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El mundo roto

domingo 10 de abril de 2022 | 6:00hs.
El mundo roto

Dejó de considerar sus propias cuestiones y se puso a contemplar la lámina que colgaba de la pared opuesta a la cabecera de su cama. Se trataba de un planisferio que había colocado allí, frente a sus ojos, con el solo propósito de tenerlo presente al despertar de cada día para ir extrayendo de él los datos que le permitirían alcanzar su anhelada meta de conocer el mundo.

Lo primero que observó fueron formas cuyos bordes circunvalaban cinturas y vientres de la tierra modelados por los movimientos telúricos (dato que recordaba de las enseñanzas de la escuela) y por los factores climáticos. En el ejercicio de abarcar todo el cuadro en una sola mirada distinguió grandes bloques subdivididos caprichosamente en reparticiones incongruentes. Le pareció que un gran cuerpo partido en mil pedazos debería estar debilitado y si ese era el famoso tercer planeta más cercano al sol y lugar donde se estaba desarrollando su propia vida, podría estar en problemas.

Siguió mirando la imagen y divisó líneas paralelas y perpendiculares que se cruzaban encerrando celdas en el espacio más o menos regulares, amplias superficies en tonalidades azul-celeste, sectores en verde intenso y verde claro y franjas amarronadas oscuras en sus partes centrales y más claras en las extensiones laterales para culminar perdiéndose en los distintos grados del amarillo.

El azul era el color predominante. -Es agua- pensó recordando otra lección escolar “lo otro son montañas, mesetas, llanuras, desiertos… Veamos las formas… ¿Por qué será que los continentes son tan distintos en cuanto a la fragmentación que se ha hecho de cada uno de ellos? De los cinco, Asia es enorme pero territorialmente muy mal distribuida, allí veo un país que ocupa casi la mitad de ese gran bloque, otro de gran extensión, dos o tres que lo siguen en tamaño y el resto pequeños e insignificantes en relación a sus grandes vecinos… ¿Qué razones habría para un reparto tan desparejo?

África parece hecha añicos… impresiona como un rompecabezas compuesto para descomponerse en cualquier momento… cualquiera de las piezas que se mueva arrastrará a las otras detrás de sí ¿Cómo habrá sido en un principio sin los contornos de los pequeños espacios en que fue dividida? Al igual que Europa parece haber sido rediseñada tantas veces como guerras se hubiesen librado en esos territorios… ¿Tendrán ahora el emplazamiento definitivo o deberán esperar otras modificaciones?”

Deslizó la mirada por las Américas y encontró que en la del norte aparecían grandes superficies pertenecientes a una sola administración, en tanto la del sur se veía fraccionada en partes pequeñas salvo la gran extensión verde del este y el triángulo invertido del extremo sur que la seguía en tamaño. Observando la gran Oceanía se dijo: “¡He aquí la fortuna de dos distritos favorecidos con un continente para ellos solos! ¿Quiénes ejercerán la titularidad de esas tierras custodiadas por Poseidón y cuál habrá sido la magia que hizo posible encontrarles un solo dueño?”

Concluyó que el mundo de papel era muy bonito, pero al tiempo, muy injusto. “¿Qué más tendrá? - se preguntó- no se divisan rostros amigables, casas hospitalarias, caminos despejados, parques con césped y árboles frondosos debajo de los cuales sentarse a contemplar el cielo… Este mundo no proyecta en mí ninguna curiosidad… o es una versión maquillada de algo que no puedo conocer o no existe como el hogar común de la especie a la que pertenezco.”

Se apartó del mundo maltratado, lo bajó de la pared, lo rasgó en mil pedazos y lo relegó al olvido. Se le ocurrió entonces que ese planisferio desaparecido había sido una representación de lo imposible, un sinsentido, un paraíso estancado fragmentado en unidades carcelarias bajo la regencia de los concentradores del oro yacente en las entrañas de la tierra, una porción del espacio suspendida en la nada…

Ideó su propio mundo.

Con lápiz y papel trazó un biplano de dos colores, sin vértices, ángulos, coordenadas ni puntos extremos; un gran mundo donde el desplazamiento en todos los sentidos era libre y la circulación fluía sin requerir exhibición de pasaportes, visas, identificaciones, permisos ni contraseñas; donde no existía la necesidad de formar colas para abordar aviones, trenes, autobuses o barcos; un mundo sin ciudades apretujadas, mares bajo asedio, montes ultrajados, ríos encajonados, ni cielos rastrillados; un mundo silencioso… sin países colisionando sin ton ni son, sin gobernantes empujando a sus pueblos al exterminio del hambre y de las guerras… sin ira.

Contempló su mundo creado a semejanza del universo donde las estrellas conviven naturalmente con otros seres del espacio sin más reglas que el orden del caos que lo rige. Era el mundo que quería y gobernaría para sí… tan real como la almohada sobre la que ahora se había reclinado para admirarlo. Podía extenderlo, examinarlo y recorrerlo cuantas veces quisiera porque era austero, amable, acogedor, vasto y silencioso como las cumbres de las montañas y los mares en reposo. Decidió explorarlo en todos sus confines y allá fue.

Al llegar se tendió en una suave llanura dejándose acariciar por la brisa tranquila que movía las hojas de los árboles y se durmió… Despertó a la luz del nuevo día frente a una pared vacía, reverenciando a la generosidad de la noche que quitó de sus espaldas el peso de un mundo inerte, sin nada para ofrecer a excepción de jaulas, cuadrículas, controles, filas, explosiones y colores engañosos.

Libre como el viento construyó su hogar sobre las colinas vírgenes de ese mundo nuevo, al terminar se tendió a descansar sobre la gramilla verde y fresca y cerró los ojos. Estaba en el único mundo posible.

Norma Nielsen

Nielsen es cuentista, poetisa y compositora de música. Tiene varias publicaciones y participó en antologías.

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