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¿Qué aprendí este año?

jueves 06 de enero de 2022 | 6:00hs.
¿Qué aprendí este año?

Pienso que el hombre jamás ha estado expuesto a la incertidumbre y la intemperie como en la actualidad… ¿Cuándo pasará la pandemia?, ¿cómo pagaremos lo adeudado por la pandemia? Cuánto más avanzará el cambio climático?, etc. etc…

Hay numerosos especialistas en educación, entrenamiento o aprendizaje. Los hay académicos, serios y metodológicos, otros muy ágiles y algunos aburridos; pero he visto un video de un instructor muy activo en la participación del público asistente: se trata de Fernando De La Rosa.

Afirma que las personas, las organizaciones y la sociedad, para sobrevivir, deberían aprender al mismo ritmo que el entorno… pero para progresar, deberán aprender más rápido que el entorno. Seguidamente pregunta al público (unas doscientas personas), y que levanten las manos los que aprenden más lento, igual o más rápido que el entorno… (risas)

Cada uno de nosotros deberíamos tener una especie de libreta de anotaciones en la que, año tras año, solemos anotar las más importantes cosas que hemos aprendido…

Pero para intentar recordar qué aprendimos este año, por ejemplo, debemos mirarnos hacia adentro nuestro (hacer introspección). El expositor declara que este año él aprendió mucho sobre los datos (hay empresas en el mundo que están ganando mucha plata recopilando y clasificando datos del mundo); y que algunos de los datos que conocemos sobre nosotros mismos nos hace sentirnos mejor: somos más capaces, más desenvueltos, más audaces, etcétera.

En segundo lugar, aprendió a jugar al tenis; pero mejor que jugar aprendió a competir, a ganar y perder, lo que es mucho más difícil que meramente golpear a la pelota contra una pared.

En tercer lugar, aprendió a analizar sus hábitos, ya que los hay buenos y otros malos, considera que deberíamos decidir combatir los malos y estimular los buenos; pero para hacer todas estas cosas, antes debemos “aprender a aprender”, que es el fin de esta conferencia.

Para aprender, y lograr hacerlo más rápido que el entorno, afirma De La Rosa, antes deberemos saber tres cosas: a) reconocer que aprendemos gracias al entorno; b) que nuestras expectativas en la vida condicionan lo que aprendemos y con qué rapidez lo hacemos; si somos de formación académica, uno puede ser de perfil docente, y organizará sus saberes (nuestro pasado) en función de qué clases dictaré, si uno es del área comercio (comerciante o empresario), día a día tenemos cambios (tecnológicos, modas, finanzas, etc.) desarrollando versatilidad y reflejos. Finalmente, si soy consultor, deberé desarrollar condiciones de “predictor”, estimando hacia dónde evolucionará –cualitativa y cuantitativamente– la actividad de la institución en la que me gano la vida.

Señala que estas tres miradas son –sucesivamente– hacia atrás, hacia el presente y hacia el futuro; en segundo lugar, es indispensable poseer un método; que por ejemplo ayude a retener lo que se va aprendiendo sobre la marcha en cada evento de capacitación (como esta conferencia, insiste De La Rosa, donde unos pocos anotan, otros graban y otros ya verán como recordarán estas reflexiones…).

Hay un tercer aspecto: es el emocional; si uno no sabe o no le interesa la cuestión que se expone, De La Rosa afirma que hay cinco posibles actitudes a adoptar: si uno está perdido, sin puntos de referencia, y uno es consciente de que está sin rumbo intelectual o emocional para seguir, debo aprender algo; si lo que estoy escuchando o viendo me ayuda a resolver problemas concretos diarios, debo prestar atención; si me aporta o no para mis antecedentes y mi carrera; si me permite elevar mi status intelectual en comparación con otros colegas; y si realmente esto que estoy aprendiendo me ayuda a entender el mundo.

Hasta aquí todo es teóricamente y metodológicamente válido –a no ser que el entorno evolucione más rápidamente que cualquier aprendizaje personal– en cuyo caso la realidad va generando cada vez más matices, alternativas y opciones, a tal punto que muchas veces alumnos o escuchantes brillantes cuestionarán nuestros planteos, y este proceso se seguirá acelerando en el futuro, por lo que la ley de la evolución humana señala el camino.

Sagazmente De La Rosa utiliza en este momento nuestro pasado antropológico que revela que hace varias decenas de miles de años existíamos en la Tierra los Homo sapiens conviviendo con el Homo Neardental, más vigoroso y rápido, y más adaptado al medio ambiente, pero que no pensaba y reflexionaba como su especie contemporánea: el Homo sapiens (nosotros), que dialogaba buscando nuevas modalidades y alternativas de acción (por ejemplo en innovaciones técnicas en herramientas y enseres o en la forma de cazar) mejorando el entorno y sobre todo, compartiendo sus nuevos saberes con explicaciones a sus congéneres: sus hijos, alumnos o vecinos de caverna, para facilitar la sobrevivencia y el progreso, quizás pensando que la clave era multiplicar socialmente nuestros conocimientos y aprendizajes.

Eso es lo que estamos haciendo ahora.

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