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Un hombre

domingo 15 de mayo de 2022 | 6:00hs.
Un hombre

Nadie recuerda cuándo fue que el hombre entró allí por primera vez. Pero es seguro que llamó la atención del mozo y del cajero. El hombre era alto, muy alto. Brillaban sus zapatos y brillaba también la cúspide de su cabeza, hermosa y huesuda.

Se sentó cerca de la salida y pidió lo que pediría siempre, un café con leche y dos medialunas. Todos los días, de lunes a viernes, a las siete y cinco de la mañana.

El pequeño bar queda sobre la avenida San Martín, en la zona de los bancos. Tiene más de cincuenta años, antigüedad que se puede suponer por su decoración, que no ha cambiado desde que se inauguró. Dos mozos sirven a los parroquianos, uno en horario diurno y el otro a la tarde y noche.

El hombre alto y calvo se convirtió en cliente infaltable. Siempre aparecía de traje. Modesto, pero impecable.

Los mozos eran Joaquín, muy conversador y Mauricio, no muy dado a hablar con los concurrentes. Cada quince días, cambiaban el horario de trabajo. Y con el correr de los días y las semanas, Joaquín comenzó a tener breves conversaciones con Juan, que así se llamaba el hombre alto. Ni bien lo veía entrar, ya le preparaba el desayuno.

Juan casi siempre era el primer cliente. Entonces, cuando lo atendía Joaquín, charlaban un poco. Cuando lo atendía Mauricio, Juan leía el diario.

A medida que pasaba el tiempo, Juan y Joaquín tenían más confianza, se conocían un poco más. Hablaban del clima, de fútbol, del presidente, y hasta alguna vez Juan le contó cosas de su vida que no solía compartir con nadie.

Un día, Joaquín notó a Juan muy abatido. Sirvió el desayuno habitual y preguntó: -¿Se siente bien, Juan?-

-Cosas del trabajo…

-Y bueno, hay que aguantar hasta que la cosa mejore…

Juan siguió siendo puntual, pero su semblante preocupado no cambiaba.

Pocos días después, dejó de venir.

Y al cabo de una semana, Mauricio, en el cambio de turno, le comentó a Joaquín: -Me pareció ver a tu  compinche Juan tomando sol en un banco de la plaza.

-¿A esta hora? qué raro. Bueno, Mauricio, nos vemos mañana.

Unos minutos después, Joaquín subía al colectivo. Ya en marcha, por la ventanilla vio a Juan, sentado en un banco. Y así pudo verlo durante varios días, hasta que cambió de turno con Mauricio.

-Es cierto, Mauricio... lo vi varias veces a Juan -comentó días después Joaquín.-Posiblemente lo echaron y no sabe hacer otra cosa que seguir rondando por la oficina, o a lo mejor lo suspendieron, o busca una chance por la zona…

Y los días siguieron naciendo, cada vez más débiles sobre los perfiles grises.

Y las noches siguieron llegando con su danza de hojas secas, con lloviznas invisibles, que parecían ir borrando, poco a poco, a los peatones.

Una de esas noches, cuando el frío afilaba sus cuchillos sobre las mejillas, antes de llegar a la parada de colectivos, Joaquín vio a un nuevo habitante de las veredas de la ciudad.

Al amparo de una marquesina, alguien dormía sobre unos cartones sucios, abrigado apenas con una frazada. Era un bulto gris, como el títere de un cadáver, acurrucado. Joaquín desvió un poco su camino y pasó muy cerca del hombre, de quien se veía su cabeza calva y huesuda. “Éste es Juan”, pensó Joaquín. Se quedó unos instantes al lado del hombre, quien dormía profundamente, tal vez abrigado más por el alcohol que por la leve frazada que apenas lo cubría.

A la mañana siguiente, Joaquín se levantó temprano, al comenzar a intuirse el sol del domingo tras las espesas nubes heladas. Unos minutos después, salió de su casa  y no le sorprendió ver los autos blancos de escarcha al ir caminando a la iglesia. Llegaría un rato antes de la primera misa, y así podría rezar un misterio y prepararse para comulgar.

El lunes, antes de empezar a trabajar,  dio un vistazo al diario. En la sección de policiales, leyó: “Han encontrado muerto a un hombre ‘sin techo’. El hecho ocurrió ayer, en la calle San Martín, en pleno centro de la ciudad.”.

El domingo siguiente, Joaquín rezó mucho en la iglesia.

El cuento está incluido en “La campana y la lluvia”, libro seleccionado para representar a Misiones en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires 2022.

Carlos Miguel Zarza Machuca

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