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‘‘Me dijeron que habría sido la estrella más grande de Hollywood de no ser mexicana’’

Habló con El País sobre la discriminación racial que sufrió en la industria cinematográfica más grande. Además reflexionó sobre lo irónico de su papel en La Casa de Gucci -está casada con el actual dueño de la firma-, la presión por estar perfecta a los 55 años y la solvencia de nuevos papeles

domingo 28 de noviembre de 2021 | 6:00hs.
‘‘Me dijeron que habría sido la estrella más grande de Hollywood de no ser mexicana’’

Aunque ahora cuenta con 37 años de carrera, más de 60 películas y 10 series de televisión en su haber, el éxito le costó a Salma Hayek. La actriz no olvida el racismo que sufrió gracias a varios ejecutivos de la industria del cine por haber nacido en México y no en Estados Unidos.

En entrevista para El País con motivo del estreno en Londres de La casa Gucci -un filme de Ridley Scott que recrea el asesinato de Maurizio Gucci por encargo de su exmujer Patrizia Reggiani- Hayek habló del racismo con el que ha tenido que lidiar durante su carrera. Además, la actriz reconoce que todo el éxito y los grandes papeles que ha estado haciendo en los últimos tiempos son gracias a lo que tuvo que atravesar para llegar a donde está hoy.

Casada con el francés François-Henri Pinault, director ejecutivo del grupo Kering que controla marcas como Alexander McQueen, Yves Saint Laurent y Gucci, Hayek se animó a hacer el personaje de Pina Auriemma, una vidente que llega a ser la mano derecha de Reggiani en la cinta.

¿Cree en las videntes?

Creo que es posible ver el futuro, pero también hay mucho charlatán. En una ocasión, durante un rodaje, trajeron a una mujer para que me leyera el futuro. Todo lo que me dijo se cumplió y me quedé muy sorprendida. Incluso una persona muy querida sufrió un accidente como me había dicho.

¿Comentó en casa la oportunidad de participar en La casa Gucci antes de aceptar?

Giannina Facio [esposa del director Ridley Scott y productora del filme] es amiga mía desde hace mucho tiempo y llevaba como 20 años intentando hacer la película. Cuando empecé a salir con François me decía: «Por favor, si rompes con él que no te odie porque no quiero que se vaya a interponer y no me vaya a dejar hacerla». En nuestra boda seguía pidiéndome que cuidara mi matrimonio y yo le decía: «¡Pero claro, hombre, es mi marido, es el padre de mi hija!». Es todo muy irónico.

Tuvo que ganar peso para interpretar a Pina. ¿Ha sentido presión por recuperar su figura?

Ha sido dificilísimo, no lo volvería a hacer. Con todo lo que me ha costado bajar los kilos, que todavía no los he perdido todos, me quedé pensando: bueno y, ¿por qué no hice como Jared Leto y me puse cachetes y una nariz…? Disfruté mucho comiendo pastita mientras los ganaba, pero, ¡qué difícil es quitártelos después de los 50!

¿Se le exige más físicamente a una actriz a medida que cumple años?

Con la edad tengo menos presión de estar perfecta. Porque dices, «confórmense, ya estoy en mis 50». Lo que sí es cierto es que hay que trabajar más para estar imperfecta (ríe). Pero como verás tampoco me mato, soy bastante relajada.

Ha dicho que cuando empezó en Hollywood la carrera de una actriz se daba por amortizada a los 30. ¿Está consiguiendo ahora papeles más interesantes que cuando era joven?

Sí, pero gracias a todo el trabajo que hice y todo lo que sufrí. Al principio era imposible para los actores hispanos hacerse hueco en Hollywood. Ahorita ese mundo ha cambiado, es más abierto, y tengo la recompensa por las penas que pasé. Nunca me di por vencida.

¿Cree que hubiera sido más fácil si en vez de Salma se hubiera llamado Selma y fuera californiana en lugar de mexicana?

Segurísimo. Me lo llegaron a decir altos ejecutivos. Es un poco insultante cuando te dicen: “Si no hubieras nacido del otro lado de la frontera habrías sido la estrella más grande de este país”. Pero mi nombre no es latino, también soy libanesa. Árabe y mexicana es una combinación que para Estados Unidos… Pero aquí estamos.

Ridley Scott define La casa Gucci como una “telenovela sofisticada”, un género en el que debutó como actriz. ¿Qué queda de aquella joven?

Casi todo. Le cambió el pelo y ahora tiene arrugas, pero también mucha más información. El alma es la misma. Para mí solo consigues el éxito cuando llegas a cierto estatus en tu carrera, pero al mismo tiempo sigues siendo tú. Si dejas de ser tú, no es éxito.

¿Es más dura la industria del cine o la de la moda?

Son tan diferentes… A veces me pregunto en dónde hay más locos (ríe). Las dos son muy difíciles.

¿Preferiría que su hija Valentina fuera actriz o que se dedicara a la moda?

A Valentina le veo madera de diseñadora. Tiene muy buen gusto y es original. Ahora, si me dijera que solo quiere ser modelo le diría: «Mihija por un ratito, pero vete buscando otra cosita que hacer» (ríe). Quizá le aconsejaría ser directora de cine porque puedes diseñar muchas cosas y tienes la visión de cómo se van a vestir todos.

Penélope Cruz se refiere a usted como su «hermana del alma» ¿Cómo de importante es mantener una relación así en una industria, como dice, «llena de locos»?

Adoro a Penélope. No hay nadie en el mundo que entienda lo que he pasado mejor que ella. Estábamos ahí juntas, lo vio, lo vivimos. Antes nos contábamos los novios, con quién salíamos, el trabajo, la ropa… Y luego encontramos al amor de nuestras vidas y tuvimos el deseo de ser mamás casi al mismo tiempo. Esa mujer ha sido una bendición en mi vida y seguimos muy unidas.

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