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El muelle del adiós

domingo 28 de noviembre de 2021 | 6:00hs.
El muelle del adiós

Mis estimados amigos, al revisar el fondo del viejo arcón, hallé una hojita vieja de papel  cuadriculado suelto, donde un brevísimo escrito que fuera hecho allá por el mes de octubre del año mil novecientos setenta y algo…  y  se me ocurrió ponerlo a vuestra amable consideración.

Es lógico que al haber transcurrido tantos añitos desde su redacción a la fecha actual, es posible que exista algún tipo de evolución en la formación de las frases o bien, en la correlación de las ideas,  sin embargo, mi particular forma de mirar las cosas y mi instinto, me señalan que esta lectura puede llegar a resultar bastante interesante.

“Era una siesta de fin de semana del ardiente verano porteño,…caluroso, la transpiración  baña los cuerpos de las personas, pegando la ropa al cuerpo, el  alegre grupo de amigos se dirigía al puerto, por que iban a despedir a una integrante del grupo que, por motivos personales viajaba al exterior.

Al llegar al lugar previsto, los amables oficiales del buque de ELMA, “RÍO TUNUYÁN” les permitieron subir a bordo, luego de advertirles que, por el horario de partida, no podrían permanecer más que un breve lapso de tiempo a bordo de la nave…

…El ronco sonido de la sirena, fue el claro anuncio de que había llegado el momento de iniciar el descenso y retornar al muelle; donde las gruesas amarras mantenían al trasatlántico pegado a la inmensa estructura de cemento del muelle, semejando dos grandes manos entrelazadas, unidas en una clara y simpática señal de amor.

La muchedumbre reunida en aquel lugar, estaba compuesta por familiares y amigos de los viajeros, también se acercaron varios curiosos y toda esa congregación  estaba en franca ebullición, con el estridente aullar de la sirena aumenta la excitación general, las tensiones crecen,… Se oyen fuertes voces que dan a alguno de los viajeros,…  inútiles recomendaciones de último momento.

La embarcación comienza a moverse como un enorme animal perezoso. Algunas personas sonríen y agitan nerviosamente sus manos. Otros que resultan ser más sensibles, dejan correr gruesos lagrimones en sus rostros, mostrando un dejo de innegable tristeza. Aparecen pañuelos que se agitan al aire cual si fueran blancas palomas cuyo vuelo pretende augurar un viaje tranquilo… ¡Adiós…Adiós… Hasta la vuelta… Buen viaje!

En la cubierta exterior, una mujer rubia, alta, de aquellas que saben que son portadoras de toda la portentosa belleza que brinda la juventud,  agita lentamente su mano en clara señal de saludo, mientras dos saladas gotas de mar surcan sus sonrojadas mejillas, ella mira con incertidumbre la figura del hombre amado que permanece estacionada entre las personas que pueblan el muelle.

Expuestas a los rayos del sol, sus lágrimas semejan dos diminutos brillantes firmemente empotrados en aquel bello rostro. Sus profundos ojos celestes muestran un nervioso movimiento, que tiene algo de alegría, pero que  también traduce un silencioso mensaje que es un tímido ruego, un angustioso pedido de: “No me olvides…Mi adorado amor”.

El alejamiento del barco tiñe de coloridas emociones  la iniciada partida del bello buque blanco y no merma la angustia que enturbia los corazones con la despedida.

Los minutos parecen transcurrir en  cámara lenta, pero ahora ya no se pueden distinguir los rostros amigos…que forman una cerrada masa informe que saludan sin saber si tienen respuestas sus agitados pañuelos.

El hombre mira sin ver aquello que observa,…Allá en la distancia el paquebote es solo un punto lejano, marcado por el humo que surge de sus enormes chimeneas y que desde la distancia que los separa, parece indicar que ha llegado el momento de retornar  al departamento, que ahora parecerá más grande, estará más silencioso, ya no escuchará aquel estallido espontáneo de risas que para él, semejaban los bellos tañidos de dulces campanas repicando al viento.

Imagina de pronto como irá ella organizar su vida a bordo, con quienes compartirá la mesa durante sus refacciones y si por una casualidad, no irá a encontrar durante el largo viaje alguien bien dispuesto a calmar sus pasajeras angustias…De solitaria viajera. El recuerdo de su amada… Esos tristes y turbios pensamientos dejan un alfiler punzante clavado en lo más profundo de  su dolorido corazón.

Por fin,…Emitió un largo y profundo suspiro, sacó un cigarrillo y con un dejo de melancólica ansiedad lo encendió, aspiró largamente el humo hasta que llenó sus pulmones  y luego inicio con pasos lentos el necesario regreso al seno de su ahora oscuro, solitario y triste departamento…”

Llegó el instante de reorganizar su vida, de nada sirve pensar en todo lo vivido hasta este instante, ahora es menester adaptarse a esta nueva situación y solo resta pensar que la vida continua. La rutina vuelve a ser su compañera .

El autor es docente y abogado. Reside en Posadas. Ha publicado el libro Historias de docentes.

Jorge Sergio Camaño

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