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Cumbre del Clima en Cartagena

martes 12 de octubre de 2021 | 6:00hs.
Cumbre del Clima en Cartagena

El viernes 8 finalizó la primera Cumbre del Clima para Latinoamérica y el Caribe. Se realizó en la ciudad de Cartagena de Indias, Colombia y fue organizada por Ieta, un colectivo de empresas privadas referente en el mundo en la reducción de gases de efecto invernadero, y por Asocarbono, asociación colombiana dedicada al mercado de carbono, que aspira a incidir positivamente en las políticas públicas en la materia.

En Colombia -desde 2016- las empresas a pagan un impuesto por sus emisiones de C02 a la atmósfera. Como incentivo para reducir los gases del efecto invernadero, el gobierno nacional propuso que las empresas compren bonos de carbono, que equivalen a una tonelada de CO2, para reducir los costos de dicho impuesto. De acuerdo a la Usaid, agencia estadounidense dedicada al desarrollo internacional, ese mercado está en ascenso y resulta una solución interesante.

En el mundo, muchas compañías ya se han comprometido a lograr fuertes reducciones de las emisiones de gases en el largo plazo. Otras se verán obligadas a actuar por la presión de clientes, inversores y gobiernos. En este sentido, Katie Sullivan -directora de Ieta- explicó que el Mercado Voluntario de Carbono para cumplir con el Acuerdo de París, hoy está integrado por más de 450 empresas y organizaciones de primera línea mundial que buscan volverse sostenibles. 

Participaron de la cumbre expertos internacionales para unificar criterios y analizar los temas más relevantes acerca de la evolución de los mercados de carbono en Latinoamérica y el Caribe, soluciones para los mercados globales: cómo alcanzar las emisiones de carbono netas cero y las soluciones basadas en la naturaleza, el mercado y los instrumentos financieros.

La perspectiva que tiene el mundo empresario para reducir su huella de carbono está enmarcada por transacciones, mercados e impuestos. Lo que requiere que la normativas y reglamentaciones que por un lado tengan una profunda precisión técnica, pero al mismo tiempo ofrezcan soluciones prácticas y viables para cualquier corporación.

En Brasil, por su parte, establecieron que capturar carbono de la atmósfera es un servicio ambiental que ya se puede considerar una actividad en la Amazonía brasilera y por la cual se puede emitir factura. Así lo explicó Julie Messias, directora de Ecosistemas en el Ministério do Meio Ambiente.

Una fábrica que funciona con energía eléctrica proveniente de usinas a fueloil o diesel y quiere migrar a energías limpias, dotando -por ejemplo- de paneles solares su planta, debe asumir costos y compromisos financieros que pueden desestabilizar la economía de la empresa. Esta transición energética genera los llamados costos de abatimiento, que deben analizarse minuciosamente en cuanto a tiempos y formas de amortizar esta inversión. 

Al mismo tiempo, es un tema de discusión actual en cada gobierno cómo promocionar ese cambio, y buscar la mejor forma de trabajar junto a las empresas en alcanzar industrias amables con el ecosistema. Desde el Estado se aspira ofrecer exenciones impositivas o créditos subsidiados. Pero primero, los gobiernos nacionales y subnacionales esperan recibir de organismos internacionales fondos no reembolsables para financiar sus programas. 

Los montos que aportaría cada potencia mundial que emite carbono y las sumas que recibiría cada país que captura carbono son tema de discusión de la próxima Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático en Glasgow, Inglaterra, entre el 1 y el 12 de noviembre. 

En el Acuerdo de París, los países desarrollados se comprometieron a movilizar 100.000 millones de dólares anuales por la causa, pero esto no se está cumpliendo. En este sentido fue la intervención del ministro de Cambio Climático de Misiones, quien afirmó que no se puede hablar de negocios sin dinero, eso es sólo una conversación e insistió en el cumplimiento de los acuerdos diplomáticos.

La cumbre concluyó reafirmando el respeto al Acuerdo de París y a los Objetivos de la Agenda ODS 2030, y reconoció los cambios observados en el clima de la tierra producto de las actividades humanas, atento a lo informado recientemente por el informe del Grupo Intergubernamental de Expertos, IPCC.

Los mercados de carbono pueden ser la pieza clave para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Agilizando las mediciones, ayudando a los países a reducir sus emisiones en línea con sus Contribuciones determinadas, NDC y lo propuesto por el Comité de Cambio Climático de Naciones Unidas.

En conclusión, podemos afirmar que está en el ADN de los latinoamericanos el cuidado del medio ambiente y podemos aprovechar las agendas poscovid para reafirmar que gracias a nuestros bosques y selvas somos acreedores ambientales de los países que contaminan.

Un precio justo por la tonelada de CO2 capturado de la atmósfera va a derivar en gobiernos que puedan ofrecer herramientas robustas que fortalezcan la competitividad de las empresas y den certezas a las inversiones privadas, incluso los funcionarios colombianos hablaron de un Estado que ofrezca garantías. Un mercado de carbono equitativo va a significar beneficios para toda la comunidad y para las próximas generaciones.

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