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Pinceladas de historia

Orígenes del “mencho” correntino

domingo 10 de octubre de 2021 | 6:00hs.
Orígenes del “mencho” correntino

“Mencho” es una acepción que se usa en Corrientes para referirse al hombre de campo. En ese sentido, ese término es sinónimo de “gaúcho”, para el caso de Rio Grande do Sul, “gaucho” para el Litoral y la Pampa argentina, “paisano”, como se lo nombra en la República del Uruguay o simplemente campesino en el Paraguay. A pesar de las diferentes nominaciones, se trata del mismo tipo social: es el hombre de campo, el peón rural, encargado de las actividades principales de la actividad ganadera, especialmente.

El “mencho”, o “gaúcho”, o “gaucho”, o “paisano”, tiene un mismo origen étnico. Se remonta a la época de la dispersión de los guaraníes de sus pueblos, como consecuencia de la expulsión de los Jesuitas. Esta orden real de Carlos III de 1767 produjo graves consecuencias en el territorio de las Misiones Jesuíticas. En apenas tres décadas, el territorio de las Misiones, el más poblado y organizado de todo el litoral rioplatense en el siglo XVII. El sistema económico basado en la reciprocidad (el “tupambaé”), basado en la generosa voluntad de hacer las cosas para la comunidad toda se fue perdiendo lentamente. No hubo control sobre el cumplimiento de las obligaciones laborales comunitarias. El territorio que estuvo vedado para el ingreso de españoles durante la época jesuítica, fue abierto para todos los extranjeros que quisiesen comerciar allí. Y también ingresó el alcohol y con él la degradación de las costumbres.

Hacia principios del siglo XIX los pueblos estaban en total decadencia. Las familias hambreadas en los pueblos se vieron obligadas a emigrar hacia las estancias que españoles ligados al poder de los cabildos iban edificando en los espacios cercanos al territorio misionero. La demanda de cueros, sebo y carne salada desde Europa, hacía muy rentable este negocio. Las tierras eran obtenidas mediante otorgamientos del cabildo, como en el caso de Corrientes, Entre Ríos y la Banda Oriental, o de “sesmarías”, en el territorio riograndense ( a militares que lograron afianzar la frontera portuguesa sobre el río Uruguay).

Familias enteras se trasladaron a esas estancias, buscando paliar el hambre con la dieta mas preciada por la etnia guaraní: la carne. Para ello hicieron valer sus conocimientos de la producción pecuaria y agrícola obtenidos durante los tiempos jesuíticos. A diferencia del peón criollo que sólo sabía trabajar con el ganado, el guaraní era idóneo también en el cultivo de hortalizas, cereales, etc. Por eso fue mano de obra muy preciada por los nuevos estancieros. La paga recibida era la ración diaria de carne, pero así y todo estaban mejor que en sus pueblos abandonados y destruidos.

La convivencia aparentemente armónica de criollos y guaraníes produjo un rápido proceso de mestizaje. De esta simbiosis étnica nació el hombre de campo de la gran región misionera: el “gaucho” o “mencho”, según es conocido en el territorio correntino. Fue la lógica consecuencia de la mezcla racial del campesino criollo con el indio guaraní. En la primera mitad del siglo XIX ya se constituía en el principal tipo social de la amplia pradera platina.

Medio indio, medio criollo, el “mencho” es hombre de campo por excelencia. A su vestimenta tradicional, poncho, sombrero, boleadoras, bombacha, faja, incorporó una música que pasó a formar parte de su identidad campestre: el “chamamé”. Uno y otro, el “mencho” y el chamamé, forman en Corrientes, el principal elemento identificatorio de la cultura de esta provincia, esencialmente ganadera. Y el “chamamé” no es posible sin el acordeón, instrumento portátil con lenguetas metálicas puestas en vibración mediante un fuelle. Se le puede incorporar un teclado que completa y armoniza una música maravillosa que despierta en los habitantes de esta región los sentimientos atávicos mas profundos. El característico “sapucay”, sonoro grito interior emitido con todo el aire de los pulmones, puede representar alegría, felicidad, así como dolor o angustia.

El “mencho” es todo eso. Orgulloso de su identidad, es hombre de campo por excelencia, naturalmente supersticioso, el guaraní es su idioma de comunicación con su endogrupo, y el “chamamé” su idioma musical que lo identifica con su “nosotros” y lo diferencia de “los otros”.

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