lunes 06 de diciembre de 2021
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Vos no tenés mamá

domingo 07 de noviembre de 2021 | 6:00hs.
Vos no tenés mamá

-¡No quiero que juegues conmigo! ¡Vos no tenés mamá!

-¡Sí, tengo mamá!

Y pensó en su mamita. Chau, tesoro, portate bien. Su mami de pestañas largas y ojos pintados, pero que le queda lindo. No te arrugues el delantal. Y cuando la besa, ese perfume tan rico. ¿Me ponés un poquito? Solo en el pañuelito, no es para chicos. Su mamita de pelo rubio, largo, suave. ¿Te peino, mami? No te voy a hacer doler. Ella también cuando fuera grande, tendría el cabello así, todo dado vuelta en las puntas. Ahora, porque era chiquita, lo tenía lacio y negro. Tan lacio que para estar bien peinada, el peluquero se lo dejo´ corto, cortito.

Pero las nenas del Jardín le decían que la señora que la traía, no era su mamá. ¡De envidia! Porque su mamá era linda y tenía un auto rojo y unos vestidos preciosos.

Después del relato y el ataque de llanto de Paola, ella se quedó pensando; el silencio de la casa le oprimía como si el techo pesara y las paredes se fueran estrechando.

Un silencio dañino y angustioso, como aquel otro, antes de Paola.

Y la imagen, esa imagen tantas veces rechazada, volvió nítida, insistente. No la alejo como otras veces. Esta vez buscó detalles, voces, gestos, que la justificaran.

Y se vio con el bultito rosa entre los brazos, saliendo apresuradamente del hospital, con el corazón en la boca, temiendo a cada paso escuchar una voz que la detuviera.

-Eh, Ud.! Que hace con esa criatura!...

Nadie la llamó. Y solo cuando estuvo frente al volante, notó la transpiración de sus manos heladas. Como si hubiera robado al bebé.

-No! No fue un robo!

Era lo mismo, o casi igual. Con el consentimiento de la enfermera. Y de una madre primeriza y soltera, demasiado asustada que aceptó la mentira.

-A la madre le dijimos que nació muerta. Total, no quería saber nada y estaba dispuesta a regalarla. Así se quedó tranquila. Y usted también, ¿eh?

-¿Los papeles? Quién va a tomarse el trabajo de revisar! Si acá pasa cada cosa…Usted no sabe. Vaya tranquila. Solo yo lo sé. La partera es una vieja y no le importa nada. Usted fue muy buena conmigo. Gracias a usted soy enfermera. Vaya, el portero del hospital debe estar tomando mate con los choferes…

Y ella cruzando apresuradamente el arco de entrada, con el bultito rosa. Con el corazón latiéndole en la garganta. Y el temor de que la descubrieran.

Ya manejando con cuidado, miraba el montoncito de carita arrugada y puñitos cerrados. La robé…¡No! Es mi hija. ¿Quién podrá probar que no es mía?

Escucha las palabras de la enfermera la madre es una chica de sociedad. No querrá saber nunca más de este episodio. Vaya tranquila…

Y otra vez la imagen: atravesando el arco, la calle, con la criatura en brazos. El portero no estaba. Hacía frío. El corazón le latía. Nadie la llamó.

¡Dios! Después fue fácil. Paola en la cunita. Paola llenando la casa con sus berrinches. Y qué alegría poder comprar cositas en las boutiques de bebés…¿Es nena o varón, señora?...¡Le va a quedar precioso a su hijita! Su hijita. Era tan agradable que se lo dijeran. No sentirse excluida, poder hablar del sarampión y las vacunas. Recibir primorosas tarjetitas invitándola a su hija, a Paola, para los cumpleaños. Y ahora el Jardín. ¡Qué emoción el delantalito a cuadrillé!

Toda una etapa. Toda una vida. Toda su vida. Llevarla, bañarla, peinarla…Mami, me ponés un poquito de perfume? Solo en el pañuelito, Paola.

Pensar en la no existencia de Paola era caer, de golpe, en un vacío. Solo el pensarlo le producía una terrorífica sensación. Paola…los chicos del Jardín…el hospital…¡Esa no es tu mamá! Ella con el bultito rosa…¡No!

¿Qué le diría ahora?...Y aunque no fuera ahora, algún día…¡No! Cambiarían de pueblo. De provincia. De país, si fuera necesario. Su esposo tendría tanto miedo como ella. Pero, ¿y si alguien de esos que nunca falta…? Desalentada, suspiró. Fue como si toda la casa se hiciera eco. El mismo frío intenso; el mismo silencio angustioso, dentro y fuera…

Y comprendió que, en esa casa o en otra, siempre estaría latente el miedo, la angustia. Que si quería que Paola fuera enteramente suya, no debía alejarla con un secreto. Iba a dolerle, claro, y más, mucho más, a ella. Pero…

 

Con el pelito pegado a la cara pegajosa de caramelo, un muñeco tomado de una pierna –sin brazos y nariz pelada- y un hermoso desgarrón en el enterito, entró Paola. Es decir, entró la luz, el calor.

Le alisó el pelo, sonó su naricita y comenzó dulcemente:

-¿Sabés, Paola? En realidad, tenés dos mamás…

De “Se me ha perdido una niña” – Ediciones Misioneras 2021- Escalada Salvo ha publicado más de treinta libros de cuentos, poemas, novelas, teatro y antologías compartidas

Rosita Escalada Salvo

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