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Una idea equivocada que sobrevive

sábado 09 de abril de 2022 | 6:00hs.
Una idea equivocada que sobrevive

A comienzos del siglo XXI he publicado varios artículos donde puntualizaba lo negativo que sería para la Argentina la idea del ex presidente Carlos Saúl Menem de dolarizar nuestra economía. Uno de esos escritos tenía como título “El tiro de gracia” y, por el peso de su contenido, lo reproduje en uno de mis libros que publiqué en marzo de 2020, y que tiene como título ‘Con mirada propia’. En ese trabajo describo con mucha brevedad lo que terminaría ocurriendo en el país si se concretara la propuesta del ex mandatario nacional.

Después que Menem decide dejar atrás sus deseos de volver a la presidencia del país, esa idea fue desapareciendo progresivamente de los medios de comunicación nacional. Pero claro, no había desaparecido de la mente de los que coincidían con él, sino que la habían guardado para reflotarla en mejores ocasiones.

Por estos días las principales fuerzas económicas de la república siguen acentuando a su manera la presión para que el dólar se convierta en la moneda de referencia de la Argentina. La disparada inflacionaria, que siempre en mayor o menor medida afectó a nuestra economía, ha hecho que esas fuerzas económicas aumenten la carga para que se coticen sus productos usando el valor de la moneda estadounidense y no la de nuestro país. Pero esto no es un fenómeno de formación reciente. Eso forma parte de un proceso evolutivo, en el cual los últimos gobiernos nacionales no hicieron nada para frenar el espacio que va ganado en la cotización y hasta en la comercialización de muchos productos utilizando el dólar. Lógicamente, nunca esta práctica será la más indicada para frenar los precios, y al mismo tiempo tener un desarrollo armonioso de la economía en toda la Argentina. Porque aquellos que tienen el poder para imponer precios serán los principales ganadores, mientras que ahogarán las posibilidades de crecimientos de las empresas más pequeñas, y la mayoría de los asalariados verán cada vez más reducida su capacidad de compra.

Ahora bien, ¿cuáles son los principales motivos que hacen negativa la dolarización de nuestra economía? Primero de todo, porque no fabricamos esa moneda, y siempre estaremos sujetos a la cantidad de billetes que puedan ingresar al país. Al mismo tiempo, el Banco Central ya no tendría razón de ser, porque su principal misión es administrar los billetes que se producen en el país. La Argentina es una nación mediana en términos económicos, lo que quiere decir que se necesitarían muchos miles de millones de dólares para que reemplacen como circulante a nuestra moneda local. Como eso no se puede conseguir en lo inmediato, entonces una parte de nuestra sociedad se verá obligada a seguir manejándose con los pesos que quedan en circulación. Por supuesto, al no intervenir más el Banco Central, ese dinero tendrá el valor que le impone el mercado, restando aún más su capacidad de compra. Pero como los billetes no son eternos, y no hay Banco Central para emitir nuevas partidas, entonces el circulante de pesos comenzará a escasear en manos de muchos argentinos, mientras que los dólares seguirán siendo insuficientes para cubrir la demanda de nuestra población. Las posibilidades de crecimiento con desarrollo serán sólo buenos deseos. La existencia limitada de billetes verdes contraerá fuertemente nuestra actividad económica y, seguramente, las provincias o el mismo Estado nacional se verán obligados a emitir cuasimonedas para que no se achique demasiado el movimiento económico en la república.

Si eso llegara a ocurrir, el principal afectado será nuestro verdadero motor económico, que es el mercado interno. Como sabemos, las miles y miles de pequeñas y medianas empresas que hay en nuestro suelo viven de las riquezas que produce el dinero que circula dentro de nuestras fronteras. Ellas no son exportadoras. Entonces, esto generaría un efecto inverso a lo que soñamos muchos y a lo que debe aspirar cualquier gobierno, que es el crecimiento y la multiplicación de pequeñas y medianas empresas, porque son las que sostienen laboralmente a la mayor cantidad de personas que viven sobre este suelo.

Si optamos por la dolarización de nuestra economía, no tengan dudas que aparecerán muchos elementos negativos, tanto en lo interno, como en lo externo. Por ejemplo, en lo interno seguro que nos endeudaremos aún más, para atenuar un poco la falta de dólares. Nuestro déficit comercial será siempre muy elevado, tal como ocurrió durante la vigencia de la ley de convertibilidad. Las poblaciones que viven en las zonas fronterizas, como el caso de Misiones, no perderán la ocasión de ir a gastar su dinero en los países vecinos, por la diferencia de cambio. Los que puedan viajarán a disfrutar de sus vacaciones en el exterior, y lo harán porque les resultará mucho más barato que hacerlo en el país. Seguro también que abrirán las fronteras para que ingresen productos a bajos precios fabricados en países donde resulta muy barato emplear a las personas. Esto, más otras cosas que resultan largas de enumerar, implican siempre mucha salida de dinero de nuestro territorio. Dinero que nos hará falta para ayudar a sostener a nuestra economía. De esa forma, inevitablemente se irá achicando la industria nacional, una actividad imprescindible para el crecimiento de nuestro mercado interno. En lo regional, la participación argentina en el Mercosur también se verá afectada, porque no podríamos competir en muchas cosas con nuestros socios sudamericanos, que utilizan monedas propias en su actividad económica.

Estas son algunas de las cosas negativas que nos pasarían si optamos por dolarizar nuestra economía, como pretenden algunos en la Argentina. Por ahora hay una opinión mayoritaria en contra de esta idea, que ya fue plasmada en un proyecto de ley presentado por un legislador nacional de Juntos por el Cambio. Si el o los gobiernos no ponen freno a la utilización del dólar como moneda de referencia en las operaciones comerciales, en documentos de ese tipo, en la publicidad de los precios que hacen en los medios de comunicación, etcétera, podemos algún día caer en la trampa de esta idea, y dejar abierta la posibilidad de que nuestros hijos o nietos soporten las terribles consecuencias que ocasionaría si nos manejáramos con una moneda que no nos pertenece, y que está fuera de nuestro control.

Ramón Agustín Alegre
Escritor y periodista

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