lunes 06 de diciembre de 2021
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La familia, en constante deconstrucción

El concepto de unidad básica social ha cambiado notoriamente. No sólo son familias ensambladas o casados sin hijos; hay un mundo de posibilidades que abrazar si se dejan de lado prejuicios y mandatos enfundados en lo biológico o natural. La maternidad no es un instinto, sino elegida y desromantizada

domingo 21 de noviembre de 2021 | 6:05hs.
La familia, en constante deconstrucción

Si bien en distintos órdenes de la vida, la presión social -definida principalmente por la herencia cultural patriarcal a pesar de sus diferencias particulares en cada sociedad y religión- parece marcarnos agenda en cómo debemos ser física, emocional, sexualmente, cómo vestir, comer, comportarnos, etcétera, el ensañamiento de adecuarse a la estructura ancestral se recrudece aún más cuando se refiere a la mujer y en especial a la maternidad. ‘Serás madre o no serás nada’ es un mandato que sigue hostigando a las féminas de hoy. Como si el hecho de ser madre no fuera una elección personal o de pareja sino un designio consustancial del simple hecho de ser mujer.

En esta línea es que tal como refleja la antropóloga Lucía Fretes, ‘‘la decisión de la mujer que decide ser mamá es tan válida como la que decide no serlo. No debiera caer sobre ninguna de ellas ningún tipo de recriminación social” (página 6). Ello, porque, por más que este informe no aborde precisamente los desafíos de maternar, para quienes sí eligen ser madres o se encuentran con esta circunstancia en la vida, también recaen otros pesados mandatos. Actualmente rige la idea de que la mujer está empoderada y por eso puede con todo, deslizando levemente un ‘debe con todo’. Debe ser exitosa en el estudio, en el trabajo, con la pareja, con los hijos. Mejor si es todo con un cuerpo de revista y una cara feliz. Una superheroína estilo cómic 24 x 7.

‘‘Para la sociedad es como que no estás realizada si no parís, no sos una mujer completa si no parís o no sos madre. Yo llegué al punto de volver a casa llorando porque salía y era un constante ‘¿Y vos para cuándo?’ ‘¡Mirá que se te pasa el tren!’ ‘¡Mirá que ya pasaste los 30!’, es re difícil lidiar con eso”, plasmó Daiana, que junto a su pareja Walter (página 4) son unos de los cientos de misioneros que eligen no paternar y apuestan a la felicidad compartida, con otros intereses.

‘‘Muchas veces, la mayoría, son personas que te quieren y que vos también querés, por eso duele más. Porque es tu vínculo familiar, son tus amigos, conocidos del trabajo. El mandato es muy fuerte, cuesta mucho deconstruir eso y que el otro entienda y respete tu decisión”, agregó Daiana.

Es que aunque el hecho de seguir el ciclo de la vida y reproducirse puede serle exigido a personas de distintos géneros e identidades, si la mujer tiene una pareja heterosexual parece ser una obligación neta. Así, reuniones familiares, y peor, entre pares contemporáneos, suelen repetirse estas frases ‘alentando’ al otro a procear.

Incluso al tener hijos, una decisión definitiva como ligarse las trompas o realizarse la vasectomía  es tomada como drástica para quienes no entienden estas posibilidades.

Paradójicamente y buscando equilibrar la disparidad existente en los métodos anticonceptivos diarios (la mayoría hormonales y destinados a mujeres), cada vez son chicos más jóvenes los que deciden en Posadas, someterse a la vasectomía (página 5).

En la otra vereda, son cientos de parejas o personas solas que deciden tener hijos a pesar de que la biología no los acompañe. Y allí, el apuro social del ‘para cuando’ además de pesar, duele. Tal como reflejó Juan Carlos Hobecker, especialista en fertilidad (página 8), los pacientes deben tener acompañamiento psicológico para poder sostener el proceso, que no siempre es exitoso.

Nueva familia

Disputando al pensamiento binario, las disidencias también arrojan nuevos debates sobre cómo ma-paternar.  En este sentido, hoy las familias también son diversas, especialmente tras la Ley de Matrimonio Igualitario.

“Claro que en las disidencias está el deseo de maternar o paternar, pero creo que se transita de manera muy distinta a un vínculo heterosexual, porque estos roles los ejerce el grupo vincular que acompaña la crianza de las infancias. Los roles no son estáticos sino que son roles compartidos todo el tiempo. Para nosotros la familia tiene que ver no sólo o necesariamente con el vínculo consanguíneo sino con el afectivo y profundo que uno va entablando en la presencialidad, poniendo el cuerpo. Eso es uno de los grandes aportes de las disidencias en estos nuevos abordajes”, explicó María Alejandro, docente, activista LGTB.

Teniendo en cuenta a las disidencias como parte de la sociedad  y atravesadas por prácticas patriarcales, invita a  ‘‘construir otra forma de vinculación familiar para pensar la familia desde otro lugar”.

En esa línea sostuvo que “se sostiene la idea de familias sin hijes. Para el colectivo LGTB la familia tiene que ver con procesos profundos de encuentros, de compartir y de acompañamiento. Por ello, hoy son amplias, no necesariamente se necesita hijes, ese es otro aporte para destacar y profundizar, porque pensamos por fuera del hecho de la procreación”, cerró el activista. 

 

Informe de domingo

La familia, en constante deconstrucción

‘No quiero tener hijos’: la decisión personal que lucha contra los mandatos sociales

Convencidos de no querer ser padres, cada vez más jóvenes consultan por vasectomías

Los que deciden no seguir la hoja de ruta oficial de la vida

Sin fórmulas únicas ni universales

La ansiedad por lograr un embarazo deseado

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