martes 26 de octubre de 2021
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Igual

domingo 10 de octubre de 2021 | 6:00hs.
Igual

Hay un día en que uno se pregunta: ¿qué estoy haciendo acá? Y ese día todo lo que hace y todo lo que lo rodea queda en suspenso. A veces, es sólo un segundo: la respiración de un buceador que vuelve a sumergirse, un fogonazo, y resumergirse en la rutina y disolverse en ella.

Bueno, ese día la sensación duró más de lo acostumbrado. Tuve miedo.

Miré a mi mujer y vi todo lo que odiaba de ella de un solo golpe.

Estaba frente a mí con su batón descolorido limándose las uñas.

-No soporto que te limes las uñas delante mío -dije.

Ella miró de reojo y puso la radio más fuerte, música bolichera, asquerosa.

-Sacá esa bazofia -dije.

Ella tosió, se cambió la lima de mano y siguió con lo suyo.

Salí al patio, hacía frío, busqué un saco y me fui al bar de la esquina. Tomé una ginebra que me dio valor. Esperé que pasara algo y caí en la cuenta que esta vez dependía de mí. Busqué una moneda y llamé a Florian.

- ¿Otra vez lo mismo? -preguntó.

-Esta vez es diferente -susurré.

-Siempre es diferente.

-No.

Colgué y salí. Caminé hasta el parque. Los domingos es un lugar agradable. Está lleno de gente que parece feliz. Envidié a todos. Pensé que en algún lejano lugar estaba también mi felicidad, pero no podía pensar más allá de los límites del parque.

Cuando regresé ella había salido. Dejó un cartel con su letra infantil: “Voy a lo de Julia, vuelvo a cenar”.

- Mierda! -pensé.

Abrí el ropero. Saqué una valija. La llené con todo lo que pude. Estaba apurado y quería salir sin cruzarme con ella.

Cuando estaba por abandonar la casa me quedé parado frente al espejo. Ahí estaban mis arrugas, las huellas de la monotonía. Intenté una mueca secreta para reconocerme, un santo y seña, pero no funcionó.

En la calle hacía cada vez más frío. Deambulé arrastrando la valija, cuadras y cuadras, sin saber adónde ir, ni por dónde empezar. Un bar, un café, caminar, una plaza, un banco, mis amigos estaban todos en otras cosas.

Se fue haciendo de noche. Al otro día tenía que trabajar temprano. Todo estaba desierto. Casi no tenía plata.

Algo me llevó a una cabina telefónica. Alguien marcó por mí. Ella atendió.

-Vení que está la cena -dijo, y colgó.

Esa noche hicimos el amor mejor que otras veces.


NOVEDAD
La obra de Erich María Remarque, “Sin novedad en el frente”, fue sin dudas el alegato antibélico más intenso y famoso de la Primera Guerra Mundial. Su publicación levantó un vendaval de airadas protestas por parte de los militaristas, belicistas y nacionalistas de todos los países beligerantes.

Luego de leer el libro en una prisión militar francesa, el Mariscal austríaco Eduard Linden, opino:

“Por afeminado, estúpido y cobarde, este panfleto debió llamarse: ‘Con novedad en la retaguardia’”.


OTROS
Durante tres días de violenta conmoción, las erupciones del más célebre de los volcanes -y el más estudiado y conocido-, el Vesubio, sepultaron a la ciudad de Pompeya y provocaron otros estragos, como la mezcla de cenizas volcánicas y agua de lluvia que en forma de aludes de lodo inundaron y destruyeron otra ciudad: Herculano.

Varios miles de personas fueron aniquiladas en instantes y sólo unos pocos afortunados lograron ponerse a salvo.

Plinio el joven -protagonista de aquel suceso dejó un testimonio único y directo en una carta enviada al gran historiador Tácito. En ella narra, con magistral dramatismo, los últimos y atroces instantes de las orgullosas urbes.

“Todo quedó sumido en la más absoluta oscuridad - dice Plinio- que no era como la oscuridad de la noche sino como la que reina en un cuarto herméticamente cerrado. A veces la oscuridad era rasgada por los rojos hilos de la lava ardiente. La multitud gritaba elevando sus brazos al cielo y los alaridos podían ser escuchados a pesar del infernal sonido del volcán y el desmoronamiento de los edificios. Unos rezaban y pedían ayuda a los dioses.

“Otros, en cambio, aullaban afirmando que los dioses no existían y que ese era el último instante del mundo”.

Roberto Abinzano

Los relatos pertenecen al libro Esquirlas y Perdigones, Editorial Universitaria. Abinzano es docente emérito de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Unam

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