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Los negros en el origen de la sociedad rioplatense

domingo 13 de febrero de 2022 | 6:00hs.
Los negros en el origen  de la sociedad rioplatense

Los negros provenientes del continente africano fueron introducidos desde fines del siglo XVI por el puerto de Buenos Aires. Quienes han estudiado el tema afirman que mientras duró el tráfico esclavista ingresaron unos 70.000 negros al territorio. Pero esa cifra, calculada en base a los registros oficiales, pudo haber sido mucho mayor dada la existencia de un sistema basado en el contrabando de esclavos, en los siglos XVII y XVIII, que torna muy difícil la tarea determinar una cifra exacta.

Su condición de esclavos y su función de mano de obra rural o artesanal dieron a este grupo humano características muy peculiares en la sociedad colonial.

La situación jurídica del negro, a diferencia de los blancos y los indios que eran considerados como personas libres, residía en su condición de siervo. El esclavo era susceptible de contrato, donación o venta y sus hijos seguían la condición de sus padres. Recién en 1789, por Real Cédula se constituyó el denominado Código Negrero, que disponía cuestiones sobre la educación, alimentación, vestuario, atención sanitaria, diversiones, matrimonio, etcétera.

Previo a ello, una Real Cédula de 1683 recomendaba que los esclavos debían recibir buen trato, que tenían derecho al matrimonio, e incluso a comprar su libertad. No obstante es probable que pocos de esos derechos se hayan conseguido antes de 1789.

Desde el punto de vista social, se procuró evitar su contacto con indios y mestizos aunque el confinamiento que los reunía en la base social hacía que las mezclas con aquellos fueran constantes.

Además del mestizo, es decir la mezcla del indio con el criollo, que en la sociedad rioplatense tuvo un papel preponderante en los primeros tiempos, existieron otras combinaciones étnicas que se llamaron en su tiempo “castas de mezcla” como los mulatos y los zambos.

Los mulatos eran hijos de españoles y negras; los zambos de indio y negra o viceversa. Si las madres eran esclavas, los hijos seguían la condición de las mismas, y si por el contrario era india, el hijo debía tributar como se exigía a todos los grupos indígenas.

Mulatos y zambos, al igual que los negros, al ser considerados mano de obra, desempeñaron buena parte de los oficios serviles y tareas artesanales tanto en las ciudades como en el campo. Debían vestir de conformidad a su condición y se hallaban excluidos de revistar como oficiales, pero participaban en campañas militares como soldados, al mando de blancos.

Su situación de marginal, llevó muchas veces a negros, mulatos y zambos a tomar como modo de vida la vagancia, formando gavillas que se dedicaban al cuatrerismo en las campañas, muchas veces débiles de control policial. 

La introducción constante de esclavos dio lugar a que aumentara el número de individuos surgidos de cruzamientos con los negros, surgiendo nuevas combinaciones cromáticas en la sociedad rioplatense. El color de la piel decidía el rango que cada persona ocupaba dentro de la sociedad colonial.

La comercialización de esclavos atravesó diversas etapas en el ámbito hispano colonial. En un principio, rigió el sistema de licencias. Estas eran permisos individuales negociables, que autorizaban a llevar cierto número de esclavos negros hacia América. El rey lo otorgaba a un particular a cambio de una prestación en dinero por parte del beneficiario.

Este, a su vez, podía cumplir el compromiso o negociarlo con otra persona que lo tomara a su cargo. Se sabe que bajo este régimen comenzaron a ingresar esclavos al puerto de Buenos Aires a partir de 1588.

Estas licencias fueron sustituidas por el sistema de asientos, contratos de derecho público en el cual un particular o una

compañía se comprometían con la Corona a aprovisionar y comercializar los esclavos en América.

Este sistema que llevó a un fuerte monopolio por parte de compañías esclavistas, fue finalmente sustituido por el de libertad de tráfico. Poco tiempo después, con la independencia rioplatense de España se prohibió el tráfico de esclavos el 15 de mayo de 1812 y la Asamblea de 1813 dispuso la libertad de vientres, es decir de aquellos nacidos de madres esclavas.

Con algunas particularidades el comercio de esclavos continuó durante los tiempos de la Independencia, cesando el sistema definitivamente al promulgarse la constitución de 1853.

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