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El niño mordido por un perro rabioso o la leyenda de la cruz del gallo

domingo 23 de enero de 2022 | 6:00hs.
El niño mordido por  un perro rabioso o la leyenda de la cruz del gallo

Allá por el 1910, Apóstoles, crecía en forma lenta, merced al sacrificado trabajo de sus inmigrantes. Colonos polacos y ucranios que fueron arrancando las hojas del calendario de sus vidas con enorme esfuerzo, muy pocas veces valorado y prácticamente sin retribución económica ya que se murieron tan pobres como cuando vinieron después de regar con el sudor de sus frentes y abonar con sus carnes; estas tierras. Las capillitas emergían en un ángulo recto de Fe de las chacras, esa Fe religiosa único “tesoro” que habían traído de la Europa en sus casi vacías alforjas. Acudían permanente al rezo cuando alguna adversidad se les presentaba. Que otra cosa podían hacer cuando alguna plaga azotaba sus cosechas, cuando alguna epidemia diezmaba sus vidas, solamente les quedaba rezar, apretar fuerte el rosario, mirar al cielo y orar, después le quedaba el canto, compañero de muchas horas, siempre cantaron en las buenas y en las malas, eran canciones melodiosas y tristes, que estaban allí como una postal de reminiscencias, en los velorios o en los casamientos, en el trabajo y en el descanso, cantaban y rezaban entre el trago venenoso del alcohol o del tabaco.

Esta historia dolorosamente cierta me la contó un amigo y la vivieron familiares suyos, (no menciono el apellido porque es muy desgarrador el relato). El mismo se refiere a la rabia canina. Debemos acotar Google mediante, que no existe ningún tratamiento para la rabia una vez que se han presentado los síntomas. En estos casos, el individuo afectado está condenado a la muerte.

Sin embargo, sí existen hoy vacunas efectivas para prevenir la enfermedad. Todos los perros deben ser vacunados contra la rabia cuando aún son cachorros, algo que en aquella época (comienzos de 1900) era impensable, recuerdo que la Municipalidad de Apóstoles allá por el año 1960 comenzó una campaña de vacunación masiva y los maestros en las escuelas nos hablaban de los riesgos y peligros y hasta nos aconsejaban huir ante la presencia de cualquier can que presentaba ciertas apariencias dudosas.

La historia se desarrolla en un camino vecinal que venía de la Cruz del Gallo y terminaba en la actual Avenida Humada, tres hermanitos acudían a la vieja Escuela N 236(todavía estaba en proximidades de la plazoleta La Cruz del Peregrino) y al llegar a lo que hoy es el barrio Itatí fueron atacados por una jauría de perros vagabundos, algunos de ellos rabiosos, uno de los mellicitos (varones) fue mordido en la cara, el otro y su hermanita lograron escapar- En forma urgente fue llevado en un carro por sus padres al Hospital, allí le informaron que el chico debía ser aislado ya que estaba “rabioso” y podría atacar y morder a los demás(esto no sé si era tan así de peligroso) o contagiarlos por la saliva.

En medio de la ignorancia del momento, el niño fue atado por sus padres a un árbol del patio y se lo dejó allí hasta que murió, mientras que sus padres vivían atormentados por las súplicas del menor que nada entendía y que lloraba, gritaba y suplicaba que lo soltasen. Cuentan además que las desgarradoras súplicas la escuchaban día y noche todos los vecinos hasta que una fría mañana se apagaron para siempre cuando cantó el gallo, dicen los que saben allí en una esquina de la chacra se levantó la Cruz para recordarlo y que un herrero construyó un gallo de chapa por encargo de los padres del niño-La Cruz rememora el hecho y el gallo el momento exacto de la muerte del niño. El drama no terminó allí, el padre alcoholizado cuando denunció el fallecimiento de su hijo en el Registro de las Personas, se equivocó de nombre de los mellizos, nombrando al vivo como difunto, por lo que agregó un nuevo drama ya que así fue que uno de sus hijos vivió muchos años con el nombre de pila de su hermano muerto.

Tiempo atrás fui a visitar ese caminito vecinal tan apegado a nuestras caminatas infantiles, a nuestros juegos. Caminito que nos llevaba hasta lo que por entonces era la chacra de mi padre. Lo hallé totalmente distinto y vacío, habían cambiado hasta los recuerdos. Caminito que hoy revive en esta penosa y conmovedora historia, alzándose desde la Cooperativa de Arroz hasta la Cruz del Gallo, cruz que existe pero sin el gallo que rememoraba para siempre una triste anécdota, tampoco existe la pequeña capillita, resguardo sagrado que cobijó tantos rezos, cantos y lágrimas.

Esta leyenda urbana que me la contó mi amigo con un triste final para la familia, al niño lo ataron a un árbol paradójicamente como a un perro y así se murió, llorando y clamando por sus padres.

Dicen los vecinos antiguos que en atardeceres de viento norte misteriosamente se escuchan los llantos del niño y su voz en ucraniano pidiendo por su madre- “Mamka, mamka “ pedía el niño como un rezo, y a más de cien años de ese doloroso episodio mi corazón se persigna al memorarlo-.

Mario Zajaczkowski

Del libro Historias y leyendas urbanas de Apóstoles Misiones, presentado en la 40º Edición de la Feria Internacional del Libro en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

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