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Informe de Domingo

Víctimas colaterales: cuando la violencia machista alcanza a los niños

La violencia de género genera un sinfín de traumas en la vida familiar, con hijos y otros parientes que padecen a causa de los maltratos físicos, económicos y psicológicos que reciben las mujeres. Y en ese contexto, cobra también relevancia la violencia vicaria, esto es, acciones de abuso machista que dañan a los niños con el objetivo de hacer sufrir a sus madres, que en ocasiones terminan con la muerte de los chicos, lo que se conoce como femicidio vinculado.

domingo 13 de marzo de 2022 | 1:27hs.
Víctimas colaterales: cuando la violencia machista alcanza a los niños
La mirada de especialistas y los organismos estatales y de la sociedad civil que se ocupan de contener a las víctimas y prevenir. //Foto: Imagen ilustrativa.
La mirada de especialistas y los organismos estatales y de la sociedad civil que se ocupan de contener a las víctimas y prevenir. //Foto: Imagen ilustrativa.

Andrea, una enfermera de 24 años, juntaba rápidamente sus pertenencias para huir de la casa que estaba habitando en San Vicente debido a que su ex pareja se había hecho presente y manifestó que se iba a quedar a vivir allí "le guste o no", pese a que ella le había expresado en varias oportunidades sus intenciones de separarse.

Fue entonces cuando, desde otra habitación, escuchó el grito desesperado de su hijo de 3 años de edad. Acudió rápidamente al llamado y vio al menor en los brazos de su padre, con los pies quemados. "Los dejó en carne viva", dijo una fuente policial que intervino en el hecho.

No está del todo claro cómo se produjeron las lesiones, pero el hombre, identificado como Diego Armando F. (34), no esquivó su responsabilidad. "Esto le pasa a tu hijo por tu culpa, no querés la felicidad de tu hijo", dijo según la denuncia de Andrea, cuyo nombre es ficticio.

Los hechos ocurrieron a finales del año pasado. La mujer le brindó las primeras curaciones al pequeño, pero no pudo llevarlo con profesionales de la salud a un centro médico debido a que el violento le dijo que como ella era enfermera, se iba a encargar de darle la atención necesaria en el hogar. Entonces, empezó otro calvario.

La denunciante manifestó que durante dos meses no pudo abandonar la casa. Solamente salió escoltada por el acusado para comprarle medicamentos y materiales de curaciones a la criatura.

Así estuvo hasta inicios de febrero, cuando el sospechoso abandonó la vivienda por un viaje a la localidad de Eldorado. Fue entonces que la joven enfermera huyó y se fue a la vivienda de sus padres en Paraje Las Limas, Colonia Alicia. Sin embargo, el calvario no había terminado todavía.

Horas más tarde el violento se presentó en el sitio con supuestas intenciones de ver a su hijo. Frente a los familiares de ella, Diego Armando se mantuvo sereno y conversó con los cercanos de ella como si nada hubiera pasado, pero en el momento que la joven madre ingresó sola al hogar, la siguió y extrajo de sus prendas un arma blanca.

En ese momento intentó atacarla, pero ella logró defenderse e incluso resguardó a su hijo. Según la presentación policial, el agresor tomó entonces una mochila con documentaciones y las llaves del automóvil de ella, con el que huyó de la escena a toda velocidad.

Este episodio se enmarca en lo que la prestigiosa psicóloga argentina Sonia Vaccaro, quien es especialista en victimología y violencia de género, definió como violencia vicaria, término sobre el cuál El Territorio se valdrá para la realización de este informe.

Se trata de un concepto sobre todo utilizado en España, donde está radicada la autora.
"Estos hombres violentos, frente a los obstáculos que las leyes y la Justicia ponen a su afán de ejercer la violencia sobre la que consideran 'su' propiedad privada, han encontrado el modo de continuar ejerciendo violencia y maltrato a través de la parte más vulnerable para ella: sus hijas/os. Todos los días vemos cómo hombres que durante el matrimonio no se preocuparon ni interesaron por sus hijas/os, al momento del divorcio solicitan la custodia compartida, un régimen de visitas amplio y algunos solicitan la custodia plena, sólo por su afán de continuar en contacto con la mujer y continuar el maltrato, ahora a través de los hijos y las hijas", introduce la profesional en sus artículos.

Y define a la violencia vicaria como "aquella violencia que se ejerce sobre los hijos para herir a la mujer. Es una violencia secundaria a la víctima principal, que es la mujer. Es a la mujer a la que se quiere dañar y el daño se hace a través de terceros, por interpósita persona. El maltratador sabe que dañar, asesinar a los hijos/hijas, es asegurarse de que la mujer no se recuperará jamás. Es el daño extremo".

Se trata, lastimosamente, de hechos cotidianos que, como en el caso de San Vicente, empiezan con la violencia hacia la mujer y que pueden ser de todo tipo, no solamente físico. Y así como la violencia de género más extrema es el femicidio, los femicidios vinculados son la violencia más extrema de la violencia vicaria.

"Es una acción de mentes perversas que buscan hacer daño a la mujer porque la consideran como un objeto de su pertenencia y cuando sienten que no pueden controlarla como quisieran se desatan estos episodios de extrema crueldad donde quedan atrapados los hijos", explicó Ada Rico, presidente de la Casa de Encuentro, una organización no gubernamental de referencia sobre la temática que atendió a este medio.

En Misiones, en tanto, organismo como la Línea 137, con un plantel de diversos profesionales, atiende cotidianamente casos de violencias psicológicas, económicas, sociales y físicas. Su encargada, Carolina Caspary, aportó que una de "las maneras más cruel de hacerle daño a una mujer es hacer sufrir a sus hijos".

Cómo se trabaja e identifica esta problemática en la voz de sus protagonistas y también el derrotero de la causa sobre uno de los hechos más atroces de la historia criminal misionera como lo es el triple femicidio de San Pedro son algunos de los artículos esta entrega, que invita a reflexionar sobre una de las tantas caras de violencia machista.

 

Informe de domingo

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