sábado 25 de junio de 2022
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Fue atacado a balazos por segunda vez en el A 3-2

“Cuando se fueron, la pierna se me empezó a adormecer y vi toda la sangre”

Marcos Sotelo (32) se salvó de milagro. Dos desconocidos desde un auto efectuaron al menos nueve disparos, de los cuales uno impactó en su pie izquierdo. Descartó ajuste de cuentas

jueves 20 de enero de 2022 | 6:05hs.
“Cuando se fueron,  la pierna se me empezó a adormecer y vi toda la sangre”
El único impacto que alcanzó el cuerpo del vendedor fue en el pie izquierdo y no resultó de gravedad. Foto: Federico Gross
El único impacto que alcanzó el cuerpo del vendedor fue en el pie izquierdo y no resultó de gravedad. Foto: Federico Gross

A mediados de junio del año pasado, Marcos David Sotelo (32) salvó su vida de milagro cuando desde el interior de un vehículo, dos hombres abrieron fuego sobre él y otros familiares frente a su vivienda de la manzana 19 del barrio A 3-2 de la capital provincial, balacera que minutos después se cobró la vida de su primo, Cristian Casimiro Sotelo (40).

Siete meses después de ese trágico episodio, pocos minutos antes de la medianoche de este último martes, Marcos volvió a esquivar la muerte al ser atacado nuevamente a tiros por dos desconocidos que desde el interior de un VW Up blanco efectuaron al menos nueve disparos sobre su humanidad y la de un amigo. Este último hecho se produjo a tres cuadras del lugar donde había sido atacado el año pasado y a pocos metros del viejo edificio de la Comisaría Décima.

Como consecuencia de la ráfaga de proyectiles, Marcos tuvo que ser derivado al Hospital Ramón Madariaga con una herida de bala en su pie izquierdo, aunque por fortuna el impacto no resultó de gravedad.

Por ello, cerca del mediodía de ayer la víctima regresó a su casa, donde continuará su recuperación, en medio de la preocupación y el temor por un nuevo ataque ante el que el hombre prometió que “no se va a regalar más”.

Aún con dolores propios de esas heridas, Marcos dialogó con este matutino y reconstruyó los instantes previos al hecho, episodio que negó que se tratara de un ajuste de cuentas y al que sí adjudicó como un ataque a su familia, pero vinculado a un posible hecho delictivo.

Sobre esto último comentó que tras la balacera, revisando las cámaras de seguridad de la casa de su hermana, quien vive cerca de su morada y se dedica a la venta de prendas de vestir con un importante local comercial, notó que el mismo VW Up en el que iban sus dos agresores pasó por delante de la propiedad.

También una motocicleta con dos jóvenes, de los cuales uno de ellos, instantes antes de la balacera, compró una hamburguesa en el puesto callejero que posee Marcos en la esquina de su casa, en la manzana 19, y que está a metros de la ex comisaría local.

“Estaban queriendo robarle a mi hermana. Ella tiene una casa grande acá, por eso piensan que ella tiene plata. Vinieron gente de otro lado a querer robarle a mi hermana y por eso nos andan queriendo hacer maldad a mí y a mi hermano para luego entrar a robar”, relató el vendedor, quien en ese momento se encontraba en compañía de un empleado y sus dos hijos menores de edad.

El VW Up blanco
“Yo estaba vendiendo hamburguesas, vi que pasó como tres veces el auto blanco y yo dije ‘¡qué onda estos que pasan a cada rato!’. Y un chico que iba en moto fue a comprarme una hamburguesa y yo le quedé mirando”, agregó Marcos, a quien en ese momento le llamó la atención que un coche blanco detuviera a media cuadra del lugar con las balizas puesta en dirección a su puesto.

Según la víctima, quien fue a comprarle fue el mismo que pasó por delante de la casa de su hermana instantes antes, y que junto a su cómplice marcó la morada con supuestas intenciones de robo.

También dijo que al ver la actitud sospechosa de su cliente, advirtió que este casi ni lo miraba, por lo que rápidamente sospechó que algo andaba mal.

“¿Qué hice yo? Estaba mi hijo y mi hija en la esquina conmigo. Yo medio sospeché algo y agarré la moto y fui a dar una vuelta para ver si me seguían a mí. Cuando salí, me fui a la casa de mi compinche (que vive a pocas cuadras del lugar, sobre la manzana 35), y de nuevo pasó el auto por enfrente y cuando fueron hasta la esquina de abajo les miré la cara a los dos. Cuando salió mi compinche a la vereda, le dije sobre el auto sospechoso. Pero cuando veo que sube de nuevo, veo que se baja la ventanilla del acompañante y escuchó el ‘pac pac’ (sonido de disparos)”, narró sobre el inicio de la secuencia de disparos que lo obligaron a arrojarse al piso y refugiarse detrás del coche de su amigo.

Y agregó: “Yo no tuve miedo a la pistola ni me desesperé, pero mi compinche entró a su casa. Si yo entraba como él, me iban a meter bala por acá (señala la espalda). Yo ahí me tiré a un costado del auto, me quedé mirando y agarré una piedra, porque si ellos bajan, yo les meto un piedrazo, me dije”.

Contó que el responsable de los disparos era rubio de ojos claros y llevaba puesta una gorra de color azul. También mencionó que durante los segundos que duró el ataque alcanzó a contar al menos nueve disparos, que la mayoría, impactó sobre el pasto de la vereda y la calle empedrada donde vive su amigo.

En medio de esa secuencia, varios vecinos que a esa hora se encontraban tomando tereré en la vereda o compartiendo la cena tuvieron que ingresar velozmente a sus moradas al escuchar las detonaciones.

Este matutino intentó hablar con varios de ellos, quienes prefirieron no dar detalles por temor a posibles represalias.

En el lugar del ataque, la manzana 35, aún quedan manchas de sangre en el piso. Foto: Federico Gross

“Primero, por la adrenalina, comencé a correr, pero cuando se fueron, la pierna se me empezó a adormecer y vi toda la sangre. Escuché que dijeron ‘le dimos, le dimos, vamos, vamos’, y ahí salí. A mi compinche le rozó un disparo”, puntualizó Marcos, quien tuvo que ser derivado al Madariaga en el vehículo de su amigo.

“Yo no me hago el santo, pero andaba tranquilo y nunca molesto a nadie. Si hubiera pasado algo así antes hubiera andado armado, pero no”, remarcó el entrevistado.

Por último, y partir de lo sucedido, el vendedor reconoció que por un largo tiempo deberá abandonar la venta de hamburguesas en el barrio y que verá junto a sus seres queridos la forma de poder seguir trabajando sin que su vida y la de su familia corra algún tipo de peligro. Incluso remarcó que varios de sus familiares tienen previsto abandonar el barrio por temor a nuevos ataques.

 

Segunda balacera en siete meses

El ataque a Marcos Sotelo (32) se produjo siete meses después de un hecho casi similar ocurrido el 13 de junio pasado en donde el hombre y varios de sus familiares fueron atacados a balazos por dos hombres desde el interior de un coche, aunque él resultó ileso. En esa oportunidad, quien se llevó la peor parte fue Cristian Casimiro Sotelo (40), quien murió luego en el hospital tras recibir varios impactos de bala. En tanto, otros tres jóvenes resultaron con lesiones de consideración, aunque pudieron recuperarse tiempo después. Este ataque se dio tras una gresca ocurrida horas antes en una fiesta clandestina desarrollada en el mismo barrio A 3-2. Los agresores, al parecer, juraron vengarse tras un incidente en la fiesta, y por ello, llevaron a cabo el feroz ataque a tiros.

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