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Pinceladas de historia

El menosprecio de los criollos hacia los guaraní-misioneros

domingo 10 de abril de 2022 | 6:00hs.
El menosprecio de los criollos  hacia los guaraní-misioneros

En la Cuenca del Plata, hacia fines del siglo XVIII, ya expulsados los jesuitas de estos lares, fue notorio el menosprecio de los criollos –originariamente mestizos de español y guaraní- hacia la población guaraní misionera.

Los jesuitas habían tratado de evitar los contactos directos de unos con otros durante la existencia de la Provincia Jesuítica del Paraguay (1609-1768), pero, a su expulsión, fue inevitable ese contacto y la separación ya no fue posible. Correntinos y paraguayos, precisamente los que más continuado e intenso mestizaje fueron sufriendo en ese acercamiento de criollos y guaraníes, fueron los que más animadversión guardaron hacia la población emigrada de los pueblos misioneros. Los discriminaban socialmente cuando los tenían bajo su autoridad como empleados o peones en una postura de superioridad en el nuevo esquema social que se originó en los tiempos posjesuíticos.

Es dable reconocer que los guaraní-misioneros tuvieron arraigados hábitos que repudiaban los hispano-criollos y que enturbiaban la convivencia social. Probablemente el más grave haya sido el muy débil concepto de privacidad de la propiedad de bienes. Durante siglos vivieron compartiendo prácticamente todo lo necesario para su subsistencia, desde los tiempos prehispánicos, en su ciclo de vida semisedentaria, donde debían consumir todo lo obtenido por medio de la caza, la pesca y la agricultura, hasta los tiempos jesuíticos. Les costó, y nunca se fortaleció culturalmente el hábito del “abambaé”, es decir la producción de bienes personales. Este sistema no se hallaba extendido entre la población guaraní-misionera cuando llegó el brusco cambio de las reglas económicas después de la expulsión de los curas. Les costó entender las ventajas del ahorro y nunca superaron su tendencia de vivir al día y con lo obtenido en el día. Son abundantes en este sentido los relatos de los sacerdotes jesuitas que contienen anécdotas sobre este tema.

Las mismas fuentes jesuíticas coinciden en señalar la debilidad por el consumo de bebidas alcohólicas que justificaba la prohibición de su ingreso a los pueblos y la difusión del mate. Pero la liberación posterior a la expulsión llevó a numerosos y extendidos problemas de comportamiento social entre guaraníes y criollos. Son muy numerosos en este aspecto los expedientes judiciales que guarda el Archivo General de la Nación.

Muchas de estas actitudes de indisciplina social también eran propias de los criollos. Pero fueron utilizados por éstos para conseguir el relegamiento de la población guaraní.

Sin dudas el destrato fue mucho más notorio y difundido con la población masculina del pueblo guaraní, pues si esa actitud hubiese sido semejante con la mujer guaraní no se podría explicar el rápido proceso de mestizaje que se produjo en el litoral rioplatense en las zonas de población étnicamente mixta.

Estas diferencias hicieron, por ejemplo, que no se pudieran organizar unidades militares mixtas y que en los tiempos independentistas, especialmente durante el ciclo artiguista, los guaraní-misioneros debieran luchar solos o con retaceado apoyo de sus aliados en la causa federal.

Tampoco los bienes y tierras fueron respetados por la población criolla, quienes se fueron apoderando de ellas mediante un proceso que comenzó en el último cuarto del siglo XVIII. Al momento de la expulsión, en las tierras guaraní-misioneras de la Banda Oriental, por ejemplo, cundió una fiebre entre personajes importantes de los cabildos de Montevideo y Buenos Aires para obtener inmensas posesiones en campos orientales. En muy pocos años los actuales departamentos de Montevideo y Soriano fue ocupada con títulos otorgados por estos cabildos por estancieros españoles, mientras modestos pobladores guaraní-misioneros debían mendigar para obtener pequeñas extensiones comunitarias en otros distritos virreinales. Este proceso de ocupación de tierras misioneras fue alentado por el fuerte incremento del precio de los cueros para exportación en momentos de la liberación del comercio rioplatense, a fines del siglo XVIII.

De tal manera se había distribuido la tierra a españoles, que, al momento de la implementación de la liberación del régimen comunitario, en 1805, los funcionarios encargados de parcelar y entregar lotes para chacras a las familias guaraníes no pudieron lograr su cometido para no afectar los intereses de los grandes hacendados de la región.

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