martes 24 de mayo de 2022
Cielo claro 16ºc | Posadas

Oscuridad

domingo 03 de abril de 2022 | 6:00hs.
Oscuridad

Oscuro... Oscuro… ¡Qué oscuro está! No veo una estrella.

La luna ha desaparecido del cielo ¿Será luna nueva? ¿O el cielo estará cubierto de nubes preparadas para llover?

Miro hacia arriba, intentando encontrar una luz pero ni siquiera se notan las siluetas de los árboles bordeando la bóveda celeste que en este momento es negra como todo lo que me rodea.

Escucho el silencio. Hay una suave brisa que me hace saber que los árboles están a mi alrededor, las hojas cantan su canción al son de la corriente que las mece.

Los pájaros están callados, no es su hora de jolgorio ni de gorjeos.

Y los perros del barrio ¿por qué tan silenciosos? si todas las noches, a la hora de dormir, ellos conversan con sus ladridos de calle en calle, de manzana en manzana como si se pasaran datos importantes que todo el mundo debiera enterarse.

Y las luciérnagas ¿dónde se escondieron? Todas las tardecitas veo las lucecitas que emiten sus cuerpos como pequeñísimos farolitos de colores y hoy, que las necesito, para saber dónde estoy, hacia dónde voy, parece que no existieran.

Pongo las manos frente a los ojos y son parte de la misma oscuridad: ni un detalle, ni una parte más o menos oscura que la otra. Es como si se pudiera tomar un trozo de esta negrura, tocarla, amasarla…

¡¡¡Dios!!! Pienso en las personas que nacieron así, ciegas, ¿cómo hacen para andar por la calle? ¿Cómo hacen para salir de su casa? ¿Cómo hacen tantas cosas en la vida sin depender de otro o dependiendo muy poco?

Probaré, por un instante, caminar, moverme hacia mi casa.

Hice tantas veces el mismo camino que mi cuerpo quizás guarde la memoria de los pasos que debo dar, de los surcos de la calle, de los pozos que hay que sortear. Caminaré despacio, lentamente, tanteando con los pies antes de apoyarlos. Pero ¿cómo sé que voy en línea recta? Si me desvío corro el riesgo de tropezarme con la zanja y el puente de la casa de don Miguel, o meterme en el jardín de Rosa que está lleno de las flores de su nombre, cubiertas de espinas o, por el otro lado, puedo toparme con el tacuaral del Club, si por lo menos fuera un muro podría ir siguiendo su recorrido con la mano hasta llegar al portón porque sé que bien enfrente está mi domicilio, pero no… después del incendio ese tacuaral está tirado en el suelo, quemado, cortado, sus pedazos imitando puñales filosos, negros, carbonizados. Ni quiero pensar que puedo caer entre esos desechos secos puntiagudos.

Estoy inmovilizada, no me atrevo a dar el primer paso.

Cuando bajé del colectivo, crucé la avenida e inicié el camino hacia casa. De repente se cortó la luz de la calle y de cada una de las viviendas del barrio. El movimiento que tenía, acompasado continuó llevando mi cuerpo unos pasos más.

Luego mi mente comenzó a considerar todas esas reflexiones que me llevaron a la inmovilidad.

Pero… ¿Seré la única persona que se bajó del colectivo en esta calle?

-¡¡¡Hola!!! ¿Hay alguien allí?

Nada… sólo el murmullo de las hojas me contestó. Sentí, después de breves instantes, cuando comencé a deslizar lentamente un pie y después otro, una mano suave que tomaba la mía en silencio como diciéndome: Camina, yo te guiaré.

Aunque no recibiera ninguna respuesta seguí conversando acerca del problema con Emsa que teníamos en el barrio, las repentinas bajadas de tensión que nos perjudicaban con el uso de los aparatos eléctricos… Seguí caminando de la mano de esa persona ¿dije que era muy suave como la de un bebé, sin arrugas, callos ni detalles de ningún tipo que pudiera identificar?

Sentí como si ya estaba al final de mi camino, me detuve para orientarme, sabiendo que no lo podría hacer sin el uso de mis ojos pero… Se encendieron repentinamente todas las luces como si se hubiera amanecido de golpe… y estaba a la entrada de mi casa y a mi lado… sintiendo todavía esa mano tierna y tibia en la mía… no había nadie.

Myrtha Moreno

El relato es parte del libro Myr…arte. Moreno ha publicado además “Angeles conviviendo con el síndrome de Rest”, “A la una… a las dos… y a las tres” -en colaboración- y varios títulos en la Colección Taca taca.

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