viernes 03 de diciembre de 2021
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Cielo de ovejitas

domingo 14 de noviembre de 2021 | 6:00hs.
Cielo de ovejitas

Hasta que por fin llegó al lugar, y ahí estaba él, parado a lo lejos, con las manos cruzadas atrás. Parecía recién llegado, pero no, ya hacía tiempo que estaba ahí. También lo notaba pensativo, con la mirada clavada al horizonte. Por el reflejo de la luz en sus anteojos baratos y sin anti réflex, Lucía, no pudo dilucidar a qué le prestaba tanta atención. Pensó en otra mujer, hasta que vio que, lo que observaba, era una especie de cuadro precioso lleno de nubes y el cielo azul de fondo. Automáticamente lo relacionó con la foto que sacó el jueves, mientras pasaba por la 9 de Julio. Ese día, pasó por la Catedral, pidió disculpas de antemano y salió. Caminó por la plaza, miró hacia arriba y observó “un cielo de ovejitas”, como decía su abuelo.

Sacó la foto y tuvo un deja vú. Ese era el día, otra vez. Vio a su nueva vecina y le preguntó por la ferretería más cercana porque, como era nueva en el barrio, no conocía la zona. Mientras hizo la fila para los diez metros recordó que su nueva cama la esperaba. El tipo de la ferretería la miró sorprendido, se quedó blanco cual papel de oficina, pero le dijo que eran metros suficientes. Salió en búsqueda de la cama, y eligió la más costosa a pesar de que el empleado, bajo estrictas órdenes suyas, quitó los adornos de bronce. Salió feliz y ansiosa, la panza se le revolvió al instante de los nervios.

Ya eligió dónde, era el lugar perfecto porque estaba alejado de las ventanas. Hizo un nudito marinero, corrió a su casa, llamó a su familia y canceló la cena. Su hermana le gritó por teléfono y le dijo cuanta mala palabra se le cruzó por la cabeza. De fondo escuchó a su cuñado, pero, entre los gritos, no entendió lo que le dijo. Cortó, estaba apurada, ya eran las 20:00. Cuando se fue, o, en realidad, cuando estuvo en proceso de hacerlo, escuchó a lo lejos a su hermana que, otra vez, le gritó que se quedara, pero no lo hizo. Tardó en llegar porque había mucha gente. Pensó que no, pero hizo una parada técnica que, al final, duró nueve horas de reloj.

Lucía estaba agotada de esperar, pero el mboyeré de personas, conocidas y no tan conocidas, no quiso despejar el lugar. Hasta que, para su alegría, la gente se cansó, puso la tapa y salió. Se dio cuenta, en ese momento, de la mala calidad de la madera, pensó en que la estafaron porque no era la que eligió. Escuchó a la muchedumbre llorar, le pareció de exagerados. Sintió que la movieron y, también, oyó ruidos en la tapa. Cuando dejó de moverse, ya estaba tres metros bajo la tierra.

Inédito.  Marianella Marchak, 25 años, estudiante de la Licenciatura en Letras en la FHyCS, oriunda de la ciudad de Posadas.

Marianella Marchak

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