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Susana íntima: de aprender a reirse de sí misma a ser su propia manager y, a la vez, una estrella

La diva cerró la primera jornada en el America Business Forum y fue premiada como Mujer Ícono de América. Auténtica, habló de por qué no cree en el amor, de cómo maneja sus finanzas y las decisiones que la hicieron llegar tan lejos

domingo 10 de octubre de 2021 | 6:00hs.
Susana íntima: de aprender a reirse de sí misma a ser su propia manager y, a la vez, una estrella

Una Susana Giménez auténtica se llevó todas las miradas en el cierre de la primera jornada de actividades en el America Business Forum, el encuentro que reúne figuras de la política, los negocios y el espectáculo en Punta del Este.

Con un vestido floreado a tono primaveral, la diva arribó al escenario fiel a su estilo, cambiando el orden de los asientos que le proponía el presentador, Ismael Cala. Y tras una breve charla informal, fue sorprendida por su ya clásica versión adaptada del YMCA de Village People. Después de todo, siempre hay una mujer. Y, ante todo, Susana es Susana.

Cala comenzó su entrevista haciendo referencia a la internación por coronavirus: “Me emociona sentirme viva, en el escenario y en el pasto de mi casa”, afirmó aunque claro, nada fue gratuito: “El terror en el cuerpo y sentir que partís, sufrí como nunca. Lloraba todo el día, te sensibiliza mucho”, rememoró.

En este sentido, destacó la importancia de las palabras de los médicos, que la alentaban para recuperarse. “Me decía ‘vos no te vas a morir porque tenes una vacuna’”, recordó. “Me gusta leer, pintar. Cada vez que me tengo que maquillar para ir a una fiesta, sufro”, reconoció.

En la charla habló de todo. Luego de hacer referencia al covid, recordó la pérdida de algunos seres queridos, como su maquillador, Juan Carlos López. Y luego contó cómo cree que se contagió del virus: “Cuando llegué a casa, entró nueva gente para trabajar, y yo las hice hisopar, pero no las hice vacunar; una se contagió, y cuando me dijo ‘me duele la garganta’ ya me imaginé. Se contagió mi hija, todo el servicio y yo, nos quedamos todos ahí, salvo los perros”.

Luego, el anfitrión le reconoció su capacidad de reírse de sí misma, algo de lo que fue pionera en sus diferentes ciclos televisivos a través de las clásicas “perlitas”. Un mérito que la diva agradeció y atribuyó a su histórico productor, Luis Cella: “Si me equivoco, me equivoco. Pero tratar de disimular es lo peor”.

Después del divertido ida y vuelta con el conductor, la producción mostró un compendio de diferentes momentos del programa, mientras de fondo se escuchaban las carcajadas de la propia Susana.

La actriz reveló de quién tomó esa cualidad, o en realidad gracias a quién se animó a desembarcar en la pantalla chica: “Cuando veía a Raffaella Carrá se reía de todo, era buena mina, amiga. Era un sol. Me ofrecen hacer televisión, y yo era un bicho de teatro. ‘Lo único que haría es Pronto Rafaella, copiando a ella, haciendo Hola Susana’, dije. Y fue un exitazo”, recordó Su, y confesó cuánto la impactó el fallecimiento de la italiana. “Como a todo el mundo, era alegre, generosa, divina. Me dolió porque tuvo una enfermedad horrorosa”, evocó con tristeza, y luego reveló que recibió la bendición de la diva italiana para hacer su programa.

De allí, Cala le preguntó por su habilidad para manejar los negocios y los proyectos que asume. Una vez más, reconoció que es uno de los grandes desafíos de su carrera: “Tengo que tomar decisiones desde que me levanto, y sola. Algunas son pavadas de la casa, y otras son de trabajos o negocios, y eso a veces me pesa”. El periodista profundizó aún más sobre el tema y le consultó: “¿De donde viene tu capacidad de administrar bien?”, haciendo referencia a su inteligencia financiera intuitiva. La respuesta de Susana nuevamente cosechó aplausos: “Veía a artistas que despilfarraban la plata y yo pensaba ‘de vieja quiero ser rica’”.

En ánimo distendido, Susana cuestionó las nuevas modas, tanto en los peinados como en las ropas: “No me gustan los jeans rotos”, sentenció. Y contó la historia de su icónica cabellera rubia. Todo nació en Caracas, luego de una mala experiencia con una tintura roja. “Quedé rubia por accidente. Una vez volví al castaño natural y no me gustó. Y me acostumbré al rubio, no se te notan las canas, te mejora las facciones”, señaló.

“¿Te sentís una sex symbol?”, le preguntó Cala. “Sí, en mi momento sí. Ahora sería una ridícula. Ayer me mandaron un vestido que me quedaba por acá -mientras señalaba sus piernas-. Y lo devolví. ¿Como voy a usar una minifalda a esta edad? Es ridículo”, afirmó.

En lo que refiere a su situación amorosa, se sinceró: “Yo no quiero tener un hombre más, estoy harta. He sido amada. He amado menos de lo que me amaron. Aparte, a mí me gusta la gente más joven que yo, y sufrís, ya no se puede”.

Y para que no queden dudas de su postura, señaló: “Una maldición árabe es: ‘Ojalá que te enamores’, y es bastante cierta. O te meten los cuernos, o te engañan, o te afanan. Es la verdad”, enumeró entre aplausos.

“¿Eres asexual?”, preguntó Cala. “¡Tampoco!”, respondió tajante. “No quiero una pareja estable, no quiero un tipo que duerma en mi cama. Salgo de vez en cuando, pero no cosas largas”, admitió. Y también se refirió con reparos respecto a las parejas que perduran en el tiempo. “¿Cómo te vas a amar 60 años?”, se preguntó.

El recorrido por el amor viajó a su relación con Mario Sarrabayrouse, y al embarazo de su hija Mercedes, cuando solo tenía 17 años. “Pensé que mi papá me iba a matar y pensé en hacer muchas cosas. Bajaba las escaleras, me tiré del techo del barco. Mecha siempre me lo reprocha”, reconoció. Nadie se animaba a contárselo a su padre, y el indicado fue su futuro suegro. “Papá me dijo: ahora tenés que casarte”, recordó. Y respecto a esa decisión, no dudó en describirlo como “un error”, aunque aclaró: “Si no fuera por Mecha...”, en referencia a su hija, presente en el auditorio.

Distendida y bien predispuesta al ida y vuelta por diferentes temas, Susana se refirió a sus modos y sus formas de hablar de la actualidad: “Siempre meto la pata. Yo digo lo que siento, y me muero antes de mentirle a la gente. Los que más me retan son Ricardo Darín y su mujer, Florencia. Pero me sale, y acá estoy”, contó.

Luego, Cala la llevó a la nostalgia y a qué extraña a ambas orillas. “Cuando estoy acá (Uruguay), extraño a mis amigos y algunas cosas de mi casa. Y cuando estoy allá (Argentina), extraño a mis perros. Son muy maleducados, no logró educarlos”, dijo sentenciando que son muy mimados, pero a la vez sus más fieles compañeros de vida.

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