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Tiene su taller en Posadas

Se convirtió en chapista por necesidad y ahora enseña a otras mujeres

Blanca tuvo que dedicarse a la chapa y pintura desde joven para sostener a su familia. Ahora usa sus conocimientos para que jóvenes accedan al trabajo

domingo 17 de abril de 2022 | 6:05hs.
Se convirtió en chapista por necesidad y ahora enseña a otras mujeres
La vecina de la chacra 134 asegura que “no hay que tener miedo de soldar”. Foto: Marcelo Rodríguez
La vecina de la chacra 134 asegura que “no hay que tener miedo de soldar”. Foto: Marcelo Rodríguez

Todos los días se levanta cerca de las 6 para trabajar. Prepara mate y, a unos pasos, en su propia casa, tiene el taller mecánico en la chacra 134 de Posadas, donde muchos clientes le llevan sus autos y elogian su nivel de detalle. A tal punto están contentos con su labor que se contrarían cuando les dice que no puede ayudarlos. Y eso le pasa cuando ya no da abasto por tanta demanda. Esto cuenta Blanca Esther Gómez De Olivera (50), mecánica que realiza chapa y pintura desde hace 16 años.

La mujer externaliza su afición por esta actividad, a la que califica como “arte”, y esto se observa en su inmenso espacio laboral donde también uno de sus hijos y su nuera se encargan del lavadero de autos. Allí, varios rodados antiguos esperan su turno para ser arreglados.

Durante la entrevista, Blanca recibió a El Territorio con amabilidad y, mientras era fotografiada, no pudo evitar mostrar algunas de sus técnicas y explicar paso a paso cómo las realizaba.

Su oficio comenzó por una necesidad de obtener ingresos, ya que a los 27 años se quedó sola con seis hijos. También tenía dos hermanos que dependían de ella, uno de ellos con discapacidad. Blanca decidió hacer uso de sus conocimientos en ese entonces.

“Con la mecánica ya vengo desde los 19 años. Cuando compré mi primer auto, dije: ‘Sí que puedo hacer la mecánica’. Un amigo pintor me enseñó a trabajar con la pintura, la masilla, los fondos, los barnices. Y mi marido me enseñó sobre la chapa y soldadura”, relató y rememoró que lo conoció en la ciudad capital.

“Yo nací en San Javier, pero debido a que mi hija tiene síncope en el corazón, vinimos a Posadas. Así conocí a mi pareja actual y formamos una familia. Yo vivo en esta ciudad desde hace 17 años”.

La protagonista de la historia trabaja junto con su marido -quien además es empleado municipal- en un gran taller que ella misma ayudó a construir, ya que también cuenta con conocimientos de albañilería.

Su día laboral se inicia desde temprano y se extiende “hasta las 11.30, pero ya estoy cocinando. Entonces, cuando llegan las 12 yo ya tengo mi comida y vamos a comer. Descansamos una o dos horas y ahí volvemos al taller hasta las 18.30 o 19. Esa es nuestra labor todos los días”, manifestó.

Toda una novedad

Hacer chapa y pintura en un auto le lleva un mes. Foto: Marcelo RodríguezLos clientes fijos son en su mayoría conductores de remises a los que se les rompen el asiento, las butacas, el piso. Los arreglos dependen del estado de los autos. En este sentido, un móvil le puede dar hasta un mes de trabajo.

“La chapa y la pintura, todo completo, es un mes para dejarlo bien al detalle. También hay trabajitos de soldadura que llevan entre media hora y dos horas”, expresó.

A veces tiene que poner en condiciones un asiento, una rótula, algo que realiza rápidamente.

Respecto del nivel de precisión en la tarea, se mostró segura de que es elevado en las mujeres. Describió que, si bien conoce de mecánica y pintura, no se puede realizar las dos labores al mismo tiempo.

“Cuando trabajás con la pintura, no podés trabajar con los motores, no son compatibles porque, por ejemplo, si usás aceite ya tenés que limpiar con aguarrás, que levanta la pintura”, describió.

En relación con la recepción que tiene el trabajo de Blanca, “es muy buena y muy interesante porque empecé a trabajar acá y al poco tiempo corrió el comentario de que era una mujer”, comenzó y continuó diciendo que los hombres visitaban el taller para apreciarlo por sí mismos.

“Venían y preguntaban por el chapista y el mecánico. Yo me presentaba y era como que no aceptaban”, rememoró. A ellos los invitaba a mirar cómo trabajaba. Al final, terminaron convencidos.

“El cliente le contaba a otro, le decía que hice muy bien el trabajo, entonces, iban llegando. Y así tengo tanto trabajo que no me alcanza el tiempo de atender a todos”, se enorgulleció.


Transmitir el saber
Por eso, por ser mujer, dedicarse al oficio no fue fácil, sobre todo al inicio, dijo Blanca. “Una vez, cuando fui a pedir un trabajo en un taller, el que me atendió me dijo que ese trabajo era sólo para hombres. Eso me dolió, fue muy machista”, lamentó y afirmó que por razones como esa, hace poco tiempo se decidió a ofrecer clases a otras mujeres en su taller.

La tarea se efectúa en conjunto con integrantes del Concejo Deliberante de la capital provincial, de acuerdo con las palabras de Blanca.

La capacitación se da los martes, de 14 a 16, y participan unas siete personas. Las edades son de 18 en adelante. En este sentido, Blanca aclaró que no hay un límite etario.

Asimismo, la vecina contó que le tocó vivir otra situación de rechazo al difundir las clases a través de un estado en WhatsApp. “Las chicas se interesaron mucho, había una vecina que me dijo que vendría y después no quiso. Entonces me fui a hablar con ella, salió el marido y me dijo que ese no era trabajo para ella”, se indignó.

Acotó: “ Yo le dije que vivo desde hace 16 años con este trabajo. No tenemos que dejar que las mujeres vivan así. Pueden seguir adelante con o sin los hombres. Yo salí adelante con seis hijos y dos hermanos. Eran ocho para dar de comer”, aseveró.

Para un futuro próximo, proyecta capacitar también a los varones, “porque hay muchos chicos que quieren aprender y no tienen la posibilidad. A veces pasa que si van a buscar trabajo en un taller sin conocimientos, ya no los toman para trabajar. Entonces, queremos enseñarles”, subrayó.

También enfatizó la relevancia del conocimiento, ya que se trata de un trabajo con riesgos.

“Para decir la verdad, es peligroso. Hay que tener todas las precauciones porque se trabaja con oxígeno, el carburo, el fuego. Eso no quita que un día pueda pasar algo, pero tratamos de que no pase nada”, sostuvo. Por este motivo, insistió: “Cuidamos la integridad de los jóvenes”.

Hizo hincapié en que “todo trabajo es digno, ya sea en un taller o en una oficina”. Y destacó: “Las mujeres pueden ser lo que quieran ser”.

Solidaridad
Por si fuera poco, Blanca también destina su tiempo a colaborar con la alimentación de los niños más humildes a través de un merendero, en el que brinda el servicio a 245 chicos. El lugar se ubica en Itaembé Guazú. La semana pasada trabajaron haciendo huevos de Pascua.

“Es algo que a mí me encanta porque antes cuidaba abuelos que no tenían quién los cuide, que estaban en situación de calle”, evocó.

“Yo tenía a mi cargo cuatro personas, pero algunas de ellas fallecieron por su edad, otras por sus enfermedades de mucho tiempo de estar al aire libre”, cerró.

 

El gran desafío de emprender Capacitaciones en auge y cómo lograr sostenerse en el tiempo Huyeron de la violencia y ahora van por la independencia económica Dejó trabajos mal pagos y hoy vende sus productos al país Con ayuda de Cáritas, 15 vecinas se forman para salir adelante Transformó su pasatiempo en un medio de vida

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