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De la ficción a la realidad

domingo 07 de noviembre de 2021 | 6:00hs.
De la ficción a la realidad

Brígida pasaba las noches y gran parte de los días frente a la computadora. Ese tiempo lo compartía también con el televisor. ¿Qué hacía tantas horas sentada ante esos aparatos, solitaria, silenciosa?

En la computadora entraba a Facebook para dejar alguno que otro mensajito a las personas conocidas pero muy pocas veces dialogaba con ninguna de ellas. Colgó algunas fotos donde se veía más real, más joven, más agraciada. ¿Por qué? Y sólo porque pensaba que la naturaleza no la había dotado con las mejores galas ni había muchas gotitas de belleza en su rostro ni en su cuerpo.

Estando en plena adolescencia atrajo a varios pretendientes que eran muy ardientes y querían, después de poco tiempo de trato, la famosa “prueba de amor” que ella no estaba dispuesta a darla tan pronto. Así se lo habían enseñado sus padres y también en el colegio de monjas donde había transcurrido la escuela primaria.

Cuando pasó a la secundaria, la Normal Mixta, se encontró con esos compañeros apuestos que querían acompañarla a la salida. Ninguno de ellos la hizo sentir bella, amada, respetada. Sí, deseada, demandada. Codiciada y muchas veces, humillada.

No pasó mucho tiempo que apareció uno que la pretendió, cortejó con insistencia y llegó a su casa a hablar con el padre para ser el novio oficial. Con él se casó, tuvo hijos, hubo noches apasionadas pero no encontró la ternura, la contención, el apoyo que su espíritu buscaba. Tampoco, en los treinta años que compartieron el matrimonio, la hizo sentir bella. Ni siquiera alguna parte de su cuerpo fue ensalzada como hermosa o por lo menos, linda.

Ahora estaba sola, viuda. Vivía en un departamento a pocas cuadras de la casa de dos de sus hijos.

En el televisor tenía registradas todas las novelas que daban en los distintos canales. Las que se superponían en horario, las grababa y las veía en cualquier momento en que sus ocupaciones tecnológicas la dejaban. Vivía, a través de la protagonista todo el amor, toda la belleza, toda la ternura que ansió siempre.

Un día recibió una invitación de alguien que quería ser su amigo. Nunca aceptaba amistades desconocidas por la red, siempre los eliminaba y (si era en el correo) lo señalaba como no deseado. Pero esta vez algo le llamó la atención. La invitación decía: “Jorge, el colorado, quiere ser tu amigo”.

Una chispa en sus recuerdos le trajo a la memoria uno de los tantos compañeros de la secundaria que era pellirrojo y pecoso. Antes de aceptar la invitación, entró a su perfil y vio unas pocas fotos donde estaba con dos muchachos jóvenes, muy parecidos a él, muy sonriente, con las marcas del paso del tiempo en el rostro y en el cabello rojizo y canoso. Pero aún así, bien parecido, elegante y, por sobre todo, irradiaba simpatía. O podía reconstruir la imagen del adolescente con el que compartió la secundaria.

Después de varias luchas consigo misma, mentales y espirituales, se decidió y aceptó la invitación.

Esperó ansiosamente la respuesta. Aguardó una señal en sus correos, en Facebook, mientras intentaba entretenerse con la infinidad d juegos que tenía guardados en “Favoritos”. Sus novelas se fueron acumulando en el decodificador sin que ella les prestara la menor atención.

Una noche, muy tarde, en la pantalla titiló el mensaje que le había dejado Jorge. Rápidamente se fijó en la respuesta… quería conversar con ella… no estaba seguro de que fuera la Brígida que él conocía… en las fotos había identificado algunos rasgos de la juventud… pero… todos cambiamos con el tiempo…le dijo.

Allí mismo, sus dedos comenzaron a teclear al ritmo de su corazón… Volvió a sentir el escozor de la pubertad, se sentía rejuvenecer.

Chatearon largas horas… Por varios días… Los dos estaban jubilados, los dos viudos, solos… Los hijos tenían vida propia y poco tiempo para los padres. Sí, habían sido compañeros pero sólo por dos años porque Jorge se tuvo que mudar de provincia debido a que su progenitor fue trasladado en el trabajo. Ahora vivía en Córdoba, lejos del Chaco donde se conocieron y ella seguía residiendo.

¿Cómo hacer para verse? Estaban ansiosos por reconocerse, por compartir otros estímulos y terminar con la soledad que era la compañera habitual de los dos desde hacía muchos años.

Un día, él le envió un pasaje de avión, abierto, para que ella pusiera la fecha cuando se decidiera a ir a visitarlo. Sólo eso. La vida, el tiempo harían lo demás...

A pesar de todas las novelas que miraba y absorbía con todos los sentidos, todavía anidaban en su mente los prejuicios de la sociedad, tan arraigados de su infancia. Además… ¿qué iban a decir los hijos, los nietos? Una vieja de sesenta y ocho años convertida en pendeja… (vocabulario de los nietos).

Meditó, masculló sus deseos, sus ansias desenfrenadas de armar la valija e irse, sin importarle los pensamientos ajenos… Él le insistía cada vez que chateaban, le hablaba con dulzura, la acariciaba con palabras. Estaba viviendo su propia novela pero todavía a través de un aparato frío, insensible.

Fue hablando, lentamente con sus hijos, primero con uno, después con otro… En un primer momento… fue el escándalo. Todo lo que ella había pensado que dirían, era poco. Recibió agresiones verbales tratándola de enferma. Alzheimer era lo que más resonaba en sus oídos. Pero su mente, su espíritu, su cuerpo le repetían que no era así, que ella estaba más sana que nunca, tan viva como jamás lo estuvo.

Pero tenía miedo también… ¿Y si los hijos tenían razón? Contaban tantas cosas que sucedieron y sucedían todos los días a través de internet… Pero ella no era una criatura, todavía tenía las facultades mentales en orden.

Se decidió una noche. Le comunicó a Jorge que saldría al día siguiente en el avión de las ocho de la mañana. Él la iría a esperar al aeropuerto. Le dejó una carta a sus hijos, que en ese momento estaría cada uno en el trabajo y los nietos en las escuelas. Nadie podría atajarla ni impedirle que volara hacia su sueño a comprobar si la vida le estaba dando otra oportunidad.

En el viaje, exageradamente largo para sus ansias, miles de imágenes se le presentaban, cientos de pensamientos negativos se le ocurrían, le martillaban el cerebro. Por momentos se arrepentía de lo que había hecho. En otros se daba aliento y se decía que ella se merecía ser feliz, que no conocía ese sentimiento en profundidad. Hijos y nietos le daban algo de esa alegría… pero no era todo lo que ella quiso en su existencia.

Con un suspiro hondo se entregó totalmente, se relajó en el asiento y decidió no pensar más. Ya estaba hecho. El destino, Dios o lo que fuera se encargarían de lo demás.

En el aeropuerto Jorge la aguardaba, la recibió como si siempre la hubiera esperado, la alegría, la simpatía y la ternura le brotaban por los poros. Sólo eso confirmó inmediatamente a Brígida de que estaba frente a una nueva vida llena de amor, paz y felicidad.

Sus hijos se convencerían con el tiempo…

Ella no volvió al Chaco. Jamás tocó nuevamente la computadora ni el televisor.

Se dedicó a vivir su propia y hermosa vida.
Del libro “Ellas” – 2011. La autora ha publicado literatura infantil en la colección Taca taca AELIJUM, además de otros libros.

Myrtha Magdalena Moreno

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