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No hay decadencia

sábado 11 de diciembre de 2021 | 6:00hs.
No hay decadencia

El colega Rubén Emilio Tito García publicó este miércoles en El Territorio un artículo cuyo título fue “Nuestra decadencia”. Allí él pone en evidencia los primeros lugares que ocupaba la Argentina en la economía mundial a finales del siglo XIX, y que luego fue perdiendo posiciones con el paso del tiempo. El interrogante que queda expresado de manera tácita en su escrito es: ¿por qué nos pasó?

De manera muy sintética, voy a exponer mi punto de vista al respecto. La Argentina no cayó en decadencia, sino que no creció como lo hicieron muchos otros países del mundo. La matriz económica que adoptó la nación desde su independencia, más la equivocada firma de libre comercio que firmó la primera junta con los ingleses el 26 de mayo de 1.810, son los dos elementos claves que hicieron que la Argentina fuera potencia económica en las primeras décadas de su historia, hasta que la producción de materias primas fue insuficiente para seguir manteniendo esas posiciones. El gran poder que tuvieron y siguen teniendo los que explotan las bondades de la tierra, ha actuado como una barrera de contención en el despegue de la otra actividad que es la que en verdad le garantiza poder y riqueza a las naciones. Me refiero al desarrollo industrial, acompañado de las innovaciones científicas y tecnológicas.

Si miramos los países que hoy en día son potencias económicas a nivel global, veremos que muchos de ellos poseen una actividad primaria poco importante, pero tienen una fortaleza industrial, científica y tecnológica muy marcada. La diferencia entre una nación que se apoya en una matriz económica basada en la actividad primaria como la nuestra, y otra de carácter industrial, es que la primera de ella trabaja mayoritariamente en actividades donde sus productos tienen poco valor en su comercialización, y genera trabajo de manera insuficiente para una población en crecimiento. Por su lado, la industria es todo lo contrario. Elabora productos que son de altos costos en su comercialización, desarrollan permanentemente cosas nuevas, aplican constantemente nuevas líneas de conocimientos, y es una actividad que utiliza mucha mano de obra y con sueldos mejores que aquellos que se pagan en la producción primaria.

Centrándonos en el caso netamente argentino, vemos que tenemos un problema adicional que hay que sumarle a lo ya descripto. El libre comercio firmado con Inglaterra ha hecho que se desarrollara muy rápidamente la ciudad de Buenos Aires, porque por allí entraban las mercancías manufacturadas que venían de Europa, y por allí también salían los productos primarios que se vendían al viejo continente. Además, el suelo más rico y productivo está en la pampa húmeda, que rodea a la capital del país. Esa concentración de riquezas en esa parte de la república, ha hecho que seamos federales en los papeles, pero unitarios en la práctica. Incluso hasta nuestros días. Así como el poder económico está instalado en Buenos Aires, también lo está el poder político. Y es ese poder político el que casi siempre ignoró la inmensidad de la Argentina, y centró siempre sus miradas en la pampa húmeda. Siempre fue inequitativa entre Buenos Aires y el resto de las provincias. Tanto en la distribución de los recursos, en la ejecución de obras de infraestructuras, y en los proyectos de desarrollo que se llevaron adelante. Eso hizo que el interior se mantuviera en la pobreza, y buena parte de su población terminara emigrando en busca de mejores oportunidades hacia la capital del país.

Aquí es donde siempre quiero incorporarle un bocadito con la realidad local. Si bien de a poco comenzamos a achicar distancias en términos de desarrollo con la pampa húmeda, por sus características Misiones tiene algunas ventajas sobre las otras provincias del país para un rápido crecimiento. Aunque la tierra colorada es pequeña en extensión, posee una densidad poblacional muy elevada (42 habitantes por kilómetro cuadrado), que le da un grado más de fortaleza. No podemos negar que nuestra matriz económica es primaria, pero en los últimos tiempos están apareciendo emprendimientos industriales en mayor número y en rubros que no lo teníamos, lo que nos indica que podemos incursionar con fuerza en ese ámbito. Estos indicadores, que en parte se debe al apoyo oficial, son los que nos pueden proyectar a un futuro cambio de matriz económica, si ponemos en serio los ojos en esas áreas.

La actividad primaria ya no puede contener más a quienes ingresan a la edad laboral y, si no aceptamos que debemos poner nuestras energías en la actividad industrial y de los conocimientos, muchos de nuestros jóvenes se irán de la provincia por falta de oportunidades. Es aquí donde juegan un rol preponderante las autoridades provinciales de turno, las universidades y los dueños de empresas. Buena parte de las posibilidades de desarrollo que tenemos dependen del accionar de estos tres estamentos. Sin dudas, tendrán que hacer una tarea en conjunto e inyectar más recursos en proyectos industriales, que es lo que nos dará más poder, dinero y bienestar para los misioneros. Pensemos y actuemos positivamente desde aquí, y si obtenemos resultados alentadores, podremos ser un espejo para las demás provincias y, por ende, del despegue nacional.

Ramón Agustín Alegre
Escritor y periodista

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