miércoles 01 de diciembre de 2021
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Maratones y enseñanza bíblica completan su actividad

La constante búsqueda de equilibrar lo físico, intelectual y espiritual

Mario Giménez (75) trabajó toda la vida en la Afip, a pesar de ser ingeniero químico, y tras jubilarse, decidió emprender la carrera de contador, que finalizó en este 2021

domingo 14 de noviembre de 2021 | 6:05hs.
La constante búsqueda de equilibrar lo físico, intelectual y espiritual
Mario tiene en su casa posadeña un rincón especial donde exhibe todos los logros de su vida. Fotos: Sixto Fariña
Mario tiene en su casa posadeña un rincón especial donde exhibe todos los logros de su vida. Fotos: Sixto Fariña

Mario (75) abre las puertas de su casa más que gentilmente. Mientras cuenta su historia, resalta algunas enseñanzas aprendidas en su trayectoria y algún que otro libro que integra la Biblia.

Su vida estuvo marcada por el entusiasmo. ‘’Estudié y trabajé toda mi vida. El día tiene 24 horas, no me digas que no podés hacer una media hora de gimnasia. Hay que achicar el tiempo muerto, aprovechá para estudiar, para salir, para disfrutar la vida, pero no pierdas tiempo’’, sugirió al recordar que previo a la entrevista, madrugó, salió a correr e incluso hizo diversos trámites.

‘‘Hice miles de cosas en una mañana que aún no terminó, el tiempo vale oro’’, subrayó Giménez, que en este 2021 sumó un logro más a sus atriles, el título de Contador Público.

Si bien se desempeñó como trabajador de la Afip hasta hace algunos años, la carrera de grado que terminó primero fue la de ingeniería química. Ya jubilado, en el afán de acompañar a sus hijos en la universidad, llegó la decisión fortuita de estudiar contabilidad.

‘‘Toda mi carrera de Ingeniería Química la hice mientras trabajaba en la Afip. Para evitar retrasarme en el estudio, aprovechaba cada segundo sobrante del trabajo, leía apuntes y estudiaba en el colectivo mientras realizaba viajes de comisiones laborales’’,contó.

Desde chico le dedicó tiempo, esfuerzo y energías al estudio y al trabajo paralelamente. Habiendo nacido en Santo Pipó, su primer contacto con la escuela fue en esa ciudad y mientras cursaba los primeros años, ejercía junto a su familia, el trabajo de chacra en el tambo, las plantaciones e incluso la fábrica de escobas. Durante el secundario, previendo que el servicio militar le quitaría tiempo de cursado, buscó adelantar algunos años. Rindió exitosamente todos los rigurosos exámenes y como finalmente quedó exento de la ‘colimba’ por sorteo, terminó ganando tiempo. Una vez en etapa universitaria, para mantenerse económicamente y alivianar a su madre viuda, concursó en distintos organismos públicos hasta que ingresó a la Dirección General de Impuestos. Dentro de esa área, se formó como Administrador Tributario.

Para Mario, los ejes deben estar alineados: espiritual, físico e intelectual. Por eso no descuida ninguno de ellos. Al tiempo que enumera las mieles y sinsabores del constante estudio, se observan cientos de medallas y trofeos en un rincón especial de su hogar posadeño. Junto a Diana, su compañera, no sólo participan activamente de competencias deportivas, triatlón, cross, atletismo, fútbol, sino que también inculcaron esos hábitos a sus tres hijos.

El alma de maestro se palpita tras unos primeros minutos en diálogo con Mario, que hoy confiesa que una de las áreas donde más a gusto se siente ejerciendo es la docencia. Recién recibido de contador, quiere poner en práctica todas esas horas de dedicación, pero con conocimientos vastos en química, estima que la docencia es un gran área para desarrollarse y también la que más disfruta.

‘’Además hace más de 15, 20 años que estudio la Biblia’’, acotó sobre su faceta que combina lo espiritual e intelectual.

Reconociendo que en muchas oportunidades tirar la toalla parece más fácil o menos desgastante, recordó el apoyo de muchos compañeros en esta última etapa e incluso de directivos de la Facultad de Económicas de la Unam.

‘‘Me di cuenta de que la calidad de los valores humanos es más importante que cualquier logro. Me están causando una sensación tan agradable los mensajes de mis compañeros… me llenan de tal forma espiritualmente que no sé cómo explicar’’, enunció sobre los elogios que recibe.

‘‘En toda actividad siempre hay problemas, hay dificultades, el secreto está en cómo se sobrelleva; si caés, levantáte, esforzáte para levantarte. Yo caigo igual que todos, pero Dios me dio esa capacidad de reaccionar, de reponerme, creo que se llama resiliencia’’, postuló sobre su constancia que lo vistió de egresado.

‘’Evidentemente que el hombre es un ser social, cuando me recibí y tenía todos esos mensajes de elogios, les escribí a mis compañeros, al decano y les dije ‘ustedes fueron lo máximo para mí, sin ustedes no llegaba ni loco’’’, alegó sobre el empuje que recibió en momentos determinantes.

Lejos de quedarse quieto, Mario corrió tres competencias tipo Short Cross después de su graduación y entre descansos mentales y espirituales, cranea algún proyecto que conjugue sus pasiones de enseñar, de transmitir valores y tocar corazones en distintas latitudes.

“Me gustaría hacer algo diferente y si es posible que tenga alcance internacional, aplicar mi experiencia y volcar mi capacitación lograda para enriquecimiento del país y seguir escudriñando las Sagradas Escrituras para retransmitir ese mensaje’’, enumeró entre sus propósitos actuales y futuros.

 

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