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Una mujer

miércoles 27 de octubre de 2021 | 6:00hs.
Una mujer

En un día de octubre de 1885, el 11 precisamente, nacía en Londres Alicia Moreau. Mujer de carácter, pero a la vez sosegado y generoso, desarrollaría en el Plata su brillante actividad intelectual. Fue y será emblema de la mujer militante que luchó por los derechos de la mujer y cuyos sueños de ayer, es realidad en nuestra Argentina de hoy. Cuando murió el 12 de mayo de 1986, le faltaba un mes para cumplir los 101 años de edad que lo vivió intensamente. Tal vez desde la cuna, debido a que sus padres debieron abandonar Francia luego de la represión que sobrevino tras el fracaso de la comuna de París en 1871. Su padre, Armando, era un anarquista comunero que defendía la causa obrera. Casualmente en aquella histórica revuelta en Francia, donde los obreros se hicieron del poder por dos meses, conocería a María Denanpont y juntos formaron una familia. Después, sobrevino la desgracia del peregrinaje cansino del destierro obligado donde llegaron a puerto argentino allá por 1880; tierra de inmigrantes esperanzados que junto a otros tantos gringos empeñosos hicieron grande a nuestro país. Y pobres como eran, se radicaron en el incipiente barrio de Floresta, lugar de clase laburante donde sobresalían más arboledas que casas y en los humedales se escuchaba el croar de ranas y sapos. Creció pues en ese lugar, cobijado en un hogar donde se le inculcó el principio de la solidaridad, de la igualdad entre el hombre y la mujer y la libertad de pensamiento, premisas que las aplicó durante su vida terrena.

El padre que da consejos más que un padre es un amigo, dice el refranero popular. Y la actividad y el empeño de Alicia por la libertad comenzó en las largas charlas con su padre en el Buenos Aires convulsionado por la Revolución del 90, en el cual su papá se relacionó con grupos socialistas. Esa fue su escuela y siendo joven mujer, comenzó a participar en todo congreso feminista que expresara el libre pensamiento. Como no podía ser de otra manera, otras mujeres con igual sentir libertario y de plenos derechos de la mujer se unieron en su derrotero y participaron en distintos congresos, principalmente en el Comité pro Sufragio Femenino:  Elvira Rawson, Alfonsina Storni, Gabriela Mistral, Juana de Ibarbourou, Herminia Brumana entre otras, lo que da un panorama extensivo a nivel latinoamericano donde las mujeres se posicionan, se hacen visibles y se destacan por su importante capacidad organizativa. Es así que en 1910 cuando el país festeja su cumpleaños número cien con la importante visita de la Infanta Isabel de Borbón, tía del rey Alfonso XIII de España, organiza el Primer Congreso Femenino Internacional, haciendo oír las voces de todas las mujeres latinoamericanas sometidas al machismo de la época, en el cual argentinas, chilenas, uruguayas y paraguayas reclamaron el derecho de las mujeres a votar.

Alicia se gradúa de médica en 1914 con diploma de honor. Hizo las prácticas en el Hospital de Clínicas. “Ahí conocí la resaca de la desgracia femenina”, decía. Atendía a prostitutas casi en estado de abandono y comprobó que muchas de las enfermedades de los trabajadores eran producto de la miseria que sufrían por injustos regímenes laborales a los que eran sometidos. Tiempo después se casa con su colega Juan B. Justo, el fundador en 1983 del Partido Socialista en Argentina, quien expresaba sus ideas en el periódico La Vanguardia. Y como militante de pura cepa, para concretar la redacción, Juan Bautista tuvo que vender el coche que utilizaba en sus visitas de médico y empeñar la medalla de oro que le había otorgado la Facultad de Medicina. Ejemplo de militancia.

Junto a él, Alicia desarrolló un socialismo humanista y feminista de avanzada, dedicando su vida a mejorar la calidad de vida de las mujeres, los niños y los trabajadores, sin olvidar su gran objetivo, la lucha por conseguir el voto femenino, que hombres en el poder evitaban su participación.

Fueron décadas de lucha desde que ingresó al Parlamento el primer proyecto de ley para que las mujeres puedan ejercer el derecho al voto, presentado por el socialista Alfredo Palacios y año más tarde por otro socialista Mario Bravo. Ambos fueron cajoneados.

Desde aquellos proyectos se rechazaron varias iniciativas más, hasta que en septiembre de 1947 se sancionó la ley 13.010. En su primer artículo sostenía: “Las mujeres argentinas tendrán los mismos derechos políticos y estarán sujetas a las mismas obligaciones que les acuerdan o imponen las leyes a los varones argentinos”. Semanas después, Eva Duarte salió al balcón de la Casa Rosada y ante miles de mujeres reunidas en la Plaza de Mayo expresó: “Mujeres de mi Patria, recibo en este instante de manos del Gobierno de la Nación, la ley que consagra nuestros derechos cívicos. Y la recibo, ante vosotras, con la certeza de que lo hago, en nombre y representación de todas las mujeres argentinas. Sintiendo, jubilosamente, que me tiemblan las manos al contacto del laurel que proclama la victoria”.

El mismo año que Evita viajó a Europa, Alicia fue a representar a la Argentina en el Congreso Internacional Femenino en París. Cuando ese año se proclamó el voto femenino, por el que tanto había luchado, dijo: “Qué bueno, aunque venga del gobierno peronista”. Años después cayó presa por contrera.

Recibió homenajes, participó de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos y apoyó el reclamo de las Madres de Plaza de Mayo. Junto a Raúl Alfonsín, fue la única que se opuso abiertamente a apoyar la guerra de Malvinas y bregó por la unión del socialismo en el país.

Alicia Moreau de Justo fue de las grandes mujeres argentinas que luchó desde una concepción humanista por los derechos de la mujer. Una avenida de Posadas lleva su nombre ¿Cuántos misioneros sabrán de quién se trata?

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