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Del asilo Carmelina a la fiesta máxima en Alem

Un picnic para despertar el espíritu de la Navidad en los abuelos

Fueron algunos de los que hicieron adornos especiales para la Fiesta Nacional de la Navidad y disfrutaron con entusiasmo poder pasear nuevamente por el predio

domingo 19 de diciembre de 2021 | 6:05hs.
Un picnic para despertar el espíritu de la Navidad en los abuelos
Los abuelos pudieron observar todas las muestras y ver su aporte en la fiesta. Foto: Sol Báez
Los abuelos pudieron observar todas las muestras y ver su aporte en la fiesta. Foto: Sol Báez

Una tarde espléndida. El cielo despejado parece acompañar con el sol a pleno; sus rayos iluminan el parque temático de la Fiesta Nacional de la Navidad que vive un momento de silencio a la espera de un grupo de 24 internos del hogar Carmelina, quienes llegan, como todos los años, a realizar un particular día de campo para disfrutar la fiesta. Este año, la salida recobró un especial sentido, tras los meses de aislamiento y cuarentena que vivió el mundo con la pandemia.

Además, el grupo de personas con enfermedades de distinta índole, llegan este año con un nuevo integrante, Ori, una perrita adoptada hace poco más de un mes y que es la compañera de todos.

La magia de la Navidad acompañada con una ornamentación impecable se verá reflejada en cada uno de quienes integran este contingente. “La verdad que lo que sucede en sus vidas es algo fantástico”, cuenta la psicóloga Norma Varela, una de las responsables del hogar de ancianos que alberga a 24 adultos mayores sobre la tarde especial que viven en la Fiesta.

Cabe destacar que muchos de los abuelos estaban en situación de calle, deambulando por Alem antes de llegar a este lugar donde tiene atención de primera calidad y con el aporte de toda la comunidad. “Te diría que medio Alem siempre nos está preguntando qué necesitamos, en qué nos pueden ayudar y la verdad que están muy bien”, cuenta la profesional.

Ver a Norma Varela, comandar este equipo de trabajadores que atienden a estos tan particulares pacientes, despierta hasta una cierta incógnita de cómo se puede tener semejante compromiso social. Ella misma se encarga de detallar “que cada uno tiene su historia”. La profesional que lejos de transformarse en una jubilada tradicional volvió a poner su tiempo al servicio de este lugar cuenta que su mayor motivación es “tener mi tiempo ocupado en ser útil a otro, en ser necesaria”. “Los tengo que cuidar a ellos y eso es un poco lo que siento internamente que me da vida”, reflexiona.

Hace sólo algunos meses atrás Norma “Pelusa” Bueno recorría sin razón la ciudad hasta que el equipo del hogar Carmelina le dio asilo y una paz que hoy contagia. Como varios de sus 23 compañeros de hospicio, Pelusa puso su granito de arena para la fiesta de la Navidad haciendo flores y adornos. Por eso, en su visita al parque temático, observó con emoción su trabajo colocado dentro del predio. Su alegría, satisfacción trascendía cualquier diálogo.

Algunos ocasionales vecinos de la ciudad que llegaban al lugar y veían a Pelusa se sorprendían; ella misma reconocía a varios y los saludaba alegre llamándolos por sus nombres.

Por otro lado la felicidad de Eugenio Pintos también reflejó una mejor calidad de vida. Es que el tabaquismo y alcohol habían hecho un contexto nefasto de su vida antes del asilo, con un entorno agravado por impedimentos físicos al no tener piernas. Su vida, si así podía llamarse, era en el barrio Sagrada Familia, un caserío construido en la década del 80 para darle un lugar a muchos necesitados por quien fue ciudadana ilustre de la ciudad, la monja Claudia Tarnowski.

La cura no fue otra que contenerlo, llevarlo a un ambiente donde la salubridad no sólo se vislumbra desde lo tangible sino fundamentalmente desde ‘adentro’, de los afectos. Poder visitar y ver la decoración de la fiesta que no solo alimenta la vista sino que trasmite una energía sin igual que solo se puede percibir in situ, hacen que el rostro de Eugenio saque a flor de piel sonrisas que tenía guardadas hace quién sabe cuántos años.

Ori, nueva compañera
Como si el compromiso y amor del equipo del hogar Carmelina fuera poco, hace poco más de un mes decidieron adoptar a Ori, una perra abandonada y rescatada por el refugio de mascotas Colitas Chochas. La perrita ya es parte de esta gran y particular familia, y los acompaña a todos lados.

Por eso, en una tarde tan especiial, plagada de buenos sentimientos y espíritu navideño, Ori no podía estar ausente.

Así, Norma Varela explica que con el animal iniciaron una terapia nueva con todos los pacientes y entre los 24 internos cada uno con sus posibilidades físicas, la bañan, alimentan y la cobijan.

 

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