jueves 21 de octubre de 2021
Algo de nubes 26.7ºc | Posadas

Compañías

domingo 03 de octubre de 2021 | 6:00hs.
Compañías

Siempre tuve la sensación de que alguien se sentaba en el borde de mi cama y desde ahí, velaba mi sueño. Entonces, como deseaba saber quién era, encendía la luz. Inmediatamente, aquella presencia se desvanecía. Si alguna vez tomaba coraje e iba al baño en la oscuridad, me bastaba llegar al pie de la cama para obligarme a colocar mi mano en el aquel sitio. De ese modo, corroboraba que seguía allí. Sabía que mi bondadosa imaginación me inventaba compañías para que no le temiera a la noche.

Suspirar:

Lo habían educado para ser un hombre de pensamiento, palabras y acción. Siempre supo qué decir, cuándo y a quién decirlo. Conocía de modos y diplomacia. Hoy, una mirada de pestañas largas, lo dejo mudo. Pensó, pensó. Debía encontrar las palabras que describan su emoción. No las encontró. Se sintió lleno y vacío a la vez. Necesitaba expresarse. Volvió a mirarla y suspiró.

Gota:

Esta es la historia de una gota de lluvia que nació una calurosa jornada de verano. El viento norte y la tierra llevó, durante el día, bolsas, perros, árboles e incluso personas hacia un extremo y allí los dejó. Ella los vio ir juntarse, resistir y resignarse a habitar aquel rincón. Mientras tanto su cuerpito crecía. Hasta que no pudo más, se unió a sus compañeras y terminó aquí, sobre tu piel.

Escondido:

Lo encontraron en una casa abandonada, aún parecía un niño. Hacía más de veinte años quiso jugar a las escondidas y no encontró con quién.

Pintura rupestre:

Recuerdo perfectamente el día que la vi por primera vez. Escapábamos de una estampida de bisontes. Yo corría a la mayor velocidad que me permitía mi agotado cuerpo, cuando tropecé con una piedra. Sentí que mis brazos no iban a poder levantarme, pero apareció ella. Los bisontes siguieron su camino y hoy aquella mujer los pinta mientras me espera en la cueva.

Prejuicios:

Nadie lo creía capaz. “Siempre fue un inútil”. “La verdad es que se notaba que de la vida no sabía nada”. “Yo no lo hubiera elegido”. “No parecía un hombre con fuerza”. “Apenas podía sujetar un par de libros con esos bracitos”. “Tenía una salud muy frágil”. “Hay gente para pensar y otra para actuar, vos sos de los que piensan”- le dijeron amigos, hermanos, primos, tíos, padres y hasta desconocidos. Entonces, cansado del maltrato, se fue. Les demostró que podía. Cuando volvió era un héroe, pero él desconoció su regreso. Solo volvieron sus restos.

Sus manos:

Ella murió de madrugada. Ambos estaban durmiendo. Su mano izquierda había quedado sobre su pecho. No quiso levantarse. Sentía que no podía hacerlo. Se quedo allí. Volvió a dormirse y cuando despertó era cerca del mediodía. Tenía que llamar a sus familiares, avisar a las autoridades pero no quería. Pensó en aquel vestido rosa que usó para el cumpleaños de quince de su nieta. Giró y notó sus ojos abiertos. Ya no lo miraban. Siempre se había sentido intimidado frente a ellos. Los cerró y rozó sus dedos con sus manos.

Recordó el día en que tuvo que hacer el pedido formar de mano. Estaba tan nervioso que no durmió en toda la noche. Cuando se estaba arreglando para salir, notó sus ojeras pero partió. No quería ser impuntual ese día. La cena transcurrió en tranquilidad hasta que las mujeres levantaron la mesa y él con su futuro suegro fueron al living. En ese momento, se percató del tamaño de su futuro suegro. Sobre todo, de sus brazos.

Se casaron en verano. Ella lució el velo que tanto deseaba y caminó hacia el altar llevando una rosa roja en sus manos. Los hijos llegaron pronto y alegraron el hogar. No se podía decir que todo fue hermoso sin embargo, en su memoria, todos los momentos malos se habían borrado. Estaba acostado junto a la persona que amaba. Tomó sus manos y aunque las sintió frías, sabía que en los días de invierno siempre pasaba lo mismo.

Sonó el teléfono. Tenía que levantarse pese a que no quería dejarla sola. Volvió a mirarla y la vio descansar. No podía soltar esas manos. La quería a ella, entera, mirándolo, acariciándolo. Deseaba quedarse allí por siempre, deseaba volver a ser joven y deseaba regresar al momento en que la conoció. Quería volver a empezar. Intentó abrir sus ojos y calentar sus manos. No podía.

La tapó y tomó sus manos. Allí se quedó, mirándola, hasta que volvió a dormirse.

Noelia Albrecht

La autora es profesora de lengua y literatura, vive en Posadas. Publicó “Lo que escribí mientras no me mirabas”. En junio salió su segundo libro “Sueño de perro”. Los micro relatos compartidos forman parte de ambos libros y algunos de ellos son inéditos.

¿Que opinión tenés sobre esta nota?


Me gusta 0%
No me gusta 0%
Me da tristeza 0%
Me da alegría 0%
Me da bronca 0%
Te puede interesar
Ultimas noticias