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El Acuerdo de Glasgow

martes 16 de noviembre de 2021 | 6:05hs.
El Acuerdo de Glasgow

El viernes pasado estaba pautado el plenario de cierre de la Cumbre de Cambio que organizó Naciones Unidas en Escocia. Un cronograma de actividades pautado desde hace meses, con dificultades propias de delegaciones que viajaron de un continente a otro y querer reunir bajo un mismo techo a diplomáticos de todas partes del mundo en tiempos de Covid.

Argentina aprovechó el evento para anunciar la instalación de una planta productora de hidrógeno verde para el mundo. El anuncio -que nada tenía que ver con la cumbre, o con el acuerdo que se quería proclamar- recibió cuestionamientos por tener fines de exportación y no de autoabastecimiento, y para colmo, al otro día, el gobierno argentino también celebraba los logros en Vaca Muerta y los nuevos récords en extracción de shale oil. Argentina, no lo entenderías.

El miércoles previo al cierre, en Glasgow ya circulaba un borrador bastante consistente sobre lo que aspiraba a ser el documento final del evento, pero que todavía estaba sujeto a negociaciones diplomáticas, ya que no había un consenso definitivo en todos los puntos. Se destacaba entre otras cosas que su punto 16 exhortaba a duplicar la financiación colectiva y el punto 82 alentaba a una mayor participación de los pueblos originarios.

Los temas más delicados que no encontraban acuerdo era poner una fecha precisa para finalizar el uso del combustible fósil y la creación de sistemas de financiamiento blando por parte de los países desarrollados para los países que ya están sufriendo las consecuencias de la Crisis Climática. Llegó el viernes y no se había logrado ningún acuerdo, por lo que la organización decidió extender el encuentro un día más, poniendo patas para arriba reservas de hospedajes, reprogramación de vuelos y las agendas de funcionarios, científicos y ambientalistas.

El sábado, en el plenario de cierre, todas las delegaciones de los países, principalmente del hemisferio sur, manifestaron su decepción con el documento que se iba a proclamar.

Estados Unidos y la Unión Europea se habían negado a instrumentar el financiamiento a los países que ya están siendo afectados, principalmente los insulares. La comitiva de las Islas Fiji dejó bien en claro que para ellos el derretimiento de los hielos permanentes de los polos que tendrá lugar cuando el mundo alcance el +2° será una sentencia dramática. Y que el aumento de los niveles del mar no es un pronóstico para tener en cuenta en su agenda 2030, sino una realidad que ya los está afectando.

Por su parte, la delegación de India, principal país consumidor de combustible fósil en el mundo, consideró que cortar el uso de energías no renovables como el carbón le significaría una condena al subdesarrollo, ya que les frenaría toda posibilidad de crecimiento. Por lo que pidieron que en el documento final el mundo no le ponga fecha de vencimiento, sino que se invite a quienes puedan que paulatinamente vayan desalentando su uso.

De esta manera, a última hora del sábado, se proclamó el Pacto de Glasgow.

Es increíble, y no tanto, ver la influencia que han tenido los lobbistas sobre las negociaciones diplomáticas. Dentro de la cumbre se hablaba de 500 lobbistas representando intereses de petroleras y de la industria del carbón, mientras que los representantes de las ONG ambientalistas, y de la sociedad civil ecologista tenían que verlo todo de la valla en la entrada.

Lo que podría haber sido un punto de inflexión para la humanidad en su lucha contra el Calentamiento Global, dejó el timón rumbo a los +2,4° en 2030.

Pero no fue el acto final de esta obra, se pretende que se siga trabajando en alcanzar el +1,5° en las próximas dos cumbres, y se pidió a todos los países parte que tanto los informes como los planes que iban a presentar en 2025 para reducir la emisión de gases de Efecto Invernadero, los traigan a la mesa de trabajo y estén listos para el 2022.

La Secretaría General de las Naciones Unidas presionaba al a presidencia de la cumbre para que fueran más ambiciosos en los acuerdos del pacto, que realmente fuera el batacazo que todos esperaban. La tensión de las cosas fue tal que Alok Sharma, presidente de la cumbre, estaba al borde de las lágrimas cuando reconocía que las negociaciones no se habían dado como ellos esperaban y pidió disculpas.

Finalmente, lo que se esperaba fuera el encuentro global más importante de lo que va del siglo XXI, comparable en la historia -según palabras del presidente de Panamá- al encuentro en el que se creó las Naciones Unidas después de la Segunda Guerra Mundial, terminó siendo una decepción. Una instantánea bastante sincera de la sociedad que somos y de hasta dónde llega la empatía y solidaridad que hoy el mundo está dispuesto a ofrecer.

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