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El hecho se registró la noche del 6 de octubre de 2016

Tres años más de cárcel para dos acusados de abuso

El trío ya había sido condenado en 2018, pero el STJ anuló la sentencia por un reclamo del abogado Roberto Bondar. Ayer, el TP de Oberá amplió lo que fue la primera pena de dos acusados

martes 26 de octubre de 2021 | 6:05hs.
Tres años más de cárcel para dos acusados de abuso

El Tribunal Penal Uno de Oberá condenó a Yonathan Ezequiel Taborda (30), Rosalino De Melo (54) y Jacobo Saúl Bareiro (36) a penas de entre 18 y 25 años de cárcel por robo y abuso sexual perpetrado hace cinco años en perjuicio de una mujer que padece varios problemas de salud, quien al momento del hecho tenía 67 años.

La sentencia fue leída pasado el mediodía de ayer por el presidente del Tribunal subrogante, Miguel Orlando Moreira, quien estuvo secundado por Jorge Villalba y Graciela Heppner.

Los tres imputados fueron hallados culpables de los delitos de abuso sexual con acceso carnal en concurso ideal con el delito de abuso sexual gravemente ultrajante para la víctima, ambos agravados por haber sido cometidos por dos o más personas y con arma blanca, todo en concurso real, con el delito de robo doblemente calificado por haber causado lesiones graves a la víctima y por haber sido cometido con arma blanca y en poblado y en banda.

De Melo y Bareiro, quienes en todo momento insistieron en su inocencia, recibieron la pena de 25 años de prisión.

Taborda fue sentenciado a 18 años ya que el Tribunal consideró que colaboró con el proceso porque confesó la autoría del hecho de robo e implicó a los otros dos, al tiempo que apuntó a De Melo como responsable del abuso sexual.

El 30 de agosto del 2018, por el mismo expediente, Taborda fue condenado a 18 años de cárcel, mientras que De Melo y Bareiro recibieron la pena de 22 años cada uno, aunque el año pasado el Superior Tribunal de Justicia (STJ) anuló la sentencia por una falla en el acta de debate relacionada a la incorporación por lectura del testimonio de la víctima.

Tres años más

El reclamo que derivó en la anulación de la primera sentencia y la concreción de un segundo juicio fue impulsado por Roberto Bondar, defensor particular de Bareiro.

A juzgar por el veredicto, la estrategia defensiva terminó perjudicando tanto a Bareiro como a De Melo, puesto que en el juicio del 2018 fueron condenados a 22 años de prisión y en la víspera recibieron 25 cada uno.

Otro aspecto que complicó a las defensas fue la declaración de la víctima en el primer día de juicio, ya que evidenció in situ su extrema vulnerabilidad por diferentes patologías y su edad.

La mujer -hoy de 72 años- padece artrosis, problemas auditivos y macroglosia -trastorno que hace crecer la lengua más de lo normal-, por lo que contó con asistencia de una traductora de alemán, idioma paterno con el cual se desenvuelve mejor.

Si bien en el inicio del debate se exhibió un certificado médico que explicitó sus inconvenientes de salud, los defensores insistieron en hacerla comparecer.

En consecuencia, el Tribunal hizo lugar al pedido de intervención del Cuerpo Médico Forense local, que evaluó a la septuagenaria y, según junta médica, determinó que se hallaba en condiciones de prestar declaración, a pesar de la angustia y la crisis de llanto que le producía el tema, aclararon.

“Los tres delincuentes entraron por una ventana, la golpearon en la cara y diferentes partes del cuerpo. Le apretaron los pechos y le tiraron agua fría y alcohol en la cara. Dijeron que iban a hacer lo que quieran con ella. Le ataron las manos y los pies. Buscaban plata y tiraron las cosas al suelo (…) Le sacaron la ropa y los tres la violaron”, tradujo Carol Ferrari, quien asistió a la víctima en el primer día del juicio.

Las pruebas

El hecho se registró en la noche del 6 de octubre de 2016 en una vivienda ubicada en el kilómetro 9 de la ex ruta Nacional 14, en Oberá.

En su alegato, la fiscal Estela Salguero relató que los acusados entraron por una ventana, redujeron y golpearon a la víctima. La ataron y violaron. Revisaron la casa, le pedían plata y la amenazaban con un cuchillo.

Luego los delincuentes escaparon del lugar con varios elementos que más tarde fueron hallados en la zona.

La fiscal ponderó el aporte del testigo Fernando Trondle, vecino de la víctima, quien alrededor de las 23 llegaba a su casa y, por el camino, observó tres hombres en actitud sospechosa y un horno eléctrico tirado en cercanías.

Llamó a la Policía y luego recorrió la zona, circunstancia en que logró identificar a un hombre que resultó ser De Melo.

Taborda fue detenido e identificado en inmediaciones del domicilio y en su poder hallaron anillos, billetes de australes (en desuso) y un ejemplar de bolsillo del Evangelio según San Juan, propiedades de la anciana. Además portaba un cuchillo.

Llevaba una remera con manchas con sangre y un jean cortado, prenda que luego identificó la víctima.

“En este debate la señora contó nombró a los tres. Dijo Bareiro, De Melo y Taborda. Dijo los tres abusaron de mí; contó que le apretaron los pechos y que la ataron las manos”, destacó Salguero.

La voz de la víctima

Según alegó la fiscal, en este tipo de casos no hay testigos y por ello “la principal prueba es el testimonio de la víctima. Con todas sus dificultades, acá contó llorando que le tiraron agua fría y alcohol en la cara y todo lo que le hicieron”.

También opinó que el relato de la mujer fue corroborado por el de su cuñada, con quien habló luego del hecho.

Asimismo, en rueda de detenidos identificó a los tres sospechosos. Dijo que conocía a De Melo y a Bareiro porque trabajaron en el aserradero de su hermano y que solían ir a su casa a pedirle agua, por lo que sabían que vivía sola y era indefensa.

“Taborda reconoció que participó del hecho, pero dijo que no abusó, aunque la víctima lo reconoció por el pantalón cortado. A De Melo lo identificó. Lo mismo que a Bareiro, quien dijo que no conocía a Taborda, siendo que eran cuñados”, precisó la fiscal.

“Una mujer mayor, sola. La golpearon y cortaron. Incluso tomaron una sidra mientras que abusaron de ella. Le sacaron fotos y se burlaron. Sabían que vivía sola y que era una víctima totalmente indefensa”, subrayó en su alegato.

Previamente, por solicitud de la titular del ministerio fiscal, se incorporó por lectura el certificado médico que detalló las lesiones que padeció la víctima: múltiples heridas y excoriaciones en diferentes partes del cuerpo, signos de ataduras en las muñecas y de abuso sexual con acceso carnal.

Fue tan malherida que permaneció cinco días internada en el hospital Samic y luego requirió 45 días de curaciones.

Uno confesó

Tal como lo hizo en el primer debate, en el segundo Taborda fue el único que reconoció su participación en los hechos y comprometió a De Melo y a Bareiro, quienes insistieron en su inocencia. 

“Entramos por una ventana. Nuestra meta era la plata. En eso escucho como una persona sufriendo. Me paré en el umbral de la puerta y vi lo que estaba pasando, corrí para contarle a mi cuñado. Era una escena grotesca, para mi indescriptible”, señaló Taborda, quien ante la pregunta de la fiscal confirmó el abuso y señaló a De Melo.

Si bien dijo que sólo uno cometió la violación, Taborda confesó que ató a la víctima con unas vendas que tenía.

Por su parte, De Melo, que ya cumplió condena por homicidio, calificó a Taborda como “psicópata y drogadicto” y que no entiende por qué lo acusó.

“Dónde hay un ADN mío. Sólo porque Taborda dice. No hay ninguna prueba en mi contra, pero perdí mi familia, perdí mi salud”, declaró.

Reconoció que trabajó nueve años con el hermano de la víctima y dijo conocer a Bareiro desde chico. “Trabajamos juntos, pero no en el aserradero”, lo que fue desmentido por la cuñada de la septuagenaria.

A su turno, Bareiro negó su responsabilidad en el hecho y cuestionó la instrucción.

En sus respectivos alegatos, las tres defensas reclamaron por la ausencia de pruebas de ADN que vinculen a los acusados con el abuso, por lo que la acusación se sustentó en el relato de la víctima, siendo que los mismos letrados insistieron para que se presente y se considere el testimonio.

En la sentencia, el Tribunal avaló la visión de la fiscalía sobre el valor del relato de la damnificada e impuso duras penas.

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