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El tesoro

domingo 12 de diciembre de 2021 | 6:00hs.
El tesoro

Un amarillento mapa indicaba: “Del eucaliptus, tres metros a la derecha”. Escrito con una tinta endeble y letra difusa, el documento hallado abrigaba una quimera y una posibilidad promisoria.

Su descubridor, un joven buscavidas, heredero de una desvencijada casucha en las afueras del ámbito urbano. Sin mucho entusiasmo había ido a visitarla ya que a su abuelo apenas lo había conocido.

Ahora, el hallazgo encendió su imaginación. Tal vez un cofre con monedas de sus antecesores; o bien, lingotes de oro de contrabandistas; acaso, dólares en fajos de los narcos; incluso, tesoro de los jesuitas.

Con pala en mano se aventuró en la tarde tórrida del trópico. Delante de él una hilera de eucaliptus añosos escoltaba el sendero ecuestre del pequeño valle. A los pocos pasos se detuvo y desenvolvió el mapa. Volvió a leer y releer la pista y con marcada preocupación examinó su realidad. Unos treinta árboles de la misma especie, de anchos troncos y frondoso follaje, se mostraban como escenario de una dificultosa y ardua búsqueda.

El documento no ofrecía ningún otro dato. ¿Cómo adivinar a qué árbol alude el indicio? ¿Cuántas excavaciones habrían de hacerse para atender las múltiples probabilidades?

Un par de latas de cerveza lubricaron la incertidumbre. Más aún luego de caminar en círculos y pensativo, durante horas, en torno a cada ejemplar arbóreo.

Agotado y sudoroso se sentó bajo la espesa sombra para dilucidar su enredado dilema.

El viento norte arremetió con mayor fuerza. En lo alto, el ramaje ostentaba su floración blanquecina. En el suelo, la hojarasca dispersa danzaba su crujiente vitalidad. Algunos nubarrones arremetieron con su amenaza de lluvia pero sin concretarla. El joven se irguió con un gesto socarrón.

-Veamos -se dijo- si el mensaje alude a sólo un eucaliptus, tal vez se debe a que en aquel momento no habían otros. Por lo tanto, el ejemplar correcto es el que exhibe un mayor porte y grosor del tronco. En cuanto a los tres metros de distancia a la derecha… esta distancia correspondería al lado opuesto de la trocha de caballos contigua.

Su rostro reflejó entusiasmo. Sin más, ubicó al árbol más vetusto, midió la distancia y empezó a cavar. El sitio coincidía con una pequeña hondonada. Tras una decena de paladas, hizo contacto con un objeto metálico. Eufórico desenterró un pequeño cofre oxidado. Con alguna dificultad lo abrió y quedó atónito. No podía creer lo que veía. Varias decenas de monedas doradas brillaban bajo el sol veraniego. Se pellizcó en su brazo para asegurarse que no se trataba de un sueño.

Despertó sobresaltado. Un insecto lo acababa de picar. Se frotó el rostro y comprobó con desazón que no había cofre ni monedas de oro. Sólo un agonizante ocaso que sonrojaba al horizonte.

Se sintió confundido como no queriendo entender la situación. Meditó unos minutos.

-Al menos, el sueño respecto al posible lugar tiene lógica –se dijo-.

Regresó a la precaria vivienda. Se dio un baño. Otra cerveza animó sus horas. De pronto le llegó un mensaje a su celular. Lo lee, sonríe y gesticula a modo de aprobación.

-Qué bueno! ¡A esta fiesta no me la pierdo! –afirmó resuelto.

Minutos después arrancó su moto y partió rumbo a la ciudad.

Rubén Zamboni

Inédito. Zamboni es licenciado en Ciencias de la Información y Magister en Educación. Docente universitario e investigador.

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