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Roca y la federalización de Misiones

miércoles 20 de octubre de 2021 | 6:00hs.
Roca y la federalización de Misiones

El 17 de octubre de 1914 fallecía Julio Argentino Roca. Fue general del Ejército, estadista y presidente de Argentina cuando tenía 36 años de edad, de 1880 a 1886, y de 1898 a 1904. Los historiadores lo sindican como el representante más importante de la Generación del 80, superando en ese ítem a los grandes intelectuales de la época, Alberdi, Mitre y Sarmiento.

Durante sus dos mandatos como presidente se concretaron en el país los grandes proyectos de infraestructura ferroviaria, de instalaciones portuarias, de laicización de la legislación que fortaleció el poder estatal y, por sobre todo, el gran aumento de la inversión extranjera y de los grandes contingentes de inmigrantes que hicieron grande a la Argentina y que estuviera, hacia finales del siglo XIX, entre los países más ricos del planeta. Reverso de la triste situación del hoy argentino, en que decadentes figuramos entre los pobres del mundo con el índice del 40,6 % de pobreza y más del 50 de inflación, origen y madre de las corrupciones.

Como general de la Nación, realizó la conquista del desierto teniendo tres objetivos: extender la frontera hacia el sur, (anexó una superficie equivalente a 30 veces la provincia de Misiones); concluir con el malón indiano que azotaba la frontera; y eliminar definitivamente la pretensión chilena de hacerse con la región pampeana, concluyendo con el litigio cuando ambas naciones, en 1881, acordaron que el límite en la cordillera andina se fijaba en base a la división de las aguas.

La Conquista del Desierto fue de los actos fundacionales de la República Argentina, dando término al asedio del indio. Este fatal desencuentro comenzó con la llegada del hombre blanco a estos lares, pues los aborígenes los consideraban usurpadores de la tierra atacando sus estancias y poblados. La primera expedición contra el indígena fue en 1820 en el gobierno de Martín Rodríguez. A estas las siguieron otras. En el primer gobierno del Restaurador de las Leyes se hicieron varias partidas hasta que, en 1833, el mismo Rosas encabezó la comandancia de su campaña en pos de los siguientes objetivos: someter a la obediencia criolla a los indígenas, terminar con los malones que asolaban a las poblaciones, rescatar a los cautivos, incorporar tierras y efectivizar la soberanía sobre los territorios ganados.

Al fin de la operación informó al gobierno el saldo de su campaña: 3.200 indios muertos, 1.200 prisioneros y el rescate de 1.000 cautivos blancos. Además, celebró el pacto con los indios pampas para enfrentar a los indios ranqueles y a la confederación liderada por Calfucurá. Desde ese momento estos indígenas se aliaron al bando de los unitarios. Aquellos otros, a los federales. Estas alianzas continuaron sirviendo a uno u otro partido en fuertes acuerdos, incluyendo traiciones, hasta la Batalla de Caseros cuando el ejército de Justo José de Urquiza venciera al bando de Juan Manuel de Rosas. En la facción de Urquiza peleó el coronel puntano Manuel Baigorria, de gran ascendencia entre los indios por cuanto vivió 20 años entre ellos.

Roca lo conoció. Y cuando en su retiro de toda actividad le piden que cuente su historia, comenzó el relato de esta manera: “Ahora que usted me pide que hile mis recuerdos, se me ocurre pensar en el coronel unitario Manuel Baigorria, harto de persecuciones se fue a vivir con los indios mimetizándose con ellos, manejando la lanza como ranquel y participando en los malones. Regresó de las tolderías después de Caseros, a la inversa de los intelectuales perseguidos por Rosas que en la época se refugiaban en Montevideo. A Baigorria yo le tiraba la lengua -decía- para que contara las costumbres y los métodos de guerra del salvaje. Una tarde extrajo un cuaderno escolar con sus memorias y en la primera hoja mostraba su intención; “El coronel Baigorria, en la Villa del Río Cuarto, no teniendo en qué distraerse, se ocupa de recordar ligeramente de su pasada y agitada vida”. Roca, meditando, prosiguió: “A mí me pasa lo mismo, voy a evocar mis memorias, en primer lugar, porque estoy ocioso, pero también porque mi vida tiene algún interés y algo hice”.

Así, Roca, general de 32 años, conseguía datos para organizar su campaña al desierto contra el indio de primera mano. Atrás quedaban todos los otros intentos, como la loca idea de Alsina de cavar una gran zanja de contención para proteger la frontera; la excursión de 20 días a los indios ranqueles por Lucio Mansilla, para después lanzar su lapidario informe en la Cámara de Diputados. Y, por último, el Mein Kampf contra el indio escrito en versos en el libro ‘Martín Fierro’, de José Hernández. Un ejemplo: “El indio pasa la vida, robando o echao de panza. La única ley es la lanza a la que se ha de someter. Lo que le falta en saber, lo suple con desconfianza. Su pretensión es robar, no quedar en el pantano. Viene a tierra de cristianos, como furia del infierno. No se llevan al gobierno, porque no lo hallan a mano”. Así, todo el poemario.

El libro original ‘Manuel Baigorria. Memorias’, el autor contradice al ‘Martín Fierro’ de Hernández, explicando que se trataba de un ser humano con sentimientos, que profesaba amor a su familia y lealtad con sus hermanos, pero que detestaba al hombre blanco que invadía sus tierras. Entonces se entiende que estas dos civilizaciones en pugna debían enfrentarse, triunfando el más fuerte según la teoría darwiniana.

Cuando el hombre blanco llegó a poblar estas costas, temía dos invasiones: una por mar, se dio con los ingleses; otra por tierra, se dio con los aborígenes. Esta lucha duró hasta que se impuso Roca. Y a Roca los revisionistas lo tildan de genocida. Si fuera así, genocidas deberían considerarse a todos los habitantes del sur argentino desde su llegada hasta el fin de la Campaña del Desierto.

Por ley, en 1881, se federalizó Misiones, separándola de la provincia de Corrientes y, por ende, se  crea el Territorio Nacional de Misiones. Roca, el vilipendiado, fue el ideólogo. Si no fuera por esa ley, ¿seguiríamos misioneros o correntinos?

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