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En búsqueda del olor a Navidad

domingo 26 de diciembre de 2021 | 6:00hs.
 En búsqueda  del olor a Navidad

-Mamá, tenemos un serio problema— dictaminó Sara, con los ojos abiertos como platos. Su pelo rubio era largo como el de las princesas que ella admiraba, y su baja estatura hacía que éste barriera el suelo a medida que sus inquietos pasitos rondaban la sala. —¿Qué pasa m’ija?— respondió su madre. El calor de Misiones en pleno diciembre azotaba las siestas y la “argelaban”, como se dice en la zona, pero ella siempre tenía tiempo para escuchar las ocurrencias de su primogénita.

—Miré en mi calendario y ya es 23 de diciembre ¡y no siento olor a navidad! Hay que hacer algo ma, estoy preocupada, ¿y si Papá Noel no siente el olor a Navidad y se olvida de traer regalos? Su madre la miró con ternura y se le escapó una sonrisa, pero enseguida puso una cara seria al ver que a la niña no le entretenía la situación.

—Me parece que esto requiere de una misión navideña especial. No podemos dejar que el olor a navidad desaparezca para siempre, ¡mucho menos dos días antes de la fecha!

—Ya sé, mami. Pero por suerte creo que tengo el plan perfecto. La madre se sentó a escuchar las ideas de Sara mientras cebaba un tereré de cocú. La pequeña realmente tenía una imaginación interminable, pero su proyecto era genial. Sara, quien era una niña muy querida en el barrio debido a su alegría y empatía tan características, necesitaba la ayuda de todos sus vecinos para recuperar el olor a navidad. “Yo no creo que haya un solo olor a navidad, mami”, dijo mientras relataba el plan. “Cada persona lo huele diferente, y le da su propio significado especial”. Su idea consistía en que cada uno de sus vecinos le preste un solo objeto que represente el olor a navidad para ellos. Al poner todos estos objetos en un gran canasto en el centro de la plaza de la ciudad, Papá Noel no tendría manera de perderse, ya que todo el olor a Navidad del barrio estaría concentrado en un solo punto.

—Me parece un plan maestro— contestó su madre.

—Lo es, y tenemos que comenzar lo antes posible. Así fue como Sara comenzó su travesía a través del barrio. Primero, aplaudió en casa de Doña Rosa. Le comentó su preocupación y le pidió encarecidamente que le regale un objeto con olor a navidad.

—Olor a Navidad...— dijo Doña Rosa —Y serán los pan dulces caseros que hace mi mamá, pero hace tantos años que no hablo con ella... Aún así, ante las insistentes súplicas de Sara, Doña Rosa se comprometió a hablar con su mamá y pedirle un pan dulce casero para poner en la canasta.

El siguiente vecino fue Juan. Se rió al escuchar la propuesta de la pequeña, para él el olor a navidad era olor a viruta. Juan solía trabajar en una carpintería con su hijo y en época navideña construían unos simpáticos pinos de madera. Desde que su hijo falleció no volvió a hacerlos, pero, motivado por el espíritu navideño de Sara, se propuso hacerlos de nuevo ese año.

Luego, la niña tocó el timbre en la casa de su amiga María Elisa. El olor a navidad para ella era el aroma del perfume que su mamá se ponía una sola vez al año: para ir a la misa navideña. Sin embargo, su mamá se encontraba de viaje por trabajo esa semana, entonces no creía poder ayudar en la misión.

Sara siguió caminando por el barrio toda la tarde, recolectando objetos e historias.

—Creo que ya sé por qué no hay olor a navidad este año, ma— dijo. —Todos parecen estar alejados de lo que más aman. A pesar de las historias de dolor y separación que oyó esa tarde, gracias a sus grandes esfuerzos Sara logró estar la noche siguiente en la plaza, parada junto a una gran parte del vecindario alrededor de una gran canasta. La canasta contenía todos los objetos que habían sido prometidos, decenas de historias se acumulaban allí para crear un aura totalmente mágica.

Sara cerró fuerte los ojos para inspirar por la nariz. —¡Ahí está, mamá! ¡El olor a Navidad comienza a aparecer! La mamá de Sara miró a su alrededor. Doña Rosa, quien no hablaba con su mamá hace años, ahora estaba abrazándola mientras ésta compartía la receta de su pan dulce. Juan miraba el pino con dulzura: la pequeña Sara había logrado que su corazón cambiara el dolor por esperanza, y que sus manos crearan otra vez.

María Elisa salió corriendo gritando de felicidad: ¡su mamá había llegado a la ciudad a darle una sorpresa de Navidad! —Hijita mía, no sólo le devolviste el olor a la navidad: le devolviste todo su significado.

Ana Paula Maier

Primer premio de la IX Edición del Concurso Nacional de Cuentos navideños de la Fiesta Nacional de la Navidad del Litoral. Maier es de Posadas

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