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Cartas de lectores

Inflación por fuga de divisas

jueves 14 de octubre de 2021 | 6:00hs.
Inflación por fuga de divisas

Son varios los factores que siempre se han tomado como generadores de inflación en la Argentina. A pesar de esos ejemplos, hay uno que casi nunca es mencionado y analizado públicamente por los economistas. Tal vez porque no quieren pelearse con los mayores dueños del dinero, o porque su orientación profesional lo quita del debate. Ese factor que tiene mucho peso en la generación de la inflación son los dólares que ganan las empresas y particulares en la Argentina y luego los llevan a paraísos fiscales o bancos de otros países del mundo. Aclaremos también aquí que los dueños de los principales medios de comunicación son los que también sacan dólares del país. Por eso no se analiza la suba de precios bajo estos términos en los programas periodísticos que emiten.

Sintéticamente voy a explicar por qué esta práctica genera inflación. Si la mayor parte de esos dólares que se fugan de la Argentina quedara en nuestro territorio, el desarrollo económico nacional sería diferente. Una parte importante de esa moneda estadounidense iría a parar al Banco Central, transformándose en reservas. Otra parte de esa misma moneda se utilizaría para la compra de bienes de capital para multiplicar la actividad económica. La mayor cantidad de reservas en el Banco Central haría posible una emisión superior de pesos con el correspondiente respaldo, y habría menor necesidad de salir a pedir dinero prestado. El mayor flujo de pesos con respaldo que circularía internamente en el país haría que se formen más empresas productivas y, las que ya están en actividad, seguro que aumentarían su producción. Esta mayor actividad económica, haría que aumenten las ofertas de todo tipo de productos, frenando en buena medida los constantes aumentos de precios.

Lógicamente, el incremento de la actividad en todos los rubros necesitará de más personas que se dediquen a esas tareas. Esto implica automáticamente, una disminución en la tasa de desocupación local. A medida que aumenta el dinero con buen respaldo en las manos de los argentinos, comienza un proceso virtuoso donde el crecimiento del consumo interno empuja hacia arriba la actividad empresarial.

La pregunta que incomoda es ¿por qué los que tienen, sacan tanto dinero de la Argentina? Hay tres o cuatro factores que sobresalen en este fenómeno.

Primero, hay muchas grandes empresas extranjeras operando en el país. Al no existir una ley que se mantenga en el tiempo y que les obligue a reinvertir en nuestro territorio una parte importante de sus ganancias, siempre aparecerán los gobiernos con características antinacionales que les permitirán llevar a sus países todos los dólares que a ellas les place.

Segundo: la influencia de las ideas de libre mercado alimentada por los países poderosos trabaja con muy buenos resultados sobre la conducta de muchos gobernantes e intelectuales de nuestro suelo. Éstos terminan convenciendo a una parte importante de nuestra población sobre las supuestas virtudes y ventajas de una economía de puertas abiertas. El resultado de la aplicación de estas políticas es la parálisis económica y la destrucción de nuestra industria nacional.

Tercero: las consecuencias negativas que desata la apertura de nuestras fronteras comienzan a generar desconfianza en nuestra propia moneda por la pérdida de valor, acentuando cada vez más la fuga de divisas. Este fenómeno primero lo iniciaron los más poderosos en términos económicos, y luego lo siguieron muchos que pertenecen a la clase media. En estos días, la desconfianza respecto a la moneda nacional ha llegado a tal punto que a quien le sobra unos pesos trata por todos los medios de canjearlos por dólares. Como la Argentina no fabrica este tipo de billetes y el ingreso al país es mayoritariamente por el pago de lo que exportamos, los dólares se vuelven cada vez más escasos y se dispara su valor respecto a la moneda nacional.

Cuarto: la falta de confianza que se forma alrededor de nuestra moneda, y por ende de nuestra economía, no es el resultado exclusivo del accionar del gobierno, las empresas o de muchos argentinos. Es también el producto de la acción de las naciones poderosas que, a través de la teoría del poder blando, van condicionando la manera de pensar de muchos de nosotros. Si no lo creen, observen, por ejemplo, cómo todos los días vemos o escuchamos noticias negativas o poco alentadoras para los argentinos. Eso nos genera una sensación en la que parecería que somos lo peor de mundo, los más incapaces, los más corruptos, etcétera. Así, nos van quitando de a poco la autoestima y el deseo de trascendencia que debe tener toda persona para ser creativa y salir adelante. Así es como vamos perdiendo el interés y el amor por nuestra propia patria.

No sé si es mucho o poco lo que se puede hacer desde las provincias periféricas, pero si desde aquí nos abocamos a romper este mal que nos aqueja, probablemente con el tiempo veamos resultados importantes. El mayor desafío es que volvamos a creer en nosotros mismos, porque tenemos los elementos necesarios para crecer, porque no somos inferiores a nadie, y porque no estamos dispuestos a que otros nos quiten el futuro como nación.

Ramón Agustín Alegre
Escritor y periodista
 

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