lunes 29 de noviembre de 2021
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Entrevista a la antropóloga social Lucía Fretes

Los que deciden no seguir la hoja de ruta oficial de la vida

Reflexionó sobre la necesidad de respetar las decisiones personales, intentar desterrar frases que juzgan y también, aprender a manejar la frustración

domingo 21 de noviembre de 2021 | 6:05hs.
Los que deciden no seguir la hoja de ruta oficial de la vida
La antropóloga Lucía Fretes señaló que la presión social se mantiene.
La antropóloga Lucía Fretes señaló que la presión social se mantiene.

Estudiar, trabajar, casarse y tener hijos es parte de una línea del tiempo que viene incorporada en la cabeza de las personas como una especie de obligación social que no está escrita en ninguna ley, pero que la mayoría trata de respetar. Y las mujeres deben ser las más cuidadosas en no salirse de ese camino para no recibir la condena social por no haber logrado lo que se esperaba de ellas.

Así funcionó desde siempre este sistema hasta que en las últimas décadas fue creciendo una mirada que se animó a desafiar esos mandatos sociales. Personas que dicen en voz alta que no quieren tener hijos. Que no se quieren casar. Y que tienen ganas de dibujar otra línea del tiempo de acuerdo a sus deseos y necesidades.

Esta cuestión de romper la hoja de ruta oficial de la vida para salirse del circuito que todos deben transitar como soldaditos en fila no tiene que ver con los géneros, porque es un fenómeno que atraviesa todas las diversidades, pero que en el campo de las mujeres es más evidente porque sobre ellas recae con fuerza el mandato social de casarse y tener hijos.

Para analizar qué tienen en la cabeza esas personas que se niegan a ser parte del mecanismo del orden y la supervivencia de la raza humana, El Territorio dialogó con la licenciada en Antropología Social Lucía Fretes que actualmente dirige esa carrera en la Universidad Nacional de Misiones.

“Hay un sistema de premios y castigos para las personas que siguen el camino que propone la sociedad y para aquellos que deciden abrir un atajo nuevo. Por eso es fundamental trabajar mucho desde la Educación Sexual Integral (ESI) en estas cuestiones relacionadas con los deseos de cada persona, que son diferentes en cada individuo, para aprender a respetar las decisiones de los demás y a no juzgar a nadie porque decide algo diferente”, explicó la antropóloga.

La profesional explicó que deberíamos desterrar de nuestro vocabulario frases del estilo: una mujer está incompleta hasta que tiene un hijo. Un hombre debe ser el proveedor del hogar. Si no te casás antes de los 30 vas camino a ser una solterona. ¿Para cuándo los confites?... Porque ese tipo de comentarios que muchas veces se dan en las reuniones familiares, en las publicidades y en distintos lugares, significan un peso difícil de digerir para las personas que optaron por salirse del camino que muestra el GPS oficial. 

La maternidad es una elección

Fretes planteó que hablar de proyectos de vida, como pueden ser la idea de maternar o paternar “depende de muchas variables en las que resulta difícil simplificar, pero que a grandes rasgos varían según la sociedad y según la historia familiar y cultural de cada persona”. 

“La maternidad debe ser siempre una elección. Nunca una imposición. Cada mujer debe poder decidir si quiere ser mamá o no. No debiera tomarse esta cuestión como una obligación social. Pero eso depende de cada sociedad. No todas las sociedades tienen esta misma mirada y dentro de una comunidad también hay distintos sectores con distintas visiones”, reflexionó.

Nuestras abuelas educadas a principios del siglo pasado entendían que el éxito en la vida de una mujer pasaba por encontrar un hombre con quien casarse, formar un hogar y tener hijos. Luego la generación de mujeres formadas hace 50 años ya se animaron a estudiar, a trabajar fuera del hogar y a una mayor participación social, pero el mandato de ‘te casarás y tendrás hijos’ seguía taladrando las cabezas.

Hoy son cada vez más las mujeres que quieren mucho más que ser mamás. Que la idea del casamiento no las entusiasma. Que en su ranking de proyectos de vida a diferencia de sus abuelas y sus madres, no figura en primer lugar la idea de maternar. Sin embargo el mandamiento social sigue picando cabezas. “La presión social para que una mujer se case a cierta edad y luego no deje pasar mucho tiempo sin tener hijos es algo que existe en nuestra sociedad actual. Por ahí no es tan fuerte, pero es una cuestión social que se mantiene”, señaló.

El peso de la economía

Cuando se analiza la baja tasa de natalidad de algunos países europeos para poner un ejemplo de un continente que en las últimas décadas fue bajando drásticamente su nivel de nacimientos año a año, la cuestión de la economía aparece como uno de los motivos por los cuales muchas personas se niegan a tener hijos. Y también la necesidad de algunas personas de abocarse a estudiar, viajar y no formar una familia como base segura en ningún lugar. 

“Las personas que deciden postergar el proyecto de formar una familia o tener hijos por cuestiones económicas corresponden a una clase social media o media alta con un cierto grado de nivel educativo que permite este tipo de reflexiones”,  refirió Fretes. Y resaltó: “Hay otra clase social llena de necesidades donde la maternidad también es vista como una forma de realización personal. En estos espacios sociales la idea de compartir la vida con un hijo tiene más valor que la de cualquier preocupación sobre qué le voy a dar durante la crianza”.

“La maternidad o la paternidad van a tener distintas significaciones según el lugar social que ocupe la persona. No significa lo mismo tener un hijo para una mujer que no pudo acceder a la educación, a un trabajo calificado que para otra que sí pudo tener acceso a esos derechos. Muchas veces la idea de tener un hijo forma parte de la única forma de realización personal”.

La mujer maravilla no existe

Un capítulo aparte es el referido a la frustración. Un sentimiento que alcanza tanto a quienes deciden tener hijos como a los que forman parte de la cultura Nomo, que en inglés es la sigla de ‘Not Mothers’,  término que se empezó a usar en los 90 para nombrar a las mujeres que deseaban no ser mamás. Es que si la mujer trabaja fuera de su hogar y deja los hijos en manos de otras personas, cumple con su proyecto de madre y de trabajadora pero tarde o temprano sentirá frustración. Por el contrario si deja de trabajar para quedarse en casa con los hijos, también en algún momento renegará de esa monotonía doméstica.

También la frustración golpea la autoestima de las mujeres que deciden no ser madres cada vez que se las señala. “Es difícil ser mujer en este tiempo. Las exigencias para este género son cada vez mayores. Es fundamental aprender a tomar decisiones que tengan que ver con nuestros deseos, independientemente del qué dirán. Y saber manejar las frustraciones porque la mujer maravilla no existe”, dijo Fretes.  

Se trata de ser los constructores de nuestras propias líneas de vida, tomando las decisiones que nos hagan sentir felices, minimizando lo más que se pueda la presión externa y siguiendo la brújula interior que es la que siempre nos guía al mejor puerto. 

 

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