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Get Back

domingo 19 de diciembre de 2021 | 6:00hs.
Get Back

Cerró el portátil, se sonó los mocos y amagó un lagrimón. Había soportado hasta el final el documental de Peter Jackson y subido por enésima vez a la azotea de la calle Savile Row en Londres con Los Beatles, cuando tocaron juntos por última vez en aquel sublime ritual de despedida. Fue duro, en 2021 no quería verlos ni oírlos, lo deprimían. Se sirvió otro dedo de whisky, ya no le quedaban dedos para mentirle al vaso y la botella estaba casi vacía. De despatarró en el sofá de la sala, echó la cabeza para atrás, recordó el cine de su barrio con el techo corredizo. Cuando hacía mucho calor se abría y era maravilloso ver titilar las estrellas en el cielo de las noches de verano. Atrasó el reloj de su vida unos cincuenta y seis años.

En 1965 ya se habían estrenado A Hard Day´s Night (Yeah, yeah, yeah en Argentina) y Help! las dos primeras películas de los Beatles. La inaugural lo sorprendió en sexto grado de la primaria y la segunda ya en primero de la secundaria. Lo dejaron con ganas. Revisaba obsesivo la sección cinematográfica de los diarios. Mientras sus compañeros del colegio, exponiéndose a enfermedades mentales y a que les crecieran pelos en las manos, recortaban las publicidades de las películas de Isabel Sarli abrazando sus tetas, él buscaba cualquier estreno que tuviera que ver con el swinging London. Poco y nada. Hasta que en 1966 Ramón “Palito” Ortega acomete con un bodrio infumable, un supuesto documental titulado El Rey en Londres dirigido por Aníbal Uset. De partenaire anfitriona en Inglaterra oficiaba Graciela Borges, hablando con su eterna papa porteña en la boca. No pudo resistir la tentación y la vio clandestinamente, el pecado mejor guardado a lo largo de su vida. Por esa edad los beatlemaníacos ortodoxos, como él, no tragaban la onda aceitosa del astro de la “nueva ola” argentina.

No fue el único desliz cometido por la fiebre de asomarse al mundo sesentero de los Beatles. Para el mismo año las salas de Buenos Aires exhiben Un italiano en Londres con Alberto Sordi (cuyo título original fue, el mucho más realista, Fumo di Londra) y él también se mandó furtivo.

Iba mucho al cine, consumía series por televisión y desde antes de aprender a leer devoraba revistas de historietas a diario. Por lo tanto, sin que aún lo supiera, el montaje o edición audiovisual era algo que ya estaba ejercitado en su forma de ver algo. De hecho uno de sus juegos solitarios era dibujar un story board imitando lo que después se llamaría cómic para fanzines (una técnica que no conocería hasta varios años después).

Una escena de esta película con Palito Ortega lo sorprendió, con catorce años ya se daba cuenta cuando unos fotogramas cambiaban de color o se producía un pegoteo que pretendía crear la ilusión de una continuidad totalmente falsa. Esto es precisamente lo que sucede cuando llega la parte en que los Beatles cantan She loves you como “teloneros” del rey tucumano. John, Paul, George y Ringo se ven con una textura real, propia de un documental filmado en una sala de conciertos que arde, color saturado, grano grueso, movimientos de cámara. Y de pronto con una imagen acartonada, bien iluminada y enfocada aparecen por el costado del escenario Palito Ortega y Graciela Borges.

Los Beatles terminan su canción, una cámara los toma de espaldas, no se les ve la cara, sólo un pelo tan rígido como una peluca que les cubre la nuca. La Rickembacker 325 de Lennon tiene tres pastillas pero un clavijero diferente y los tipos como si nada, abruptamente, salen del escenario. Uno, no se distingue cual de los cuatro, saluda a Ortega con un apretón de manos y el argentino camina hasta el centro del escenario, una voz en off lo presenta en inglés y el turista sudamericano se pone a cantar una canción melosa frente a la misma platea de chicas que aun aúlla como si los Beatles hubieran seguido tocando. Un parche con plasticola.

Él no puede entender lo que sucede en la pantalla, hasta el cortinado del escenario es otro. Eso fue suficiente para que abandonara el cine convencido de haber visto el empalme de películas más torpe posible con cuatro pelagatos disfrazados de Beatles.

Con esas dotes visuales, después de la secundaria estudió cine y se ganó la vida como un discreto montajista de películas y videos. Pero esa noche después de ver Get Back y recordar el timo de Palito Ortega necesitaba desahogarse con alguien. Llamó a Alejandro Contes Bradley su socio de siempre en cuanta producción independiente se aventuró, ahora vivía en Nueva York y era la única persona que conocía aquella escapada adolescente al cine de la calle Lavalle para ver la bazofia mal trucada de Palito Ortega. Su amigo investigó en Internet, era una saqueador informático profesional, y encontró el fragmento de la película que aún lo atormentaba. Le responde.

¡Los Beatles banda soporte de Palito Ortega! es como mucho, no se puede

Creer. Muy trucho, dale la cana y subí el link de YouTube al Facebook. Esto es algo que sucedió pero quedó en el olvido y hoy nadie lo recuerda.(1)

Ya está, lo acabo de postear.- Dijo liquidando la botella de whisky y buscando sin éxito el dedo número once de sus manos.

De acuerdo, ahora sigo con mi trabajo.- Respondió el camarada que pirateaba películas para una plataforma clandestina.

- Me diste una buena idea, hoy subo unos largos de Palito Ortega que logré hackear, escuchá algunos de los títulos que dirigió: Dos locos en el aire, Brigada en acción, Vivir con alegría y ¡Qué linda es mi familia! ¿Sabés de qué años son? Van de 1976 a 1980. ¿Me escuchás? ¿Estás ahí todavía?

No, él ya había apagado el celular. Buscó la palanca eyectora, la activó, se abrió el techo del living como en los viejos cines de barrio, se disparó el sillón hacia las estrellas y huyó volando across the universe…

Carlos Piegari

Piegari cursó estudios de filosofía y comunicación social. En Posadas se desempeñó como periodista y gestor cultural. En 2018 se publicó en España su novela Kitschfilm y este año su segunda novela Summa Baiulus.

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