaba como actor de reparto los recordados radioteatros de Radio Del Pueblo junto a reconocidas figuras como Rolando Chávez, Julio César Barton, Juan Carlos Chiape, entre otros. Contaba al mostrar fotografías y recortes de diarios de una extensa gira de casi tres meses con la obra Hormiga Negra de Eduardo Gutiérrez, actuaban en pequeños teatros, clubes de barrio, cines y circos, todos del gran Buenos Aires, con singular suceso. Volvió a su provincia donde se incorporó a la compañía de radioteatro de Eduardo Merino y Zulema del Solar en LT4 Radio Misiones y ZP5 Radio Encarnación. Pero al poco tiempo se unió al grupo teatral que dirigía el popular Juan Carlos Lacentre, para terminar su trabajo actoral junto a Julio Montes, el Mencho Cirilo, con el popular radioteatro Nazareno Cruz, El Gaucho y el lobizón.

Abandonó sus actividades sobre las tablas ya que se acompañó con Fortunata Godoy, la viuda, una mujer obesa, varios años mayor que él y que tenía una casa en Villa Blosset. Al concluir su trabajo de actor finalizó también su vida nómade. Doña Fortú tenía un puesto de ventas en La Placita de manera que Cipriano jamás volvió a trabajar y se pasaba el día sentado en una silla de madera y mimbres frente a su casa, tomando mate y en verano tereré, escuchando radio. Le tocaba realizar todas las tareas del hogar, ante la ausencia de su compañera, a la que le llevaba todos los días una vianda con la comida que elaboraba. Aprovechaba esta incursión para encontrarse con unos amigos, todos personajes de la avenida Roque Pérez, con quienes jugaba por dinero a los naipes en los bancos de la plazoleta. Un día su compañera amaneció muerta. Núñez organizó el velatorio en su casa, avisando a los amigos puesteros de La placita y esa misma tarde sus restos fueron sepultados en el cementerio La Piedad. Este hecho despertó numerosas suspicacias en el vecindario, que jamás había visto con buenos ojos al antiguo actor. Un nuevo apelativo le aplicaron al solitario morador de la barriada, esta vez la denominación de “lobizón” producía la hilaridad de todos. Cipriano malvendió el puesto de ventas de la placita a unos paraguayos y se dedicó a vivir de rentas .Por más que buscó entre los papeles de su finada concubina, no pudo encontrar los títulos que certificaran la propiedad de la vivienda y del terreno que habitaban, tras los rumores de desalojos por la construcción de la costanera. Después de la muerte de su concubina una muchacha, hija de paraguayos venía a lavarle la ropa y limpiar la casa, todas las mañanas. Cierta mañana estaba tomando mate al frente de su casa, cuando divisó la combi blanca y un grupo de jóvenes con papeles que empezaban a recorrer casa por casa con las notificaciones. Las chicas y muchachos se perdían por los senderitos y calles entregando comunicaciones en cada vivienda. Unos serían relocalizados y otros no. Así se constituían dos sectores antagónicos los que se quedarían y los que serían desalojados. Núñez pertenecía a este último grupo. Estaba recostado en la cama, mirando Canal 12 cuando comenzó a maquinar su plan, un manifiesto de rebeldía, no contra las autoridades responsables de la construcción de la costanera sino contra aquellos que no se verían afectados “Los privilegiados de siempre.

-Viven en un chalet, tienen auto y se cagan de risa de nosotros” se dijo.

Tenía que vengarse de ellos con algo que les doliera mucho. Esa tarde se fue a unas veterinarias del centro a comprar lo que necesitaba. Debía hacer sus compras en varios comercios, por las dudas, pensó. La tranquilidad de Villa Blosset se vio sorprendida por la aparición de una gran cantidad de perros y gatos envenenados. Hermosas mascotas provenientes del sector de gente acaudalada, que enseguida realizaron las denuncias ante las autoridades policiales y ante los medios de información. Esa tarde unos movileros de LT17 Radio Provincia recorrieron el sector, buscando la opinión de los vecinos. Cipriano Núñez cocinó una feijoada para su cena, con poroto negro (los había dejado en remojo en agua fría desde temprano), panceta, cueritos y patitas de cerdo, mandioca y el arroz blanco separado, del guisado. Tenía tres tetrabrik de vino tinto en la heladera y empezó a beber temprano, mientras cocinaba escuchaba unos long play de chamamé en su tocadiscos. Tenía varios discos de Isaco Abitbol con el dúo Gómez -Florentín que eran sus preferidos.

Cipriano apenas terminó de cenar se recostó para mirar el canal local y se durmió con el televisor encendido. Cuando se dio cuenta los perros estaban alrededor de su cama, observándolo. Tres de ellos en actitud amenazante: Un manto negro, un siberiano y un labrador, giraban en torno a su cama y amenazaban subirse. Quiso gritar, pero comprendió que no le salía la voz. Al otro día la chica paraguaya que llegaba temprano para hacer la limpieza de la casa lo encontró muerto en la cama. El médico forense de la policía determinó un paro cardíaco como la causa de la muerte.

Mario Zajaczkowski

El relato, mezcla fición y realidad, es parte del libro Unos cuantos cuentos. Zajaczkowski es docente jubilado y reside en Apóstoles.

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