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Destino

domingo 08 de mayo de 2022 | 6:00hs.
Destino

Triste el final, cruel destino el de Cayetano Santos Godino. Desde el vientre de su madre,  Lucía, inclinado a la maldad: desde niño lucía inclinado a la maldad.

Denunciado por su propio padre, Fiore, por torturar aves (igual que Sábato), anduvo por un par del instituciones educativas y correccionales que ni lo educaron ni lo corrigieron.

De vuelta a las calles estranguló a cuatro niños menores de cinco años con el cordel que le sujetaba los pantalones.

Después de matar a una yegua a puñaladas, provocar siete incendios y de ahorcar a un par de pibes más (a uno de ellos le hundió un clavo de diez centímetros en la sien) finalmente lo detienen.

Es fácil imaginar la ira de la sociedad desatada sobre ese personaje siniestro, que bajo esa apariencia de idiota o de menguado oculta un ser oscuro y perverso, la indignación ciudadana repudiando a esa figura contrahecha y torva que es capaz de asesinar niños. De haber quedado la justicia en manos del pueblo, lo habrían desollado después de apedrearlo, dándole, junto con las pedradas, nombres como “El monstruo de Almagro”, o “La bestia de Parque Patricios”. Pero la venganza social se encaminó por otro lado: la prensa, la justicia, los medios en general, apodaron al más joven asesino serial de la historia criminalística argentina con un nombre que da más para payaso que para infanticida serial.

Imagino la frustración de Cayetano pegada a él como su sombra, deslizándose por los húmedos y oscuros muros de la “Prisión del fin del Mundo”, acechando en el baño, en el camastro de cemento, quitándole la cobija y susurrándole al oído, “Petiso Orejudo”.

 

Inédito: Vogler ha publicado la trilogía Delincuentos (El Narco, El Sicario y El Candidato) y Esperanza y la muerte (novela). Email: mano38@live.com.ar

Mano Vogler 

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