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La eclosión de dos padres en un nuevo filme que explora el cruce de clases

lunes 10 de enero de 2022 | 6:00hs.
La eclosión de dos padres en un nuevo filme que explora el cruce de clases

El largometraje “El empleado y el patrón”, del director uruguayo Manuel Nieto Zas, protagonizado por Nahuel Pérez Biscayart, presenta en clave de drama social al vínculo entre integrantes de dos clases en apariencia antagónicas, pero que en la historia se funden en una relación afable y mutuamente culposa.

La cinta tendrá funciones comerciales próximamente, una emisión el jueves a las 22 en el canal Cine.ar y desde ese día disponible en la plataforma de la señal, además de incorporarse al catálogo de Flow desde febrero.

Con la presencia de actores no profesionales como Cristian Borges, el filme, escrito por Nieto Zas (La perrera, de 2006, y El lugar del hijo, de 2013) tiene en su elenco a Jean Pierre Noher, Justina Bustos y el rol protagónico de Pérez Biscayart, quien contó el proceso que atravesó durante la producción del drama.

¿Cómo diste con el proyecto?
Me contactaron para que leyera el guión y me atrapó, con un personaje no muy obvio para que sea interpretado por mí. Luego lo conocí al director en San Sebastián y todo se dio con mucha facilidad: él es muy abierto, concreto, generoso y sobrio. Tenía ganas de hacerlo y él de trabajar conmigo.

¿Qué te atrapó tanto del guión?
Tenía mucho del mundo del director. Pero, a la vez, con una narración más compacta y condensada, con un arco narrativo más evidente que en sus otras películas y sin dejar de ser un filme de personajes y sus particularidades. Es muy meritorio cuando se puede tener una estructura dramática concisa dando lugar a los silencios, las elipsis y las tensiones subyacentes.

¿Cómo sintetizarías el argumento?
Dos varones jóvenes en el particular momento de inicio de la paternidad, dentro de dos extractos sociales diferentes, sin planearlo terminan necesitándose mucho el uno al otro.

El director suele indagar en el drama social. ¿Es ese el núcleo de la narración?
Gira mucho en torno a la culpabilidad. Ocurre algo que pone en jaque las relaciones preestablecidas en el mundo de la agricultura industrial entre empleados y patrones. Es la posibilidad de contacto sincero, más allá de que ambos tienen que responder a mandatos sociales impuestos por tradición. En ese encuentro hay eclosión y la posibilidad de dar un salto hacia un nuevo tipo de relaciones. Es una especie de tragedia inevitable y suave. Es cuesta abajo todo el tiempo.

¿Cómo definirías tu personaje?
Un pibe de clase alta con inquietudes diferentes de las de su padre, que carga con el mandato de tener que tomar la posta del trabajo de su viejo como patrón. Tiene un bebé que podría tener un problema y eso lo fractura un poco y sensibiliza. Está confrontado por el peso de la responsabilidad de ser padre. Y en fricción con poder disfrutar de las abundancias y ver las negligencias del sistema de su actividad.

¿Qué fue lo más difícil del rodaje y cuánto duró?
Que nos morimos de calor, con 40 grados húmedos. Fue jodido pero es lindo también. O manejar una camioneta 4x4. El rodaje se hizo en tres etapas por una cuestión estacional: había que filmar en la época de la cosecha y en la de plantación. Así que duró más de un año, repartido. El total de días de rodaje no fue tanto.

En cuanto a tu experiencia de actuar en Europa, ¿qué es lo que más te gusta y lo más desafiante?
Lo mejor es tener más libertad a la hora de elegir. Poder conocer nuevos mundos, lenguas, culturas y personas con las cuales interactuar, aprender y colaborar. Este trabajo y cómo se me dio permiten ir hacia el otro más lejano y de manera más amplia que cuando uno está en su país. Lo lindo del trabajo es que naturalmente me está invitando a conocer a los otros más lejanos; es una fortuna.

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