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Carmelina, un hogar que está en el corazón de la gente

lunes 27 de diciembre de 2021 | 15:13hs.
Carmelina, un hogar que está en el corazón de la gente

El trabajo que se realiza en el hogar de ancianos “Carmelina” de esta ciudad desde hace años y donde hoy conviven 24 pacientes, no pasa desapercibido y por varios factores. La comunidad siempre lo tiene presente en sus donaciones de trabajo, elementos y sobre todo tiempo. El fin social que posee hizo a la realidad que no existan personas en situación de calle sino contendidas en un espacio amplio, acogedor y con todo lo necesario para una buena atención; quienes dirigen y sostienen en el tiempo esta obra parecen jamás cansarse pese a los años y los embates.


Esta institución, nacida a principios de la década del 70 cuando comienza a funcionar el hospital local en su nuevo predio de calle Rivadavia, es quizás una de las que en los últimos años ha logrado sensibilizar a la comunidad donde asociaciones, iglesias, dirigentes, funcionarios y vecinos en general están siempre dispuestos a dar una mano a estos internos.
Su inicio data de cuando dirigía el nosocomio el extinto médico Carlos Alberto Jarque y decidió traer “a vivir al hospital a Carmelina, una mujer con retraso madurativo que deambulaba por la ciudad con su hija Martita, al tiempo llegó Ramona que todavía hoy está con nosotros” cuenta Norma Varela, una psicóloga ya jubilada en sus funciones pero que es quien pone su tiempo, sapiencia y fuerzas para que este lugar hoy sea un ícono de hogar de ancianos único en su tipo en la provincia.
El tiempo fue pasando y lograron en la década del 80 construir un salón con algunas habitaciones en la parte de atrás del hospital que estaba destinado a personas que por aquellos años venían desde colonias lejanas y debían permanecer junto a familiares internados por muchos días y no tenían donde alojarse en la ciudad, de allí que el lugar se empieza a conocer como el pabellón de crónicos.


Desde 2011 que asumió como director del hospital Matías Sebely “comenzaron las tratativas y gestiones para poder darle una mejor calidad de vida a los 7 internos que ya tenían e ir ampliando la capacidad” recuerda Norma Varela quien es el motor principal de que el lugar se proyecte y siempre sea visible a la comunidad acompañada por el enfermero  Orlando Rodríguez y la incansable Lita Quiroz, quienes han logrado que este hospicio sea una obra llena de amor y solidaridad.
Desde el año 2014 el lugar fue renombrado a Hogar de Ancianos “Carmelina”, en honor a la primera habitante del lugar y en aquel entonces se invirtieron 600 mil pesos otorgados por el gobierno provincial y otros 200 mil aportados por la Cooperadora del Hospital con lo que se logró tener un moderno espacio de 1600 metros cuadrados preparado para 12 mujeres y 12 hombres distribuidos en amplias habitaciones dobles, baños acondicionados hasta para que ingrese cómodamente una camilla, un salón comedor con TV y mesas redondas, una sala de estar  y de artesanías y manualidades, un gimnasio con elementos donados por la comunidad y hasta una parrilla donde don Luis Ríos, un hombre de 69 años de profesión pintor y que por un ACV quedó postrado y sólo hoy recuperado en un porcentaje,  se convierte todos los viernes por la noche en el asador del hogar.
El crecimiento no para y “ya nos estamos ampliando con una obra que nos va a permitir agregar 8 internos más con sus baños con un consultorio privado para que los médicos Martín Alcaraz y Oscar Pfeiffer que siempre y a toda hora nos están ayudando puedan atender a nuestros pacientes” dice Varela.


Empatía


Visitar el hogar Carmelina, es ver a personas que estando al borde del abismo de sus vidas fueron rescatadas y hoy viven sus días en un ambiente sumidos en uno de los mayores y más sublimes estados emocionales que cada ser humano busca estar: en paz.
En medio de un lugar donde quizás la fragilidad de la vida se hace visible, donde la vulnerabilidad del ser humano se muestra en crudos relatos al adentrarse en la historia de cada uno de los que están o pasaron por aquí Norma Varela define el combustible de su ímpetu y, quizás, una de las razones por la que logra tanta empatía de los alemnenses: “este lugar te da esperanza en la humanidad, acá uno aprende mucho sobre el valor de la vida” reflexiona y en medio de emociones que no logra (ni quiere) controlar cuenta que “nos pasan  cosas muy locas, me paran en la calle de la nada para preguntarme que necesitamos, que pueden hacer, en que nos pueden ayudar y yo creo es porque este lugar te da la oportunidad  de ayudar, de ser bueno”, remató.

Expresiones del alma

Su título lo define todo y en el marco de ser visibles a la comunidad,
la joven profesional local, Sofía Ramírez, junto a su colega Víctor de Simón, quiso mostrar en imágenes esa paz que inunda a cada uno de los que viven en el hogar de adultos mayores Carmelina y para ello realizaron un trabajo de fotografía a cada uno de los integrantes que fue luego expuesto en la Casa de la Cultura y el Bicentenario local.
Movida por esta loable necesidad de ser parte, de ayudar desde la realidad y posibilidad de cada uno, Sofía Ramírez dice que con su exposición trataron de “leer rostros, miradas, comprender que la vida no es fácil, que cuesta vivirla con todas las emociones y experiencias por las que tenemos que pasar para aprender a cuidarnos y ser fuertes en cada circunstancia” dice.
La impecable muestra fotográfica tiene la intención de ser expuesta en forma permanente en las paredes del hogar o el hospital.

 

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