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Pinceladas de historia

Las Pascuas en las Misiones Jesuíticas

domingo 17 de abril de 2022 | 6:00hs.
Las Pascuas en las Misiones Jesuíticas

Las Misiones Jesuíticas constituyeron una experiencia única y original que basó su éxito en la integración de dos componentes fundamentales: la actitud del jesuita frente al indio y la espiritualidad ancestral guaraní.

A partir de la imaginería religiosa que se ha conservado a través del tiempo a pesar de los infortunios de la mayoría de sus pueblos, podemos extraer conclusiones en relación a la particular celebración del Domingo de Resurrección en los pueblos jesuíticos. Llama la atención, en este sentido la reiterada presencia en museos de imaginería jesuítico-guaraní de dos esculturas procesionales, la de Cristo Resucitado y la Virgen de la Resurrección. No los había ni en España ni en otros lugares de Hispanoamérica. Sólo en las Misiones Jesuíticas de guaraníes, como así en Moxos y Chiquitos, las otras misiones fundadas por los Jesuitas en la actual Bolivia.

El padre Cardiel se refería a la funcionalidad de esas imágenes en el Domingo de Resurrección del siguiente modo: “La mañana de Resurrección es cosa de gloria. Al alba ya está toda la gente en la iglesia. Por las calles, plazas y pórticos de la iglesia, todo está lleno de luces: todo es resonar de cajas y tambores, tamboriles y flautas, tremolar banderas y gallardetes en honra de las estatuas colocadas en medio de la plaza, el Cristo Resucitado y su Santísima Madre… El sacerdote inciensa las dos estatuas. Sale la imagen de Jesucristo por un lado con todos los varones (del pueblo) y por otro lado la Virgen, la música y todas las mujeres. Los músicos se deshacen cantando… después de haber acabado las tres caras de la plaza, en la cuarta la imagen de la Virgen se viene a encontrar con Ssmo. Hijo en medio de muy profundas reverencias… Juntas las dos imágenes sale una danza de ángeles, que son muchos músicos, al son de arpas y violines… comienzan a cantar y danzar alrededor de las imágenes….”.

Aún hoy en lo que fueron las Misiones Jesuíticas de Chiquitos y de Moxos esta celebración se lleva a cabo prácticamente del mismo modo. Al igual que en algunos pueblos del Paraguay, y aún de Corrientes, donde perdura esta particular forma de celebrar el encuentro entre la muerte y la vida. Entre el Viernes Santo, donde Jesús es crucificado, y el Domingo de Pascuas, donde se produce su Resurrección.

Es fundamental para esta particular celebración el rol jugado por el pueblo guaraní con su mentalidad y creencias previas a los tiempos jesuíticos. Es un pueblo que tiene sentido del dolor y de la muerte pero no los vive como un drama y por eso posee al mismo tiempo el sentido de la fiesta. Y en una ocasión donde ambas vivencias se separan por un breve tiempo, la muerte y la Resurrección de Cristo, el pueblo guaraní optó por darle mayor relevancia a la festividad de la vida sobre la muerte. En eso tienen mucho que ver ciertas creencias míticas en la vida después de la muerte, en especial aquel de la Tierra sin Mal a la que se llegaría triunfalmente después de alcanzar la aguyjé, la perfección.

El guaraní, ya antes de la llegada de los misioneros jesuitas, tenía como ideales aquellos que por alcanzar la perfección no murieron y pasaron a la Tierra sin Mal. El triunfo de la Resurrección de Cristo, en su nueva fe, les daba la posibilidad de resucitar a todos, sin excepción, lo que entre los guaraníes era considerado sólo para algunos. Por ello Jesús Resucitado era para los guaraníes de las Misiones la anticipación de su posible resurrección. De allí estas celebraciones desbordantes.

Tal era el desborde de la fiesta posterior al “encuentro” de Jesús Resucitado con su Madre que, en 1690, desde los ámbitos de poder eclesial europeos se prohibió esta celebración, pues “los lugares santos terminaban por convertirse en centros de ocasión para divertirse en exceso”. Pero sin dudas esa prohibición no se hizo efectiva entre los pueblos de guaraníes, pues los jesuitas que describieron la celebración de la Resurrección jamás mencionaron el hecho.

No sólo esa prohibición no se cumplió, sino que este modo de celebración continuó aún después de expulsados los jesuitas. En 1828, cuando los guaraníes de las Misiones Orientales trasladados por Fructuoso Rivera fundaron el pueblo de Bella Unión, un observador de este hecho, Jean Auboin, relataba que “pronto el dolor dio lugar al regocijo. El Domingo de Pascuas fuimos despertados de madrugada por las salvas de la artillería, a las cuales sucedió el repique de una docena de campanas alzadas provisoriamente sobre postes… de todos lados comenzaron las danzas y los juegos”.

En varias parroquias de Asunción cada Domingo de Pascuas se realiza el Tupasy ñuguaiti, que recuerda el encuentro de la Virgen con su Hijo Resucitado. Se utilizan, como en las Misiones, las dos imágenes que, llevadas en andas por la plaza, se encuentran en un contexto de desbordante alegría.

El caso relatado demuestra que el cristianismo de las misiones no constituyó una simple sustitución de la religión guaraní por obra de los jesuitas, sino que dio cabida a elementos cristianos reinterpretados desde la espiritualidad del indio.

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