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El impulso de una comunidad trajo sus frutos

Más que un club, un legado barrial

1º de Mayo nació hace poco más de cinco años y gracias al esfuerzo de la familia Caniza hoy compite en la elite de la Liga Posadeña. El secreto, no perder la esencia

domingo 15 de mayo de 2022 | 6:05hs.
Más que un club, un legado barrial
Parte de la familia Caniza en el SUM del barrio, justo enfrente de la canchita donde se inició todo. Son los hacedores de un enorme presente. Federico Gross
Parte de la familia Caniza en el SUM del barrio, justo enfrente de la canchita donde se inició todo. Son los hacedores de un enorme presente. Federico Gross

Cuando la polvareda levanta vuelo en la canchita del barrio 1° de Mayo las historias del pasado recobran vida para anotarse un partido más en su palmarés. Los forasteros dirán que es una cancha más del montón. Nada más desacertado.

Ese rectángulo ubicado entre las calles Currey e Hipólito Yrigoyen de la chacra 116 es la piedra angular de un club con pocos años de vida y de una comunidad entera que decidió ponerse el ‘equipo al hombro’ para ocupar los primeros planos.

1° de Mayo fue conquistando objetivos desde el 2018 y hoy forma parte de la primera división de la Liga Posadeña de fútbol; todo un crecimiento maratónico que tiene a la familia Caniza en el centro de escena.

Precisamente Enrique Caniza decidió materializar el ambicioso proyecto por una cuestión natural, casi que ancestral y del destino.

“Mis viejos y otras familias del barrio querían darle más lugar al fútbol. Mi papá Pepe y mi mamá Pocha formaron parte importante en los inicios, eran defensores de esta causa”, aseguró.

“Una vez quisieron plantar una huerta en la cancha y mi vieja a los garrotazos corrió a los trabajadores y sus máquinas viales”, recordó entre risas.

“Fue Pepe el que me inculcó los valores de este deporte y una vez retirado puse una escuelita de fútbol con la que estuve 15 años hasta que decidí levantar el club…dejé la empresa de correos en la que trabajaba, porque para armar un club se necesita mucha dedicación”, remarcó.

“Mi familia fue parte importante y atrás nuestro nos apoyó toda la gente del barrio. Los vecinos mezquinan ese espacio, la cancha es sagrada. Todo el barrio mamó fútbol y lo respira”.

Enrique, de 49 años, vive al lado de la sede del club y frente a la cancha. Una ubicación privilegiada desde donde toma las decisiones hasta el día de hoy como presidente de la institución.

Eso sí. Toda su familia colabora, desde su esposa Patricia hasta sus cuatro hijos Facundo, Daniel, Sofía y Micaela. Inclusive su hermano Bubi.

“Facundo es jugador del primer equipo, Daniel de la reserva y mis hijas siempre están en la cancha cobrando las entradas, dando una mano”.

Pasos agigantados

El Verde fue ganando territorio en estos años a un ritmo impensado. Hoy los proyectos son muchos, todos sostenidos por la comunidad.

“Comenzamos con un equipo de primera y el año pasado le sumamos la reserva para poder participar en la Liga”, explicó Enrique. “Los jugadores de primera son todos trabajadores, no se le paga a nadie…ellos lo hacen por hobby y amor a la camiseta. Por cuestión de horarios laborales, entonces, entrenamos en horario nocturno”.

“Tenemos instructores, plomeros, electricistas, obreros, policías. Hay algunos que los hacen por changa y a ellos tratamos de ayudarles como podemos, les conseguimos cosas”, agregó.

“No pensamos llegar tan rápido a primera; en cuatro años ascendimos dos veces y ahora estamos en cuartos de final jugando ante un club tan grande como Bartolomé Mitre”. 

Costos del presente

1° de Mayo tiene que hacer de local en el estadio de Jorge Gibson Brown debido a las dimensiones de su campo de juego, algo que queda en segundo plano cuando de cubrir gastos se trata.

“Todo el dinero que se necesita para jugar un partido de local se cubre a pulmón; a veces nos donan pollos para venderlos y con esa plata se paga para jugar un partido…hacemos rifas y los jugadores y vecinos las venden en pocos días”.

“Nuestra cancha del barrio hoy está llena de tierra porque tienen que hacer el muro de contención; además están poniendo a nivel el campo de juego, siempre pensando a futuro…ahí se van a jugar las inferiores porque las medidas de seguridad no son las indicadas para la Liga Posadeña”.

El Club 1° de Mayo lleva impreso a la familia Caniza, pero también a una comunidad entera que levanta con dignidad su bandera de identidad. Nada más privilegiado.


Despedida de año con tradición

Rindiendo homenaje a los que no están y siguiendo con la tradición, todos los fines de año se disputa un torneo entre cinco y seis equipos del barrio. Desde chicos hasta veteranos, participan jugadores amateurs de todas las edades.

“Se juega el 30 de diciembre a la tarde y la cancha siempre se llena en los alrededores. Se invitan a otros barrios como San Miguel o Apos, por ejemplo”, contó Enrique.

“Se anotan todos los nombres y los colocamos en una bolsa, cada delegado saca los papelitos y cualquiera puede jugar en cualquier equipo, es parejo; una tradición que se hace desde antes de la fundación del club”, cerró.

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