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Camino al norte

lunes 23 de mayo de 2022 | 6:00hs.
Camino al norte

Por Ramón Claudio Chávez Ex juez federal

El tema de cambiar de aire, de rumbo, de habitad, de país, es vasto y complejo. Vasto, porque existe un sinnúmero de razones que llevan a las personas a cambiar su lugar, para buscar un desafío en otra parte y complejo, porque esas mismas razones se adoptan en muchas circunstancias por razones diferentes.

La sociología es la ciencia social que se encarga de los análisis científicos de la sociedad humana o población regional utilizando distintos métodos de investigación.

Jean Pierre Vernant, un sociólogo francés de Saint Etienne, típico profesional progresista disfrazado en la máscara de un pequeño burgués. Él sostiene que para investigar lo importante es estar en el lugar, para poder interpretar correctamente las perspectivas teóricas.

Jean Pierre Vernant recorrió gran parte del mundo -de allí eso de progresista disfrazado en una máscara de pequeño burgués- con el dinero de sus padres. De todos modos, es un profesional interesado en la migración latinoamericana a los Estados Unidos. Viajó por gran parte del país del norte y se instaló en Miami, que prácticamente es Latinoamérica, salvo en los edificios y en la economía.

Un mediodía, mientras el sociólogo francés estaba en una playa cercana a Ocean Drive, se puso a charlar con un salvadoreño que alquilaba silletas en la costa del mar. El inmigrante le comentó que hacía doce años que vivía en La Florida y que, en su trabajo diario, la mitad de las 200 sillas eran de su patrón, propietario de la concesión, por lo que él debía alquilar obligatoriamente el 50 por ciento de las locaciones. Mensualmente podía girar a su familia, que vivía en Santa Ana, 300 dólares, que se convertían en 200 en temporada baja.

Por las noches, nuestro bohemio investigador, frecuentaba los cafés de la Calle Ocho, en la Pequeña Habana, y departía con los ex habitantes de la isla de Fidel, en su mayoría propietarios de taxis. Muchos de ellos llegaron al lugar como “marielitos”.

Como dato relevante, el sociólogo veía que a todos les costaba insertarse en la sociedad estadounidense. Incluso a los que poseían estudios universitarios. La gran mayoría, pese a tener mejoras económicas en su estándar de vida, extrañaba la tierra natal, las costumbres, comidas y hábitos propios de éstos países. Los argentinos, por ejemplo, añoraban las reuniones con los asados de los domingos; los colombianos, los bailes de cumbia y los mejicanos, las comidas condimentadas con chile abundante.

Esa nostalgia permitía apreciar la concurrencia a los bares donde se escuchaba música de Centroamérica, ubicados en Collins Avenue o en lugares cercanos.

Como muchos de los inmigrantes ingresaron por pasos clandestinos, también les resultaba complejo obtener visas de trabajo y residencia, por lo que algunos/as trataban de contraer matrimonio con alguien que tuviese la nacionalidad estadounidense, aunque la relación amorosa estuviera destinada al fracaso.

En su investigación, Jean Pierre visitaba los negocios donde los latinos compraban elementos de marcas adulteradas a menor valor. En eso estaba cuando escuchó una canción que la gente también entonaba:

“Yo sólo quiero pegar en la radio/ para ganar mi primer millón, /para comprarte una casa grande /en donde quepa tu corazón./ Yo sólo quiero que la gente cante /por todos lados esta canción”.

Entendió que la letra, sumamente comercial y pasajera, sintetizaba la ilusión y el deseo de los inmigrantes.

La desigualdad y el desarraigo eran temas corrientes, en su mayoría habían llegados solas o solos, la familia y seres queridos quedaron en los lugares de origen. La ilusión de recomponer lazos de pertenencia muchas veces se truncaban por distintas razones. El análisis podría llevarnos a apreciar la política social y el bienestar, aunque aquí tenemos que comprender decididamente todo el proceso social enmarcado en los protagonistas.

Si nos detuviéramos en la Argentina de los años 50 y la migración interna hacia Buenos Aires, podríamos llamar a este artículo “Camino al Sur” o como la canción de Serrat, “El sur también existe”.

No podemos considerar a este libelo como un tratado de sociología, es una simple mirada del investigador a un hecho puntual.

Los actores, al igual que nuestros migrantes internos de los años 50, trataron de salir de la falta de oportunidades. Fueron con la idea de trabajar por un tiempo para luego regresar, aunque muchos se quedaron a vivir para siempre.

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