domingo 23 de enero de 2022
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Entrevista al especialista en planificación del medioambiente, Juan Antonio Martínez Duarte

Por déficit hídrico y cambios en suelos, persiste alerta sobre altura de los ríos

Ante el pronóstico de continuidad de La Niña -período de sequías-, el ciclo natural del agua se ve afectado por la baja humedad. Los desmontes, un problema que repercute en los cauces

lunes 29 de noviembre de 2021 | 9:00hs.
Por déficit hídrico y cambios en suelos, persiste alerta sobre altura de los ríos
Desde mediados de 2019 el río Paraná atraviesa la bajante más pronunciada en siete décadas. Foto: Natalia Guerrero/Archivo
Desde mediados de 2019 el río Paraná atraviesa la bajante más pronunciada en siete décadas. Foto: Natalia Guerrero/Archivo

La preocupación por el cambio climático y una de sus consecuencias más evidentes, que es el calentamiento del planeta tierra, es global y lo que pase en cualquier rincón del mundo repercute tarde o temprano en el resto de las latitudes.

Por eso, cuestiones como los riesgos por incendios de los bosques, la sequía y pronunciada bajante del río Paraná, la falta de agua en algunas poblaciones y las severas tormentas que se desatan cada vez con mayor regularidad, si bien son problemáticas concretas de la provincia de Misiones, al mismo tiempo están conectadas a un sistema ecológico que excede límites políticos porque abarca a todo el mundo.

Esa es la primera explicación que dio el profesor universitario Juan Antonio Martínez Duarte, un ingeniero forestal con un currículum cargado de maestrías y doctorados en planificación del medioambiente y en el cuidado de cuencas hídricas que se desempeña como docente en la Facultad de Ingeniería Forestal de la Universidad Nacional de Misiones (Unam), cuya casa de estudio se ubica en Eldorado.

“Para entender lo que ven los misioneros en las costas del río Paraná con bajantes históricas, hay que explicar que ese curso de agua es parte de un enorme sistema hídrico que nace en Brasil y luego atraviesa Bolivia, Paraguay, Argentina y Uruguay. Lo que vemos en Misiones es una parte de esa gran cuenca que, a su vez, está relacionada con ecosistemas diversos y que recibe la influencia de toda la actividad humana que lo rodea” explicó el docente universitario en diálogo con El Territorio.

La sequía histórica que viene experimentando el río Paraná desde la segunda mitad del 2019 hasta estos días “es una de las secas más pronunciadas de las últimas décadas, con variaciones temporales por algunas lluvias que ayudaron un poco, pero se estima que continuará durante el próximo verano del año que viene”, explicó el especialista.

En ese sentido, el ingeniero Martínez Duarte advirtió que “para el próximo trimestre se espera también la corriente de La Niña, que se caracteriza por la fuerte presencia de sequías por eso hay que prepararse para un verano muy seco”.

Para comprender el fenómeno de combos que traen sequía, fuego, calores extremos y tormentas severas, el profesor Martínez Duarte señaló que las causas son al menos tres que están bien identificadas: el desequilibrio del ciclo del agua en gran parte del planeta, la deforestación de los bosques y el avance de cultivos o actividades económicas que realiza el hombre sin la debida protección de la tierra.

El ciclo del agua en riesgo

El docente, quien está a cargo de la cátedra Ordenación en Cuencas Hídricas de la Facultad de Ciencias Forestales de la Unam, explicó a este matutino que “hay que diferenciar dos conceptos que son diferentes. Una cosa es la bajante del río y otra la sequía del suelo. Si bien ambos están relacionados, es necesario comprender que la sequía afecta a la biodiversidad de los ecosistemas aunque a veces no veamos bajante en los caudales de los cursos de agua”.

“No es solamente el problema de la bajante en los niveles de los caudales de agua de los ríos o arroyos que es lo que podemos notar cuando miramos y vemos que una zona que estaba tapada por el agua ahora está a la vista. Además, hay que saber que la sequía afecta también el lecho de esos cursos de agua y el suelo en general que se va quedando con poca humedad”, planteó Martínez Duarte.

Seguidamente, señaló que “el problema es la escasez de lluvias. En estos años -en referencia al período comprendido entre el 2019 y lo que va del 2021- venimos teniendo menores cantidades de lluvias de las que habitualmente solemos tener”.

Y agregó que “esa falta de precipitaciones hace que disminuya la cantidad de humedad en el suelo y en la vegetación y por lo tanto en la atmósfera. Eso genera un ambiente diferente, más seco porque el ciclo del agua se modificó”.

El aumento de desmontes

El aumento de la población y la necesidad de ocupar nuevos espacios para diferentes actividades económicas fueron ganando terreno a otras zonas, puntualmente de bosques y montes.

“El desmonte acelerado que se dio sobre todo en las zonas de altas y medias cuencas del río Paraná también tiene una relación directa con el desequilibrio del ciclo del agua porque los árboles son grandes reguladores de ese equilibrio hídrico. Cuando llueve los bosques evitan que el agua se escurra sobre la superficie y hacen que primero moje toda la estructura del árbol y luego se infiltre en la tierra por las distintas capas, donde las raíces ayudan a esa penetración del líquido por las napas subterráneas hasta las rocas basálticas donde a través de las fallas baja hacia el acuífero”, comentó.

Seguidamente, el profesor Martínez Duarte dijo que “cuando no llueve, el sistema se alimenta desde ese acuífero hacia la superficie como nacientes de agua fluyen hacia los cursos de agua. El caudal de agua de esta manera se mantiene naturalmente en equilibrio, porque el ciclo funciona como un sistema que se alimenta de todos los integrantes de manera armónica”.

Pero “ cuando no hay bosques el agua corre por la superficie sin ningún tipo de regulación hacia ríos o arroyos, produciendo un aumento repentino de sus niveles que ocasionan inundaciones. Esto es por la falta de árboles en gran medida”, dijo.

Actividades humanas que no suman

Desde el inicio de la vida humana, el hombre trató de moldear la naturaleza a su favor para mejorar su situación sobre la tierra.

Pero no es lo mismo una actividad que permita, por ejemplo, la alimentación de las personas que otra que atente contra la tierra o el agua degradando recursos que no son infinitos.

“No es lo mismo un cultivo de yerba mate que el de soja. La yerba es un cultivo perenne que si se lo hace bien no daña la tierra. Puede seguir haciéndose ese cultivo en forma sostenida sin degradar el suelo. En cambio, la soja que tanto auge tiene en el país modifica la textura y la estructura del suelo de una manera agresiva porque lo compacta. Lo arruina” explicó Martínez Duarte sobre la situación de la plantación que bordea a Misiones, precisamente en Brasil y Paraguay.

Más tarde refirió que los cultivos perennes si bien no tienen el mismo poder regulador del ciclo del agua que tienen los bosques, también ayudan a conservarlo. Por eso es vital tomar conciencia sobre estos aspectos porque todas las acciones humanas tienen una consecuencia directa nuestra casa común que es la tierra”, sostuvo.

Entre las actividades humanas, el docente también ubicó a las represas, “que si bien otorgan la energía necesaria también modifican de manera sustancial el cauce de los ríos y modifican sustancialmente los ecosistemas del lugar. Todas esas acciones sumadas a lo largo del tiempo van produciendo cambios en la naturaleza que luego traen otras consecuencias como una suerte de efecto dominó”.

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