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Santotomeña eligió seguir a Dios, y hoy predica en México

domingo 05 de diciembre de 2021 | 23:07hs.
Sociedad

Silvia Elena Escalante (34) nunca pensó que servir a Dios la llevaría tan lejos de su Santo Tomé natal, lejos de su amado río Uruguay, de los acordes chamameseros de su papá, de los tererés a la hora de la siesta, de la torta frita cada vez que llueve, y de tantas cosas que la marcaron de chica.

Silvia integra actualmente la comunidad “Aliadas Carmelitas Descalzas de la Santísima Trinidad” en México, tiene dos hermanos, y su familia la completan mamá Teresa y papá Pedro, más conocido como Pirungo, quienes residen aún en la zona de la Escuela Ford, de Santo Tomé. “Siento como que armé las piezas de mi rompecabezas, y que este es mi lugar”, exclamó respecto al camino elegido.

De sonrisa contagiosa, y con mucha paz al hablar, Silvia cuenta que “hay personas que me vieron de muy chica, ya no me reconocen (sonríe). Yo soy la misma que me fui, solo que hice una formación religiosa, tomé otra forma de vida, pero soy la misma”.

Muchos años pasaron. Silvia se fue del pueblo en el 2005, muy jovencita, hace ya 16 años. En ese entonces se fue a Mendoza a formarse, y luego a México en 2011 para completar su formación religiosa.

Haciendo un poco de memoria, contó cómo nació la vocación religiosa en su vida. “En el hospital (de Santo Tomé) estaban unas religiosas que son de la comunidad a la que yo pertenezco ahora, las ‘Aliadas Carmelitas Descalzas de la Santísima Trinidad’, ahí yo las conocí, es una comunidad mexicana, todas las hermanas que estaban ahí eran de México. Yo siempre de muy chiquita fui muy curiosa, siempre quería saber para qué hacían las cosas, el porqué de las cosas, de hecho mi catequista me decía que siempre la ponía a investigar, porqué había otras religiones, por ejemplo”, rememoraba.

“Cuando vi a las monjitas le pregunté a mi mamá qué son esas. Y ella me dijo son monjitas, mujeres que se consagran a Dios. Un día me acerqué a ellas, les dije que yo tenía curiosidad de como era su vida, qué hacían y porqué lo hacían. Y ellas me empezaron a explicar. Entonces yo pregunté ‘y yo puedo hacer eso’?. Me dijeron que sí, que lo podía hacer pero que tenía que hacer una formación, ‘y vos lo tenés que elegir, nosotros no podemos decir ‘hacete monja’”, contó al recordar ese primer acercamiento.

Y ya un poco más grandecita, decidió ir a  la escuela de formación, en la provincia de Mendoza, “ahí fui discerniendo, y sentí que es mi vocación, me siento tan feliz de hacer esto. Siento como que armé las piezas de mi rompecabezas, y que este es mi lugar”.

Respecto a su elección de vida, la Hermana Silvia dijo: “Hacerse religiosa es una vocación. Es como el que se casa, tiene que tener vocación para vivir con otra persona, aceptar a la otra persona. Para nosotros es una vocación que Dios te da para servir sin esperar nada a cambio, servir donde te toque, a mí me tocó ir a México, y allá yo sirvo, yo sé que no es mi país. Después uno entiende qué es una vocación. Al principio yo no entendía por qué sentía eso, porqué se sentía tan lindo estar con ellas, hacer lo que ellas hacían. Y después te das cuenta que eso es la vocación. Y te van ayudando paso a paso, te van encaminando, y te dicen ‘si sentís que no, con toda confianza lo decís, y te vas a tu casa, no pasa nada’. En México estoy desde junio de 2011, allí completé mi formación”.

En relación a su partida de Santo Tomé, la religiosa dijo que la vocación la ayudó a no extrañar tanto su terruño y su familia. “Yo entré al a comunidad en diciembre de 2005. Yo hice los primeros años de formación religiosa en la provincia de Mendoza. Llega una etapa en la que me dicen ‘tenés que terminar tu formación en México’. Creo que lo más difícil fue cuando me fui de acá a Mendoza, extrañaba un poco más, acoplarte a otra forma  distinta de lo que hacía acá. Extrañaba mucho mi pueblo, pero al menos estaba en el país”.

“Creo que la fe lo es todo, si uno no tiene fe no tiene nada. Algo te tiene que motivar a hacer las cosas”, agregó.

Continuó su relato contando que cuando se fue a México, “al principio extrañaba todavía más. Pero yo pienso siempre que si querés hacer lo que te gusta te va a costar. Nada es fácil y teniéndolo todo,  nunca va a haber nada que lo puedas hacer todo lindo y todo bonito. El sacrificio que uno hace es lo que uno valora después. Yo todo lo que pasé para llegar a donde estoy, y nomás porque extraño mi pueblo ¿me voy a ir?. No. Y decidí seguir adelante. Siempre rezo por toda la gente de mi pueblo, a mi pueblo lo voy a llevar siempre en mi corazón y  pido mucho a Dios por todos”.

En cuanto a s partida, dijo “para mis padres es más difícil despedirme cada vez que me voy. Ellos sufren porque somos los hijos, claro, e irte tan lejos. Se sufre, pero yo me voy contenta porque ya los vi, y sé que están bien, y me voy a hacer  lo que me toca, lo que me gusta, lo que yo quiero”.

Los destinos

Cuando se le preguntó si algún día podía volver al país o a Santo Tomé, la Hermana Silvia explicó: “Nosotros hacemos apostolados. Nuestro apostolado va modificándose de acuerdo a la necesidad. Si, por ejemplo, piden nuestra ayuda en otro lugar, acá en Argentina teníamos varias casas, pero es por contrato, se acaba el contrato y si ya no necesitan de nuestra ayuda, nosotros nos vamos. Podemos estar en cualquier parte donde necesiten y lo pidan”.

Si la convocan a Sudáfrica, iría sin pensarlo. “No sé decir que no, me gusta arriesgarme hasta el máximo. Siento que es algo que se va agrandando, porque uno dice llegué hasta acá, ahora voy a intentar otro poco más”.

“Esta es una forma de vida distinta a lo que están acostumbrados. Ahora que yo terminé la formación yo puedo venir cada año de vacaciones. Pero también si yo digo este año no voy a venir, vengo el próximo, también se puede. O sea, si me destinan a Argentina, yo voy a venir a visitar a mis parientes cuando me toque, una vez al año, no cuando quiera”, aclaró.

La religiosa parte hoy, domingo, hacia Buenos Aires, y el martes de madrugada, hacia México. “Tengo que hacerme la PCR, que acá no se hace, entonces en Buenos Aires me hago, espero los resultados, y luego salir para México”.

Un mensaje para la gente de Santo Tomé: “Le pido a la gente de mi pueblo que nunca cambien esa forma de ser. Uno cuando está en otro lado se da cuenta que en el pueblo toda la gente te conoce, dicen ‘esa señora es de este barrio’ al menos, pasa algo y la gente para a ayudarte. Y me gustaría que eso nunca cambie, porque en otros lugares te podes morir en el piso y nadie te ayuda”.

 

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