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“Yo gané el Prode, ¿y usted?”

lunes 13 de diciembre de 2021 | 6:00hs.
“Yo gané el Prode, ¿y usted?”

El nombre del artículo se parece bastante a los programas de televisión de Roberto Galán, con títulos como: “Yo me quiero casar, ¿y usted?

A fines de 1971, Francisco “Paco” Manrique, un ministro de Bienestar Social de un gobierno impopular, introdujo a la Argentina el juego de azar denominado Pronósticos Deportivos.

El juego consistía en una tabla con todos los partidos de primera división. El apostador debía marcar con una X si el resultado era local, empate o visitante.

Eran 13 los partidos y el ganador debía acertar los 13; el costo de la boleta era accesible y existía la posibilidad de marcar un doble en los casilleros o un triple con un valor un poco mayor.

No sería exagerado afirmar que al Prode lo jugaban todos, los que entendían de fútbol y los que no tenían ni idea, porque el ganador salía en quién acertaba un “batacazo”.

Investigaciones han demostrado que nuestro cerebro tiene un centro de recompensa especial, que tiene relación con los placeres, juegos de azar, comida, algunas drogas, música y sexo; esto libera dopamina (la hormona de la felicidad). Las empresas desarrolladoras del juego hacen todo lo posible para que la gente regrese por una dosis de dopamina. Los premios del Prode eran millonarios y la adicción a éste se tornó relevante, porque el Estado dijo que las ganancias que generaría el juego serían destinadas a fomentar y colaborar con el deporte.

Resulta difícil resumir un tema tan vasto como este, lleno de sorpresas, de anécdotas coloridas, o tristes, reflejada en todos los apostadores y su ilusión de convertirse en millonario.

El paraguayo Mercedes Ramón Negrete fue el primer ganador con trece puntos, 9 locales, 1 empate y 3 visitantes; a los valores actuales más de 20.000.000 millones de dólares.

Para ser único ganador acertó el batacazo de la jornada. Gimnasia de la Plata le ganó a Vélez Sársfield 3 a 2 faltando 5 minutos para el final del partido.

Contrariamente a lo que ocurre actualmente donde el acreedor de una importante suma de dinero en un juego de azar, debe resguardar sigilosamente su identidad, Negrete se hizo tan popular que salía en los diarios, hablaba en las radios y visitaba los canales de televisión.

Su vida cambió totalmente, abandonó a su concubina e ingresó a un mundo desconocido para él, propio de una telenovela de Alberto Migré o de la misma película que se filmó con el nombre del artículo.

Algunos dijeron que terminó siendo estafado y en las ruinas; en realidad regresó a su país, vive en su pueblo natal, Pilar. En una entrevista sostuvo:

–Ya me ves, vivo tranquilo, como cualquier hijo de vecino.

Los partidos se jugaban uno el viernes adelantado para la televisión y los doce restantes los domingos en el mismo horario. A las 10 de la noche se sabía si había ganadores con trece aciertos. No existía el ‘efecto La Matanza’ por entonces, porque con mucha menos tecnología Lotería Nacional brindaba los resultados a esa hora.

Los apostadores del Prode esperaban hasta último momento para hacer sus apuestas, las mujeres que prácticamente no concurrían a las canchas eran las más consultadas, apelaban a su buena suerte para el batacazo.

En una jugada del Prode ganó medio país. Se dio la lógica y el reparto de dinero fue insignificante. Muchos gastaron más en los festejos, que lo que cobraron por acertar los 13 encuentros. Los partidos se trasmitían por radio, la gente contaba los 12 aciertos y soñaba con el empate de Estudiantes de la Plata, que estaba perdiendo 1 a 0. A los 49 minutos del segundo tiempo, los pincharratas empataron el encuentro y empezaron los festejos, los abrazos, las frases:

–Vamos a esperar cuantos ganadores hay.

–Andá a buscar salamín y queso, por lo menos una picada tenemos que hacer, con algo para tomar.

La picada salió más cara que el premio que cobraron.

El Prode se jugaba en todos lados, en Apóstoles también, pero no existía una agencia para realizar las apuestas.

El dueño de la Pizzería Múnich, Ladislao Hubert, recibía los borradores hasta la tarde noche del miércoles; el jueves se trasladaba a Posadas y por la tarde los apostadores pasaban a retirar sus boletas por el negocio.

Sorpresivamente, un miércoles por la mañana, un señor con buena dicción y vestimenta, recorrió las calles Belgrano y Alvear para retirar las boletas y el dinero para las apuestas.

– Don Hubert no quiere que se molesten en ir hasta el negocio, mañana pueden retirar los comprobantes.

 El día jueves los vecinos se apersonaron en la pizzería y el dueño les informó:

-Cómo les voy a entregar las apuestas si ninguno de ustedes vino por aquí a traerme como siempre.

–Le entregamos a un señor que usted envió para que nosotros no nos molestásemos en venir.

–Yo no mandé a nadie.

-¿Y el dinero?

–A mí nadie me entregó nada.

 La gente fue a la comisaría a realizar la denuncia, algunos comentaron que vieron abordar un colectivo de línea hacía Posadas a un señor desconocido con un portafolio.

La historia terminó en un misterio, al embaucador lo tragó la tierra y en esa jugada el pueblo no pudo participar.

Esa vez, “Yo no gané el Prode, ¿y usted?”.

Por Ramón Claudio Chávez
Ex juez federal

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