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El antisemitismo

miércoles 23 de marzo de 2022 | 6:00hs.
El antisemitismo

E
xactamente a las 14.50 del sábado 14 de marzo de 1992 estalló una bomba en la sede de la Embajada de Israel en Buenos Aires, dejando un saldo de 29 muertos y 240 heridos. Fue un momento fatal e indigno en el que fue violada nuestra soberanía nacional por manos extrañas. Aunque en el recordatorio por los 30 años del infausto siniestro organizado por la Cámara de Comercio Argentino Israelí en la calle Arroyo al 900, donde hace tres décadas se ubicaba la delegación diplomática, la embajadora de Israel, Galit Ronen, apuntó contra Hezbollah e Irán como autores del atentado a la sede diplomática, reafirmando como un ruego: “Todos queremos tener a alguien preso por el mal que hizo”. 

El que también participó fue el viceprimer ministro del Estado de Israel, Gideon Sa’ar, quien no hizo acusación alguna, pero recitó como una oración: “Debemos recordar a los muertos en el atentado, fortaleciéndonos y mostrando que crecemos y prosperamos”.

Por su parte, Mario Montoto, presidente de la Cámara de Comercio Argentino Israelí, expresó: “En estos años aprendí muchas cosas del espíritu israelí, entre ellas que, ante el dolor, la vida siempre terminó triunfando. La destrucción y la muerte no fueron capaces de terminar con el amor del Estado israelí y el vínculo con el pueblo argentino”.

En tiempo actual no cabe la menor duda que los atentados tuvieron la gran colaboración de cipayos locales, cuya investigación estuvo desde el origen plagada de irregularidades y con acusaciones de encubrimiento contra altas autoridades.

Entonces la incógnita a dilucidar se resume si el atentado, según especulaciones, fue por pactos no cumplidos con Irán del gobierno, o si fue por simple odio a los judíos. En este caso, se trata de un atentado antisemita; entonces, nada mejor que recordar el escrito que hiciera en la Unesco el jurista y profesor de derecho francés, Robert Badinter, quien fuera ministro de Justicia y senador socialista en su país, Francia.

 El antisemitismo no es un fenómeno contemporáneo, sino un mal multisecular. Durante dos milenios, la condición de los judíos, especialmente en Europa, ha sido sinónimo de exclusión, sufrimiento y persecución desde la toma de Jerusalén por Tito en el año 70 y la dispersión de los judíos por toda la cuenca del Mediterráneo, donde fueron vendidos como esclavos en tan gran número que su precio de mercado, por emplear términos económicos modernos, se desmoronó en todo el Imperio Romano.

Desde esta época lejana, se han dado tres tipos de antisemitismo:

a) El religioso. Dio comienzo con la promulgación del Edicto de Constantino en el año 313 por el que se declaró el cristianismo religión oficial del Impero Romano; desde ahí, el odio al pueblo deicida que mató a Jesucristo. De ahí las persecuciones, las expulsiones y la matanza de judíos.

b) El nacionalismo. Indujo suponer al judío como extranjero y sospechoso en las naciones donde vivían, aunque hubieran nacido en ellas. Con el surgimiento de la Internacional Judía, inventada por los antisemitas, los tenían por traidores potenciales cuando surgía el mínimo problema nacional, por considerarse que estaban al servicio de un siniestro complot universal.

c) El científico. A finales del siglo XIX el antisemitismo pretendió ser “científico” y se volvió racial. Catalogó a los judíos como seres de una “raza” de misterioso origen oriental inasimilables por las naciones donde se establecían, en particular las pertenecientes a la raza aria superior, que corrían el riesgo de degenerarse por la presencia en su seno de judíos portadores de un sinfín de taras. Dio origen al nazismo con la secuela de millones de víctimas humanas en los enfrentamientos en el campo bélico y el asesinato en masa en los campos de concentración.

En la larga historia de la humanidad los judíos aparecen como una especie maldita a la que se imponen prohibiciones, confinamientos en guetos y marcas indumentarias, como si fueran animales peligrosos. Por eso debemos reconocer la inmensa importancia que tuvo la Revolución Francesa al proclamar en 1791, por primera vez en la historia, que los judíos asentados en Francia serían en adelante ciudadanos de pleno derecho.

La creación de un Estado judío en Palestina en 1947 por parte de la Asamblea General de las Naciones Unidas, no fue aceptada por todos y la respuesta fue la guerra lanzada por los ejércitos de los Estados árabes vecinos, que invadieron Palestina. La guerra fue favorable a los judíos y sus consecuencias son bien sabidas: el conflicto árabe-israelí nunca ha cesado. No cesará, si no se superan los odios religiosos.

 

PD.; Inicié mis estudios escolares (infantil) en la Escuela Superior Nº 1 Félix de Azara. Mi compañero de banco fue un niño judío que, en el tiempo aquel, debía retirarse del aula en clase de religión. Con el tiempo nos hicimos amigos y la amistad perduró en la adultez, hasta que partió de esta vida joven aún. Se llamaba Jaime “Jaimito” Levi. El ser humano más afable y manso que conocí.  

En la Biblia, ser manso no significa ser débil. El manso tiene una gran fuerza interior que le permite poner su voluntad y sus reacciones bajo el control de Dios con total confianza. No se deja llevar por sus emociones ni reacciona sin control ante una situación.

La «mansedumbre» es una actitud humilde que se expresa en el aguante paciente de las ofensas. «Mansedumbre» es un sinónimo práctico. Implica misericordia y autocontrol. La mansedumbre no es debilidad y nos ayuda a tratar a los demás con respeto.

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