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Trascender las raíces con música y en familia

Los Dulko tienen una banda con la que difunden música de sus ancestros y llenan de ritmo la casa Rusa Belorusa. “Llega la Fiesta del Inmigrante y nos une como familia”

domingo 03 de octubre de 2021 | 12:03hs.
Trascender las raíces con música y en familia

La música permite transmitir y compartir historia, nos une y convoca. Es una de las expresiones fundamentales de la cultura que resume y representa parte de nuestra idiosincrasia, nuestras raíces y ascendencias.

Con esa premisa, la familia Dulko -descendientes de alemanes y bielorrusos- formaron hace más de 15 años una banda que difunde las expresiones artísticas de su cultura.

Desde hace varias ediciones, se presentan en la casa de la colectividad Rusa Belarusa, animando y llenando de música típica a la comunidad. Y esta vez, en la Fiesta Nacional del Inmigrante (FNI), la presentación fue mucho más esperada que en años anteriores: “Extrañábamos la fiesta. Toda la comunidad lo extrañaba, es un placer para nosotros estar animando hoy”,
resumieron los Dulko en diálogo con El Territorio, respecto a la tan esperada 41a edición que comenzó el 30 de septiembre, un poco más tarde de lo acostumbrado pero con el mismo espíritu festivo de siempre, sumados los cuidados y protocolos pertinentes por la situación sanitaria actual.

Actualmente, la banda, cuyo nombre en ruso se pronuncia Katiusha en español, está conformada por Roberto Dulko -padre de la familia-, Silvia Rapp -madre-, Andrea -hija mayor- y Natasha -hija menor de 8 años-.

Todos cumplen un rol fundamental en el grupo que fue creciendo y sumando a sus integrantes con el correr de los años.

El grupo musical comenzó con la sola participación de Roberto, descendiente de ucranianos y rusos, quien gracias a su abuelo luthier aprendió a tocar la Balalaika, instrumento folclórico regional de Europa: “La balalaika en Rusia y
otras regiones es el instrumento musical folclórico por excelencia; vendría a ser como la guitarra en nuestra región”, explicó el padre de los Dulko.

Una vez, una de esas ‘guitarras’ triangulares llegó a nuestra tierra y Roberto era uno de los únicos que sabía ejecutar el instrumento de tres cuerdas -que a diferencia de la guitarra criolla se ejecuta correctamente haciendo presión con el pulgar en la parte superior del instrumento-.

Con el tiempo, se fue haciendo conocido en el ambiente y comenzó a participar en la Fiesta del Inmigrante con la típica balalaika. A sus presentaciones se sumó su esposa Silvia, descendiente de alemanes y profesora de música -al igual que Roberto-.

“Mi esposa me empezó a acompañar en los eventos, al igual que Andrea -que era muy pequeña- y tocaba la pandereta”, dijo por la joven que hoy también es profesora de música y toca el acordéon en el grupo. “Cada vez había más gente que nos quería escuchar. Así fuimos creciendo como grupo y uniéndonos en la música como familia”, acotó por su parte Silvia Rapp.

Con el correr de los años, la familia se agrandó nuevamente y Natasha, la más pequeña, también comenzó a ocupar su lugar en Katiusha.

Actualmente, “toco la pandereta y me encanta”, dijo la niña que también canta en ruso.

“Para nosotros, además de hacer algo por respetar y valorar la cultura de nuestros antepasados, estos días son los que más nos unimos como familia”, señaló Silvia. “En casa, cada uno tiene su lugar, sus ocupaciones y más. Pero llega la Fiesta del Inmigrante y nos une como familia. Y creo que esos valores de unión familiar también los transmitimos en las presentaciones,
todos compartimos lo que amamos y estamos juntos”, reflexionó.

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