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Pinceladas de historia

El origen de las colonias agrícolas misioneras

domingo 29 de mayo de 2022 | 6:00hs.
El origen de las colonias  agrícolas misioneras

El origen y la historia de las colonias misioneras fueron diversos y con características propias. Las iniciales respondieron a la iniciativa oficial radicándose en el sudeste del entonces Territorio de Misiones, en cercanía de los pueblos jesuíticos. Otras tuvieron un origen espontáneo y se fueron ubicando en la cresta de la sierra central misionera. Y una tercera oleada de inmigrantes extranjeros fueron producto de la iniciativa privada dirigidas por compañías dedicadas a esta empresa.

Apóstoles fue una de las primeras favorecidas con el apoyo oficial, en especial del gobernador Lanusse. Diez años antes de la llegada de las primeras familias eslavas el gobierno nacional había otorgado en 1887 a Justino Grané una vasta extensión de 40.000 hectáreas en el sur de Misiones con destino a la colonización. Para ello se mensuró una parte de esa superficie para la ubicación de las colonias de Azara y Apóstoles en 1890. Ya residían allí más de un millar de pobladores dedicados especialmente a la ganadería en pequeña escala. El incumplimiento de Grané llevó a la caducidad de su concesión. Y pocos años después, en 1897, con la llegada de las primeras familias polacas y ucranianas se oficializaron ambas colonias. Los primeros inmigrantes se alojaron inicialmente en carpas prestadas por el Ejército mientras el director de la colonia distribuía las tierras.

El padre Federico Vogt, sacerdote del Verbo Divino, fue testigo presencial de la llegada de los primeros inmigrantes galitzianos, y dejó el siguiente testimonio: “El cuadro era impresionante e imponente, todo el pueblo, todo precedido por las autoridades salieron al encuentro de la caravana, la que subiendo y bajando las irregularidades del suelo, se adelantaba a paso lento como una serpiente, cuya cola se perdía a lo lejos. Grandes y pesadas carretas tiradas por una tropa de bueyes, adornados con ramas verdes y hojas de palmas recién cortadas, llevando mujeres y niños con sus típicos trajes y ropas bordadas de vivos colores”.

 La enorme capacidad de adaptación y su voluntad de arraigo hicieron que la prosperidad de ambas colonias se notara en muy poco tiempo, a tal punto que unos pocos años después, en 1903 ya eran 539 familias de origen europeo con 2662 habitantes que cultivaban más de 4000 hectáreas. Para ello, cada familia disponía un arado y una rastra. Cada dos familias se otorgaba un carro.

Dinamarqueses y suecos, entre otras nacionalidades, se fueron asentando junto a alemanes venidos espontáneamente desde Sao Leopoldo, Brasil a lo largo de las picadas ubicadas al interior de las tierras fiscales. Indica Cecilia Gallero, historiadora misionera de estos temas, que a modo de ejemplo, en la picada entre San Javier y Bonpland varias familias suecas, también desalentadas de su primer destino en Brasil, se establecieron allí entre los años 1902- 1903. Allí mismo poco después se  produjo el asentamiento de la primera migración finlandesa en Argentina (1906-1907). Años después se fueron sumando, en forma espontánea nuevas familias que dieron origen a la colonización sueca en la zona conocida como Yerbal Viejo, que más tarde pasó a denominarse Oberá (1927). A los suecos se sumaron checos, rusos, ucranianos, suizos, italianos, noruegos, finlandeses, alemanes, paraguayos y brasileños, entre otros. Agrega Gallero que la vertiginosa expansión colonizadora de esta zona serrana creó la necesidad de establecer la Picada de Cerro Corá, agrandar otras colonias y fundar nuevas como Víctor Olegario Andrade y Caaguazú.

El éxito de estas experiencias colonizadoras, oficial y espontánea, sumado a las vicisitudes de los tiempos de posguerra, llevó a empresarios particulares a emprender un nuevo tipo de colonización en el Alto Paraná. La primera experiencia de este tipo fue organizada por el empresario Adolfo Schwelm, quien fundó la colonia de Eldorado, en 1919.

A su designio, en lotes de 25 a 50 ha fueron ubicándose por nacionalidades en picadas perpendiculares al río Paraná. Así se formaron trazados alargados donde todos los lotes tenían su frente sobre la picada, un diseño diferente la cuadrangular de las experiencias anteriores. En Eldorado las picadas fueron tomando el nombre de las culturas recién llegadas. Así se denominan la picada danesa, la picada bávara, picada alemana, polaca, suiza.

Inicialmente las casas fueron modestas cabañas de madera. Fue una experiencia de enormes sacrificios pero el sentido asociativo permitió a los colonos superar muchas dificultades. Se organizaron cooperativas, escuelas, centros de recreación, teatros, que a la vez mantuvieron viva la llama de sus orígenes culturales. En 1924 Eldorado ya contaba con electricidad, agua corriente, telégrafo y radio.

Otro emprendimiento privado, destinado especialmente a inmigrantes alemanes brasileños, fue el encabezado por Carlos Culmey, quien fundó sobre la ribera del Alto Paraná las colonias de Puerto Rico (1919) y Montecarlo (1920).

A la inmigración alemana en el Alto Paraná se sumó la suiza que alcanzó desarrollo también a partir de la colonización privada. Entre los años 1918 y 1939 colonos venidos desde este país europeo se fueron instalando en la región altoparananse.

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